CON LOS CINCO SENTIDOS
Una nota musical
No me pidas que te explique lo que en mí provoca la música, no me lo pidas, hay que sentirla. Si no la sientes al primer pálpito, malo… Hay que interiorizarla y hacerla tuya como si fuera parte de tu ser más íntimo y personal, algo intangible que no se puede medir ni valorar.
Mi corazón se acelera con Mozart y sus genialidades, con Beethoven y sus conciertos maravillosos para piano, con “papá” Bach que tanto me ha enseñado desde cría y hacía de la perfección un arte. Mi mente siente nostalgia e infortunio vital cada vez que pongo a Malher, me entristece, pero saca lo mejor de mi persona, lo más íntimo y romántico hasta el llanto…
Pero si hubiera de quedarme con una pieza, sin duda elegiría el concierto para piano Nº5 de Beethoven “Emperador” Me obliga a sacar todo lo que llevo dentro. Es absolutamente perfecto, magnífico, patético, convulso, maravillosamente penetrante. Te enhebra los hilos de las emociones en el lugar correcto para hacerlas aflorar cada una a su tiempo.
Se siente o no se siente. Beethoven me lleva al séptimo cielo. Es mi debilidad personal, quizá por la fuerza de sus piezas, quizá porque expresó todo lo que llevaba dentro, a lo bestia, sin ambages ni doblez alguna.
Era un genio destinado a la posteridad más allá de lo reconocible. En “Emperador” hay un movimiento que me retrotrae a la infancia y me hacer sentir que puedo con todo. Es fantástico, apoteósico, son diez minutos de puro amor y puro dolor, o no, quién sabe lo que transcurría por su genial cerebro cuando lo compuso, ¿quién lo sabe? Ojalá hubiera tenido el inmenso privilegio de morar unos instantes en su intelecto para sentir lo que él sintió al escribir las sublimes notas que me transportan a otros mundos paralelos, donde todo es más pasional, pero más sencillo y más terrenal.
Sólo me queda el escucharlo y sentirlo en mis carnes como si me poseyera y me transportara a otro siglo, a otro mundo, a otra época en la que quizá , hubiera sido una dama considerada como cultivada y ducha en música y literatura…O no hubiera sido nada de importancia. Una mujer más. Quién sabe. Quizá no pertenezco a este siglo y estoy aquí de prestado, para observar lo que acontecerá decenios después de mi existencia.
Nélida L. del Estal Sastre
No me pidas que te explique lo que en mí provoca la música, no me lo pidas, hay que sentirla. Si no la sientes al primer pálpito, malo… Hay que interiorizarla y hacerla tuya como si fuera parte de tu ser más íntimo y personal, algo intangible que no se puede medir ni valorar.
Mi corazón se acelera con Mozart y sus genialidades, con Beethoven y sus conciertos maravillosos para piano, con “papá” Bach que tanto me ha enseñado desde cría y hacía de la perfección un arte. Mi mente siente nostalgia e infortunio vital cada vez que pongo a Malher, me entristece, pero saca lo mejor de mi persona, lo más íntimo y romántico hasta el llanto…
Pero si hubiera de quedarme con una pieza, sin duda elegiría el concierto para piano Nº5 de Beethoven “Emperador” Me obliga a sacar todo lo que llevo dentro. Es absolutamente perfecto, magnífico, patético, convulso, maravillosamente penetrante. Te enhebra los hilos de las emociones en el lugar correcto para hacerlas aflorar cada una a su tiempo.
Se siente o no se siente. Beethoven me lleva al séptimo cielo. Es mi debilidad personal, quizá por la fuerza de sus piezas, quizá porque expresó todo lo que llevaba dentro, a lo bestia, sin ambages ni doblez alguna.
Era un genio destinado a la posteridad más allá de lo reconocible. En “Emperador” hay un movimiento que me retrotrae a la infancia y me hacer sentir que puedo con todo. Es fantástico, apoteósico, son diez minutos de puro amor y puro dolor, o no, quién sabe lo que transcurría por su genial cerebro cuando lo compuso, ¿quién lo sabe? Ojalá hubiera tenido el inmenso privilegio de morar unos instantes en su intelecto para sentir lo que él sintió al escribir las sublimes notas que me transportan a otros mundos paralelos, donde todo es más pasional, pero más sencillo y más terrenal.
Sólo me queda el escucharlo y sentirlo en mis carnes como si me poseyera y me transportara a otro siglo, a otro mundo, a otra época en la que quizá , hubiera sido una dama considerada como cultivada y ducha en música y literatura…O no hubiera sido nada de importancia. Una mujer más. Quién sabe. Quizá no pertenezco a este siglo y estoy aquí de prestado, para observar lo que acontecerá decenios después de mi existencia.
Nélida L. del Estal Sastre


















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