Domingo, 30 de Noviembre de 2025

Nélida L. Del Estal Sastre
Miércoles, 10 de Marzo de 2021
CON LOS CINCO SENTIDOS

Eso que llamamos vida

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 La vida nos proporciona cosas buenas y malas, nos ayuda a conocer gente maravillosa y otra que no lo es tanto, y es por eso que  dejamos a muchos por el camino. Bien porque nos decepcionaron, bien porque nunca merecieron un minuto de nuestro tiempo, no por nada en especial o porque nos hirieran, ya que la gente con principios, la gente bondadosa,  da incluso cuando es herida, no, no es eso. No merecieron un minuto de nuestro tiempo porque están sobre la tierra porque habrá de haber de todo, supongo. Y claro, una, no hace distingos en esto de ayudar o estar para otros. Esos otros, sí. Y duermen. Pues yo también, ahora, claro está. Aprendí. 

 

   A veces, la propia vida se olvida de nosotros para luego esperarnos en un recodo, cuando ya casi pensábamos darla por perdida. Tenemos que continuar. Siempre, con las mismas ganas y la misma fuerza, pero mejor, porque ahora nos ilumina la experiencia. Esa experiencia que forma parte de la receta de la vida misma. Te hieren, parece que aprendes, pero vuelves a recaer por segunda vez, incluso puede que exista una tercera. Pero a la cuarta ya no se vislumbra en el camino ni tu sombra y el que la busque, creo firmemente, si es que tenemos resortes y dignidad, que no la volverá a encontrar.  

 

    Se aprende a base de palos, ya lo decía mi abuela. De palos metafóricos, claro está, que eso de la violencia nunca estuvo presente en casa más que en la disciplina férrea, quizá psicológica, pero no física. Esta última es deplorable, pues sólo pegan los inútiles, los ineptos que no tienen otro argumento que sus puños. Nada más. Para mí, no son personas, son alimañas. Alimañas que crean más alimañas, porque un niño, para bien o para mal, se alimenta del ejemplo que ve, de lo que respira y percibe en su entorno, de cómo se comportan sus padres con él o con otras personas queridas por él. Eso marca. Pero no admite disculpa.  

 

    Uno, cuando ya es mayor y sabe que ha cometido todo tipo de tropelías con otros, prevaliéndose de su fuerza física o de su “popularidad”, cuando madura y ve que la vida ya no ese patio de colegio e instituto que conoció, donde reinaba, ha de adaptarse. Algunos son ahora los “sufridores”. Paradoja. Patada en el culo que le hubiera venido bien que le diéramos TODOS de pequeño. Algunos triunfan en sus profesiones, porque siguen teniendo éxito, un éxito inmerecido, porque no hay jefe bueno que pretenda llevar cualquier empresa a base de “ordeno y mando”. Ese habrá de durar poco, casi siempre caen por su propio peso. Las personas se han de respetar desde la cuna, después en la infancia y adolescencia, para terminar siendo adultos respetados y respetables en la madurez y en el ocaso de nuestra vida. 

 

   Esa es la palabra, y la voy a poner en mayúsculas por el grandísimo significado que para mí contiene en su interior. RESPETO. Respeto al diferente, al que tiene menos dinero o posibles que tú, al que tiene alguna dificultad que tú no tienes pero debes comprender para poder ayudar a que sea compensada, por equidad.  

 

     Respeto al que tiene otras inclinaciones sexuales diferentes a las tuyas, que eso de la normalidad en el sexo está muy sobrevalorado, en el sexo y en todo. Respeto a los que leen, a los que escriben, a los que trabajan con las manos, con los ojos, a los que investigan, a los que crean palabras nuevas y oficios nuevos, a los que emprenden y se juegan el dinero en ello. Respeto a todos los que quieren ganarse el pan, sea como fuere. Pero, ante todo, por favor, RESPETO. 

Nélida L. del Estal Sastre 

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