Miércoles, 29 de Abril de 2026

Antonio Requejo
Sábado, 13 de Marzo de 2021
RES PÚBLICA

La degradación de la democracia y el secuestro de la ciudadanía

[Img #50695]Conocí la dictadura franquista durante mi juventud. La llegada de la democracia cambió mi vida. Me enamoré de la libertad. Me apasionó la política. Entonces todavía me caracterizaba mi indefinición ideológica. Sabía lo que no era: ni comunista, ni fascista. Pero todavía ignoraba si era más liberal que socialdemócrata o más socialista que conservador. Me convencía Suárez. Después consideré a Felipe González como un gran líder, como un socialista que amaba a su país, como un hombre de Estado, como un ejemplo, si bien su etapa final como presidente de Gobierno se ensució, mancilló, se enlodó con corrupciones por doquier: hermanos Guerra, GAL, Cruz Roja, B.O.E., Banco de España, Roldán…Algo olía mal en España.

 

Después disfrutamos y padecimos el primer gobierno conservador en nuestra nación desde 1933. Aznar transformó nuestra economía, avanzamos, se nos respetó en Europa, mientras EE.UU. nos tuvo en cuenta;  la clase media se lo creyó, los pequeños empresarios ganaron dinero, se crearon millones de puestos de trabajo, recibimos emigrantes de Hispanoamérica, africanos y del Magreb…nos convertimos en un ejemplo para Europa. Los españoles y las españolas parecíamos más altos y más guapos que nunca. Ahora bien, la avaricia rompe el saco. Millones de españoles, con el excedente  de las bondades económicas, se dedicaron a la especulación, con especial filia por la adquisición de viviendas para alquilar, pero, sobre todo, para, en dos o tres años, extraer excelentes beneficios. La quiebra moral de la sociedad fue el preludio de la quiebra económica de la nación.

 

El 11-M, todavía sin una explicación coherente, tras el craso error de Aznar al apoyar la invasión de Irak,  propició el regreso del PSOE al Gobierno. Zapatero vivió de las rentas en su primera legislatura. Después llegó el descalabro económico y político. España inició su desmoronamiento por Cataluña. El entonces líder del PSOE, presidente del ejecutivo, propició el crecimiento del independentismo catalán. Se inició esta cuesta en la rodada política y económica que ahora padecemos, potenciada por la pandemia vírica que, sin duda, conocerá una pandemia económica que, preveo, con graves consecuencias sociales.

 

Todo lo narrado en los tres párrafos anteriores sirva para analizar la actual situación política de España. Afirmo que, nunca como ahora, los partidos políticos alcanzaron tanta impudicia, semejante obscenidad. El sistema, como denunció Pablo Iglesias antes de formar parte del mismo, lo administraban partidos sectas; una partitocracia que ha corrompido el régimen de 1978, que se ha tomado la Constitución a cachondeo.

 

El ciudadano no elige, solo vota, lo que las formaciones políticas disponen. Su voto se secuestra, se mantiene en la nevera durante cuatro años, o el tiempo que dure la legislatura correspondiente. Y el político, tira por que le toca de urna en urna. Una vez que el pueblo cree que ha elegido a sus representantes, regala su libertad, se incapacita para intervenir en el funcionamiento de las instituciones públicas, que se manejan, manipulan, alteran y desvirtúan por los líderes políticos. La persona, el hombre de la calle, el ama de casa, creyendo participar en el progreso democrático, engañados, quedan apartados del poder, de la toma de decisiones.

 

Los partidos políticos clásicos han secuestrado también al Estado. Una vez horadado, el control sobre la población, a través de los medios de comunicación,  alimentados por las instituciones públicas, facilitan la constitución de una dictadura democrática. Todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Mientras, una elite dirigente distribuye cargos, puestos, prebendas entre los afines, los más cobistas, los que nunca protestan, lo que aprendieron a pronuncia el sí bwana sin titubear, sin equivocarse, sin trastabillarse; los que no saben vivir al margen de la política.

 

 Los vicarios de los partidos  nacionales en provincias, como ocurre en la nuestra, pastorean el rebaño popular, y nunca jamás escucharán la voz del ciudadano para hacerla oír en los parlamentos nacionales o autonómicos, sino que silenciarán quejas, proyectos, ruegos, peticiones. Durante la legislatura, el ciudadano no existe, desaparece, se hace invisible. Pero sigue pagando impuestos por doquier, gasolina para el sistema. Cuando toque volver a desvirgar las urnas, se le dará cuerda para que ejerza su derecho al voto y cumpla con su rol de marioneta del sistema, cual cómplice de un sistema con un formato democrático, pero, en esencia, cercenador de la libertad.

 

Como se conoce, amo la política. De hecho, me convertí en el coordinador provincial de Ciudadanos, partido que abandoné cuando, hace ya unos años, comprobé su deriva, la postración de sus principios, la adulteración de su proyecto político, el alquiler de sus principios al mejor postor, con pactos contra natura. Ahora mismo, España vive momentos convulsos, merced a la compra venta de políticos para  ejecutar mociones de censura por doquier. Se está vendiendo el voto del ciudadano, transformado en un don nadie, en un sujeto paciente, al que se le ha robado la palabra, la rima política. Nos han transformado en chatarra que vota, en cuerpos sin alma, en zombis, en números, en un rebaño de votantes, al que se le conduce al redil político con engaños, que son las mentiras con apariencia de verdad.

 

Las mociones de censura conocidas la semana anterior me provocaron, más que tristeza, amargura,  impotencia, desconsuelo, porque el partido, Ciudadanos, en el que milité y administré en nuestra provincia, alcanzó su máximo nivel de incoherencia, de vesania y de extravagancia política. Todos estos sucedidos, para nada políticos, contribuyen a enfatizar lo que he venido expresando en este artículo: el poder político ha secuestrado al ciudadano, al hombre de la calle, al ama de casa, al trabajador, al funcionario…a todos los españoles, salvo a los que viven de este pandemonio de la política.

 

Urge desintoxicar el mundo de la política, limpiarlo con zotal, someterlo a una profunda catarsis, porque nuestra democracia se ha convertido en una dictadura sutil, en un sistema que anula al individuo, al que se anula su personalidad una vez que ha cumplido con su cometido votar y, de tal manera, refrendar el engaño político. Mientras no se cambie la actual Ley Electoral, mientras que las jerarquías de los partidos nombren a sus candidatos, sin que el ciudadano elija a sus representantes reales, mientras demasiados hombres y mujeres den el salto a la política como una forma de vida, como una profesión que redunde en beneficios económicos superiores y prebendas varias, la democracia profundizará en su decadencia hasta conculcar nuestras libertades y convertirnos, si no lo somos ya, en grey, a merced del Flautista de Hamelin de la política. 

Antonio Requejo

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.142

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.