Eugenio de Ávila
Lunes, 15 de Marzo de 2021
CUITAS IDEOLÓGICAS

El PSOE y el comunismo: historia de una antítesis ideológica

Al socialismo español, el que siempre representó el partido que fundará Pablo Iglesias, nunca le fue bien pactar con el comunismo

[Img #50774]Los que sabemos de Historia de España y conocemos la intrahistoria de nuestra nación, la más vieja de Europa, asumimos, ha tiempo, que el mayor enemigo del PSOE fue siempre el comunismo. Entre PSOE y PCE, siempre bajo la tutela de la URSS, solo se consintieron vínculos coyunturales: Frente Popular, elaborado por la Comintern,  pergeñado por Moscú. Después, cada cual, preparo su revolución: Largo Caballero la socialista marxista y, PCE, la que diseñó Stalin. Obvio la  propuesta de los anarquistas.

 

Las jornadas de mayo de 1937 en Barcelona, enfrentamiento a muerte entre los comunistas del PSUC  con CNT-POUM, tras el intento de la Policía de tomar el edificio de la Telefónica, bajo el poder de los anarquistas, precipitaron la salida del ejecutivo republicano (revolucionaro) del estuquista del PSOE, que se negó a ilegalizar al POUM, partido trotskista, como deseaba Moscú.  Otro socialista, Negrín, a las órdenes de Moscú, le sustituyó en la Presidencia del Gobierno.

 

En marzo de 1939, de nuevo, enfrentamiento bélico, golpe de Estado,  en la capital de España entre los comunistas, fieles al ejecutivo de Negrín,  liderado por el coronel Casado, y el PSOE de Besteiro, el más noble y honrado socialista español, el anarquista Cipriano Mera,  y apoyados Wenceslao Carrillo, padre de Santiago, líder de la UGT,  y el general Miaja, que se saldó con la derrota de los fieles a Moscú, de Negrín, ya a las órdenes de Stalin.

 

Una vez concluida la Guerra Civil, el PSOE, principal partido de la izquierda española durante la II República, desapareció de la escena, mientras el PCE lideraba la oposición al franquismo, hasta que en 1956 Carrillo propuso el objetivo político definido como “reconciliación nacional”.

 

Después el franquismo más inteligente, construyó, de acuerdo a la izquierda posibilista, la del PCE, devolvió la democracia -¿Hubo alguna vez democracia en España?-a  un pueblo que toleró, 40 años, salvo excepciones, una dictadura.

 

Felipe González, durante sus casi 14 años en La Moncloa, encontró la mayor oposición a sus políticas en el PCE, los sindicatos y la ETA, banda terrorista marxista-leninista.

 

Y llegamos al pacto entre el Partido Sanchista, excrecencia del felipismo, y Unidas Podemos, liderada por Pablo Iglesias, un actor político que encauzó el movimiento singular del 15-M a su río de poder. Sánchez  tragó con todo para gobernar: pactos con toda la ultraizquierda, más los separatistas catalanes, republicanos, conservadores y ultraderechistas, golpistas todos. Pero el presidente del ejecutivo nunca metabolizó la digestión de tanta vianda.

 

Los intentos de moción de censura en Murcia, que se quisieron extrapolar a Madrid y Castilla y León, habrá que entenderlos como un intento de centra al PSOE, mimando lo que queda de Ciudadanos, la formación más idónea para haber fortalecido la democracia, máxime con una pandemia vírica que ha asolado a España, que ha causado más de cien mil muertos (INE) y millones de enfermos, que padecen, meses después, las secuelas del virus.

 

Pablo Iglesias se ha ido del Gobierno, sin desepedirse,  porque él nunca fue socialista. Lo sería su abuelo, cuando el PSOE fue marxista, con Largo Caballero. El dirigente ultraizquiedista sabe que el PSOE, el partido español de izquierdas más importante de la historia de España, golpista en 1917, 1934, desaparecido durante la dictadura y resucitado por la socialdemocracia alemana y los USA, nunca aspiró al asalto de los cielos, porque el PSOE de la democracia de 1977 y en lo que ha quedado tras Zapatero y con Pedro Sánchez, nunca pensó en la llegada de un tercera edición republicana ni en la ruptura de España. El socialismo sanchista necesita centrarse, modernizarse, retomar la socialdemocracia, para que los españoles que no son ni de izquierdas radicales, ni de derechas ultras, vuelvan a elegirle como su partido preferido.

 

El neomarxista Iglesias, a no tardar, tendrá libertad absoluta para hacer proselitismo de la bondad de una III República, apoyar los movimientos secesionistas en Cataluña y País Vasco y sembrar semillas revolucionarias en esta ajada piel de toro. Convencido estoy que el actual líder de Podemos habría sido feliz en la España revolucionaria de la Guerra Civil, aunque los revolucionarios de entonces procedían de la clase obrera y él se haya convertido en un pequeño burgués. Puro anacronismo.

 

El personaje que yo creía, cándido de mí, tan viejo, el Prometeo de la verdadera democracia, entró a formar parte de las sectas que tanto criticó. Ahora ya puede purgarse, realizar su particular catarsis y predicar la revolución marxista-leninista más de un siglo después. Quizá le quede tiempo. Izquierda Unida, la de Cayo Lara, no la de Garzón, señorito bien, y la de Francisco Guarido, también podría aprovechar para recobrar su historia y recuperar su personalidad política e ideológica.

Eugenio-Jesús de Ávila

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