CON LOS CINCO SENTIDOS
Por soñar...
Mis manos de pianista eslava hoy ayudarán a mi cuerpo a vestirse con tules nuevos, encajes comprados sin mesura, por puro aburrimiento vital y porque no invierto en otra cosa últimamente, es más, no gasto casi en nada, estoy ahorrando cada minuto de mi vida para acumular horas y más horas futuras de gozo, amistad y de amor. Hoy me pondré galas de musa helena frente al espejo, para que mi cuerpo esculpido a cincel y martillo se deleite en su propia contemplación, ya que no puede ver gran cosa fuera de su cárcel de cristal, alfileres y purpurina. Hoy estrenaré encajes nuevos y sedas transparentes, hoy dejaré entrever parte de la anatomía que adorna este cerebro loco que no cesa de pensar y elucubrar sobre todo lo que acontece extramuros. Hoy disfrutaré frente al espejo de esa que no soy yo, que sólo es la que cubre y ornamenta la estructura de su cuerpo.
Soñaré con lechos de raso y labios humedeciendo cada centímetro de mi piel. Me veré bailando en noches sin fin y sin distancias, sin medida y sin mesura, escuchando tu voz mientras me declamas un poema o me cuentas cualquier tontería etérea y leve. Mi boca degustará un vino y una carne, mis ojos estallarán en miles de estelas luminosas y titilantes mientras me observas y miras cómo devoro el día y la noche como si se me fueran a arrebatar de nuevo.
Robaré tus lágrimas para lavar mis penas, así ambos saldremos ganando en esta batalla que es la vida sin ser vivida, la muerte sin estar muerto, pero con la lividez de un cadáver en cuyo interior late un rojo corazón que palpita y desea por encima de todo asirse a tu pecho, para ver si salimos juntos de esta masacre amorosa que es la nada cuando se te promete el todo.
Somos una paradoja; te tengo, pero no te tengo; te amo, pero no te alcanzo; te sé, pero no te huelo; te espero, pero no llegas; me tienes, pero no me tienes; me amas, pero no me alcanzas; me esperas, pero no te llego; me sabes, pero no me hueles. Vivimos de los recuerdos, benditos recuerdos. Benditos cerebros que amplifican el rostro del amado y nos lo muestran a centímetros, aunque se halle con su envoltura a centenas de metros, o kilómetros de una infinita distancia. Benditas neuronas, esas que nos depositan en la cruda realidad, pero, por la noche, nos dejan grácilmente en los brazos del otro. Como si nada aconteciese, como si nos fuéramos a ver mañana, o esta tarde, o dentro de diez minutos, mientras apuro el cigarrillo mentolado y abro el bolso para coger un caramelo de violetas con el que besarte y endulzar tu boca.
Por soñar… que no quede.
Nélida L. del Estal Sastre
Mis manos de pianista eslava hoy ayudarán a mi cuerpo a vestirse con tules nuevos, encajes comprados sin mesura, por puro aburrimiento vital y porque no invierto en otra cosa últimamente, es más, no gasto casi en nada, estoy ahorrando cada minuto de mi vida para acumular horas y más horas futuras de gozo, amistad y de amor. Hoy me pondré galas de musa helena frente al espejo, para que mi cuerpo esculpido a cincel y martillo se deleite en su propia contemplación, ya que no puede ver gran cosa fuera de su cárcel de cristal, alfileres y purpurina. Hoy estrenaré encajes nuevos y sedas transparentes, hoy dejaré entrever parte de la anatomía que adorna este cerebro loco que no cesa de pensar y elucubrar sobre todo lo que acontece extramuros. Hoy disfrutaré frente al espejo de esa que no soy yo, que sólo es la que cubre y ornamenta la estructura de su cuerpo.
Soñaré con lechos de raso y labios humedeciendo cada centímetro de mi piel. Me veré bailando en noches sin fin y sin distancias, sin medida y sin mesura, escuchando tu voz mientras me declamas un poema o me cuentas cualquier tontería etérea y leve. Mi boca degustará un vino y una carne, mis ojos estallarán en miles de estelas luminosas y titilantes mientras me observas y miras cómo devoro el día y la noche como si se me fueran a arrebatar de nuevo.
Robaré tus lágrimas para lavar mis penas, así ambos saldremos ganando en esta batalla que es la vida sin ser vivida, la muerte sin estar muerto, pero con la lividez de un cadáver en cuyo interior late un rojo corazón que palpita y desea por encima de todo asirse a tu pecho, para ver si salimos juntos de esta masacre amorosa que es la nada cuando se te promete el todo.
Somos una paradoja; te tengo, pero no te tengo; te amo, pero no te alcanzo; te sé, pero no te huelo; te espero, pero no llegas; me tienes, pero no me tienes; me amas, pero no me alcanzas; me esperas, pero no te llego; me sabes, pero no me hueles. Vivimos de los recuerdos, benditos recuerdos. Benditos cerebros que amplifican el rostro del amado y nos lo muestran a centímetros, aunque se halle con su envoltura a centenas de metros, o kilómetros de una infinita distancia. Benditas neuronas, esas que nos depositan en la cruda realidad, pero, por la noche, nos dejan grácilmente en los brazos del otro. Como si nada aconteciese, como si nos fuéramos a ver mañana, o esta tarde, o dentro de diez minutos, mientras apuro el cigarrillo mentolado y abro el bolso para coger un caramelo de violetas con el que besarte y endulzar tu boca.
Por soñar… que no quede.
Nélida L. del Estal Sastre

















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