Mª Soledad Martín Turiño
Domingo, 11 de Abril de 2021
ZAMORANA

Voy a contarte un cuento

[Img #51676]Mira hijo, quédate quietecito a mi lado que voy a contarte un cuento. Ya no te aburrirás en las tardes secas de este verano ardiente, ni corretearás sin tino molestando el sesteo de los mayores que cabecean sin pudor en el sofá de enfrente. Ven, hijo, siéntate a mi lado, que te voy a contar un cuento.

 

Imagina un momento, cierra los ojos y ven conmigo al mundo paralelo de las ilusiones, donde no existen las horas y todo sirve para gozar: el paisaje es hermoso, puedes perderte entre campos enormes sembrados de maíz donde incluso una casa pasaría desapercibida, tal es su altura.

 

- ¿Cómo los nuestros, abuelo?

 

- Sí, hijo, como los nuestros, pero en este mundo hay campos aún más gigantes, de colza de un color amarillo que casi daña la retina y plantaciones de trigo siempre altos y verdes, creciendo cada día, abrigando las amapolas que nacen a su resguardo; y tierras sembradas de enormes girasoles que inclinan sus áureas cabezas a fuerza del peso que sostienen; y también enormes laderas verdes por donde jugar a resbalarse desde lo alto y llegar abajo rodando sin lastimarte.

 

- ¿Y podré jugar en esos campos, abuelo?

 

- Pues claro, hijo. Te llevaré de la mano y luego podrás soltarte y ya no te retendré hasta que llegues abajo, porque sé que estarás a salvo.

 

- Pero eso ya lo hacemos aquí en el pueblo.

 

- Bueno, pues entonces te hablaré de otras tierras, algo más lejanas, que tienen muy cerca el mar, y están llenas de gente bañándose en sus aguas.

 

- Yo nunca he visto el mar.

 

- Te contaré entonces como es. El mar es como si se hubiera dormido el cielo y se hubiera caído al suelo; es una extensión enorme de agua azul, verde, gris o marrón en infinitas tonalidades que siempre cambian. En sus profundidades habita todo un mundo paralelo al nuestro, miles de peces de colores con brillos casi mágicos, animales enormes que saltan a la superficie para deleite de los bañistas y otros más peligrosos de los que hay que huir porque ponen en peligro la vida. Hay corales, calamares, anémonas, medusas, esponjas, caracolas, estrellas de mar, e incluso bosques enteros de algas y praderas marinas que nacen y crecen bajo las aguas.

 

- Abuelo, me da miedo el mar.

 

- No hijo, el mar es bello, sus aguas pueden ser tranquilas y entonces acarician cuando llegan a la orilla, o pueden estallar en olas gigantescas de varios metros de altura si la mar es brava, entonces sí que da un poco de miedo, pero el espectáculo es formidable, no hay nada parecido.  Además, el mar nos proporciona el pescado que cenas cada noche, una variedad de especies diferentes que alimentan a la población.

 

- Abuelo, creo que voy a dormirme y soñaré con el mar.

 

- Bien hecho, hijo. Aquí seguiré, a tu lado, por si me necesitas.

 

         Pasó la tarde y el niño se quedó plácidamente dormido en su habitación llena de globos, dibujos y muñecos de peluche. Al verle, se diría que nadaba entre delfines, tomaba el sol en la playa o que había descubierto un barco lleno de tesoros y él era su capitán; tal era la serenidad que mostraba.

 

La familia que dormitaba frente a la cama empezó a levantarse al ver que el abuelo tomaba la mano del niño sin dejar de mirarle y ambos sonreían de una manera extraña. El abuelo no quiso entender lo que confirmaron hombres y mujeres con bata blanca que le levantaron con suavidad alejándole de la cama del nieto. El abuelo también necesitaba dormir.

 

Mª Soledad Martín Turiño

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