Redacción
Jueves, 08 de Abril de 2021
HABLEMOS

La juventud: vuelta a las aulas

Carlos Domínguez

[Img #51580]¿Y para qué?

   Lo tuvieron todo porque todo se les dio con precipitación y a destiempo. A esta juventud nuestra el Estado del bienestar, en el día a día burocracias sociales y fiscales parasitando propiedad y hacienda de los ciudadanos, le prometió una existencia feliz, sin esfuerzo ni penurias. Sanidad, educación, ayudas, becas o subsidios a discreción, se  ofrecían como panacea a la hora de cubrir con holgura sus necesidades, garantizando un confortable horizonte vital.

 

    En realidad, una juventud como la española, hoy completamente desnortada, se ha limitado a nacer, crecer y vegetar, primero en la comodidad de la casa paterna, después en la de un sistema educativo degradado como aparcadero de adolescentes consentidos que piensan que se les debe todo en el hogar familiar, y más tarde dentro de la sociedad gracias a inagotables dispendios públicos.

 

   Estar, ir tirando, mucha diversión y trabajo el menor posible, valían para salvar un irrisorio bachillerato hasta acceder a la Universidad, donde, de botellón en botellón y de aprobadillo en aprobadillo, se obtenía finalmente un título  de tres al cuarto en cuanto a calidad científica o habilitación profesional, si bien muy “democrático” por su carácter socializado y masivo. Credencial benéfica no menos que ilusoria de un buen trabajo, una abultada nómina y un holgado porvenir.  

 

   Semejantes delirios, alimentados por las burocracias sociales que infectan, pervierten nuestra democracia parlamentaria y el Estado de derecho, han concluido en lo que realmente tenían que concluir. Paro general, emigración, marginalidad de un nuevo y esperpéntico lumpen juvenil con estudios, título y supuesta cualificación, cuya mejor opción en la vida pasa por refugiarse sine die en el hogar familiar, prolongando artificialmente una situación de privilegio, igual que desoladora en la carencia de un futuro digno.

 

   Ni trabajo ni familia ni vivienda, es la oferta del Estado del bienestar a nuestra juventud, víctima de políticas aberrantes y de una educación entregada a un vasto programa de ingeniería social, como adoctrinamiento sectario en favor de las nuevas ideologías. Circunstancia que representa una doble tragedia personal y familiar, mas también un drama para nuestro país, condenado en el plazo de unas décadas a convertirse en folclórico mosaico multirracial, con masas de inmigrantes y población de origen nacional coexistiendo en grandes áreas urbanas, conforme a la misma dependencia de un Estado asistencial, que detraerá cada vez mayor porción de riqueza a unas menguantes clases activas y propietarias, para contentar a mastodónticas clientelas políticas y electorales, rehenes de una mísera e hipócrita dádiva pública.

  

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