Sábado, 29 de Noviembre de 2025

Mª Soledad Martín
Martes, 09 de Marzo de 2021
ZAMORANA

Una mujer especial

[Img #50525]Te recuerdo en este mes especial, reivindicativo por excelencia, porque formas parte de ese mundo silenciado de mujeres en la sombra; con la diferencia de que tú te acoplaste al sistema porque huías de la notoriedad, te sentías cómoda en la penumbra y nunca protestaste. Tenías a tu hombre, el que conociste siendo niña y sonreías cada mañana cuando le veías pasar frente a tu puerta; y así pasaron los años forjando una ilusión que se convirtió en amor cada vez más sólido. Sé que en el pueblo formabais una pareja admirada y envidiada porque erais dos personas atractivas, siempre pendientes el uno de la otra, perfectas; y así fue durante toda vuestra vida en común.

 

Algunas tardes que iba a veros, os encontraba sentados en la semipenumbra del cuarto de estar, a veces unidos por el silencio y otras, las más, hablando y rememorando anécdotas de aquel Castronuevo que os vio nacer y nunca pudisteis sacar de la mente.

 

Te recuerdo ahora, diez años después de dejarnos, como en una nebulosa, con las facciones desdibujadas y el eco de tu voz cada vez mas lejano. Me cuesta verte reflejada en aquellas fotografías que hacía contra tu voluntad porque el hecho de contemplarte me sigue formando un nudo en la garganta difícil de soportar. Sé que te fuiste rodeada de amor, todo el amor que pudimos darte no cabía en aquella habitación porque excedía el tiempo y el espacio. Tu partida fue sosegada como había sido tu vida, sin estridencias, en silencio.

 

Hoy te admiro más que nunca por eso; por aquella forma de vida en la que no existía la palabra sumisión porque para ti era un gesto de amor; lo dabas todo por el otro porque le querías, así sin paliativos, y de él recibías el mismo amor; formabais un tándem perfecto, siempre en un plano igualitario cuya única finalidad era hacer feliz al otro. Los dos ámbitos estaban delimitados y ambos eran respetados: tú te dedicabas a ejercer de “ama de casa” y cuidar de tus hijas y papá era quien trabajaba fuera; lo que no era impedimento para que él ayudara ocasionalmente en tareas hogareñas y tú hicieras lo propio paliando un poco aquella ardua tarea en la época en que los hombres tenían dos o tres trabajos.

 

Recuerdo que no comprendías mis largas charlas hablando de lo mucho que faltaba para que las mujeres adquirieran los mismos derechos laborales que el hombre y mucho menos cuando, en aquella época juvenil me exaltaba con una constante verborrea sobre mujeres de otros países que carecían de lo más elemental para subsistir. Me mirabas extasiada, orgullosa de lo que decía, tal vez sin comprenderlo bien porque tu mundo era más reducido y tu compromiso más real ayudando en tu pequeña comunidad con gente desfavorecida; lo cual me dio una importante lección de vida porque mi discurso solo quedó en palabras, mientras que tú, en silencio y sin alharacas, ayudabas a los demás de verdad.

 

Te recuerdo en este mes porque hoy, más sosegada por la edad y los avatares de la vida, he comprendido que no todo lo blanco es blanco, ni lo negro, negro; que no se puede generalizar porque hay mujeres que se sienten cómodas en su papel tradicional de esposas y madres, y eso no significa que estén restringidos sus derechos, ni comprometidas sus libertades. A ellas se es debe el mismo respeto que a las que se manifiestan por lograr la libertad que predican y que, también, es muy necesaria.

 

Hoy, sin embargo, he querido hacer este pequeño inciso evocando a muchas mujeres felices en su casa, cuidando a su familia, sin ser ni sentirse esclavas de nadie, porque esa ha sido su elección. ¡para ellas mi respeto siempre!

 

 

Mª Soledad Martín Turiño

 

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