HABLEMOS
¿Cancelación de festejos?
Carlos Domínguez
La verdad es que la política no merece la atención que algunos están empeñados que se le preste. De ahí que, volviendo a la raíz honda de esta ciudad, uno se pregunta por el destino de las efemérides que importan al vulgo congregación, digamos al común de motines trucheros y obispadas comuneras, hoy masa holgazana gozando de infinitas prebendas, a costa y rebatiña del dinero público.
Muy a pesar de los zamoranos, la Semana Santa de este año se fue otra vez al traste. Más o menos como las vacunas, cuyo carrito de feria buhonera ha quedado atrás, o quizá simplemente atascado en el cenagal de inepcia, demagogia y descaro sufridos bajo la actual res publica sanchista.
Nadie negará tronío y enjundia de la conmemoración más arraigada en Zamora. Pero, precisamente por lo popular, igual de lamentable sería la supresión de otros festejos tradicionales. Una pena el Corpus y no menos la feria del ajo, con la posible cancelación de esa tramoya tan entrañable y titiritera de gigantes y gigantillas, junto al pastiche kitsch de la figura del dragón, éste de algún modo fantasía onírica en evocación, por cosa y moda del género, de cualquier in, pos, tras o crash de pelusilla rala.
Particularmente sería una lástima, una auténtica desgracia, prescindir en medio de jolgorio y algarabía de algún imaginario barando/a, que no ya barandales, erigido con su infinita gracia en símbolo de las novísimas ideologías, pues su puesta correcta de risa boba bien podría hacerlo/la pasar por el uno, la otra, o el/la neutro neutra que se quiera, en su desfilar, su bailar chuche en mano por aquí, por allá o por donde hubiere lugar inclusivo, pues ya dice el refrán que sobre gustos no hay nada escrito, menos aún yendo por el lado de Edipo que nunca por el de Electra. ¡Vamos!, en fantasía no menos correcta de sexo y léxico, ello por el obligado dúplice/a, algo así como un pánfilo/a, un lelo/lela, un amigo/a de mucho socializar y deambular callejero, parándose sin ton ni son con unos y otros, para dar fe de su auténtica naturaleza; o sea, un majadera de tiovivo y carrusel.
Y de llegar el caso, Dios no lo quiera, lástima en cuanto a ese trampantojo del moro con turbante, caperuz, o vaya usted a saber si tocado trentino tirolés. Personaje vetero este del moro, de enorme andamiaje y escala, gracias al mucho palo, peldaño, veleta y aguamanil caracolero. En fin, que todo, así lo bueno y lo mejor, queda de nuevo al albur de esta pestilencia, a saber si vírica, política, o simplemente negocio de mucha molienda y poca enmienda.
La verdad es que la política no merece la atención que algunos están empeñados que se le preste. De ahí que, volviendo a la raíz honda de esta ciudad, uno se pregunta por el destino de las efemérides que importan al vulgo congregación, digamos al común de motines trucheros y obispadas comuneras, hoy masa holgazana gozando de infinitas prebendas, a costa y rebatiña del dinero público.
Muy a pesar de los zamoranos, la Semana Santa de este año se fue otra vez al traste. Más o menos como las vacunas, cuyo carrito de feria buhonera ha quedado atrás, o quizá simplemente atascado en el cenagal de inepcia, demagogia y descaro sufridos bajo la actual res publica sanchista.
Nadie negará tronío y enjundia de la conmemoración más arraigada en Zamora. Pero, precisamente por lo popular, igual de lamentable sería la supresión de otros festejos tradicionales. Una pena el Corpus y no menos la feria del ajo, con la posible cancelación de esa tramoya tan entrañable y titiritera de gigantes y gigantillas, junto al pastiche kitsch de la figura del dragón, éste de algún modo fantasía onírica en evocación, por cosa y moda del género, de cualquier in, pos, tras o crash de pelusilla rala.
Particularmente sería una lástima, una auténtica desgracia, prescindir en medio de jolgorio y algarabía de algún imaginario barando/a, que no ya barandales, erigido con su infinita gracia en símbolo de las novísimas ideologías, pues su puesta correcta de risa boba bien podría hacerlo/la pasar por el uno, la otra, o el/la neutro neutra que se quiera, en su desfilar, su bailar chuche en mano por aquí, por allá o por donde hubiere lugar inclusivo, pues ya dice el refrán que sobre gustos no hay nada escrito, menos aún yendo por el lado de Edipo que nunca por el de Electra. ¡Vamos!, en fantasía no menos correcta de sexo y léxico, ello por el obligado dúplice/a, algo así como un pánfilo/a, un lelo/lela, un amigo/a de mucho socializar y deambular callejero, parándose sin ton ni son con unos y otros, para dar fe de su auténtica naturaleza; o sea, un majadera de tiovivo y carrusel.
Y de llegar el caso, Dios no lo quiera, lástima en cuanto a ese trampantojo del moro con turbante, caperuz, o vaya usted a saber si tocado trentino tirolés. Personaje vetero este del moro, de enorme andamiaje y escala, gracias al mucho palo, peldaño, veleta y aguamanil caracolero. En fin, que todo, así lo bueno y lo mejor, queda de nuevo al albur de esta pestilencia, a saber si vírica, política, o simplemente negocio de mucha molienda y poca enmienda.
















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.112