Kebedo
Lunes, 29 de Marzo de 2021
MI VECINA MARISOL

Teorema de la Estupidez Humana y su demostración

[Img #51267]Hace más de un mes que no coincidía con mi vecina Marisol, no porque no salgamos ninguno de los dos, todo lo contrario, salimos y pienso que debemos salir y relacionarnos con nuestros amigos y conocidos, y visitar los bares o restaurantes en la medida que se pueda y siempre guardando las medidas de seguridad prescritas y, si me apuras, las no prescritas. La pandemia se ha llevado muchas vidas por delante y sigue empecinada en hacerlo, y no creo que sea para tomárselo a broma, aunque, eso sí, repito, sin tener que perder nuestras relaciones con los familiares, amigos y conocidos. Y de eso va precisamente la reflexión de mi vecina, del comportamiento de algunos en este estado de pandemia.

 

-Tengo una teoría-, me dice Marisol, -es una hipótesis un poco fuerte, pero es lo que pienso-, continúa, -la especie humana ha fracasado como tal y hay que dejar paso a otra especie que nos sustituya y que mejore un poco lo que hay y lo que le dejamos a nuestros hijos. Los humanos somos estúpidos y no perdemos ni una sola oportunidad en demostrarlo-.

 

Bueno, como comienzo no está nada mal, pienso yo. La verdad es que hacemos cosas que a ninguna especie animal se le ocurriría, como atentar contra nosotros mismos o contra nuestro entorno o contra el lugar donde vivimos o contra las circunstancias que nos permiten vivir.

 

La tesis que plantea mi vecina es que, ¡cómo puede ser que, después de un año de pandemia y de tres oleadas de contagios, con lo que eso conlleva de pérdida de vidas humanas, de profundo deterioro en otras y de un grandísimo desgaste de nuestro personal sanitario, sobre todo, sigamos haciendo las burradas y barbaridades que se ven a diario en los informativos!. En los informativos que lo ponen, claro está, porque hay otros que no quieren saber mucho de esas barbaridades.

 

Pues eso, no es de recibo que después de los miles de muertos que llevamos aún existan negacionistas, por acción y por omisión. No es de recibo que sigan existiendo, y permitiéndose, reuniones multitudinarias donde las distancias de seguridad son las mismas que hay en el metro en hora punta, donde las mascarillas, cuando se llevan, sirven de babero y donde la comunicación entre las personas dista mucho de  ser discreta. Y me refiero únicamente a que hablan a gritos, que es precisamente lo no recomendado por la cantidad de spray que se expulsa.

 

Seguimos viendo a diario fiestas, saraos, incluso conciertos con Raphaeles, en los que no se respetan, por ser imposible, las medidas de precaución recomendadas. De precaución sanitaria antipandemia me refiero, la otra, cada quien es cada cual, como diría el poeta.

 

Pero todo tiene una explicación, y esto podría servir como la demostración del teorema. Estamos permitiendo la llegada de, sobre todo jóvenes, gente de otros países que llegan a Madrid, a divertirse, a beber, a beber y a apurar porque, según sus propias palabras, Madrid es libertad. ¡Toma ya!. Libertad para beber a lo bruto, igual que Magaluz. Libertad para incumplir las normas que en sus propios países les imponen y que en Madrid … no. Libertad para desmadrarse unas cuantas horas más al día porque en sus países de origen tiene un toque de queda mucho más tempranero. Claro, si tienes una presidenta de la Comunidad, como Isabel Díaz Ayuso, que no ha hecho otra cosa que ir en contra de las medidas que adoptaba el Gobierno y que refrendaban el resto de Comunidades Autónomas y si tienes un alcalde que argumenta que todos estos “turistas pandémicos” llegan a Madrid con ánimo cultural y de visitar museos, pues no es raro que el resto de ciudadanos, los que piensan poco, claro, se suban inmediatamente al carro del “vale todo, que a mí no me toca” y ¡hala, a hacer el cafre!.

 

-Y no es que yo esté de acuerdo con todas las medidas que se toman o se han tomado-, añade Marisol. –Nunca he estado de acuerdo con el confinamiento, eso lo sabe hacer cualquiera. Nunca estuve de acuerdo en aquellas franjas horarias que nos pusieron para poder salir, no tenían sentido. Nunca estuve de acuerdo con los toques de queda; se hace lo mismo el cafre a las cinco de la tarde como a las once de la noche, como vemos a diario. Pero sí estoy de acuerdo en exigir los aforos, las distancia de seguridad entre clientes, en llevar las mascarillas y en mantener la higiene. Y el que no lo cumpla, ¡multa gorda!-. Y yo le digo, -ahí está la cuestión, que no se ha sancionado ni conveniente, ni suficientemente, a los infractores que se lo han pasado todo por los arcos del triunfo particulares-.

 

Pero, es que llevamos ¡UN AÑO! viendo muertes y desgracias. Llevamos un año y tres oleadas, camino de la cuarta, sufriendo, más o menos cerca, los resultados de esta desgracia -“castigo divino”, dirían algunos-. Tampoco me extraña porque algún castigo merecemos ante tanta estupidez. ¿Es que en las familias de los que se van a reuniones multitudinarias, o entre sus amigos, no ha habido ningún caso que les haga reflexionar y dar marcha atrás?. O es que, según sostiene Marisol, la estupidez humana es tan grande que no somos capaces de aprender de nuestros errores y tiramos piedras contra nuestro propio tejado aunque nos caigan encima de nuestras cabezas.

 

Por lo tanto, y según mi modesta opinión, queda demostrado el teorema de mi vecina, “la humanidad es estúpida”, mientras no se demuestre lo contrario. Y se fue a hacer unas aceitadas, que estamos en Semana Santa.

Kebedo.  

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