Eugenio de Ávila
Jueves, 22 de Abril de 2021
CON LOS CINCO SENTIDOS

Si me dices que me quieres

[Img #52193]Te reconocí con sólo ver tu rostro. No me hicieron falta ni querencias, ni referencias, ni nada. Sólo verte, y hablarte a la cara. Fue un rayo que me dejó quebrada en mitad de ninguna parte, como decía Cortázar en “Rayuela”, “como si se pudiera elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos  y te deja estaqueado en la mitad del patio”. Pues así me quedé, en mitad de un espacio que quedó en  silencio cuando apareciste, de repente, como salido de un pedestal del que  bajaste para tocar a tu pueblo, inferior a ti, pero deseado por ti  al mismo tiempo. 

 

Eres entre humano y divino; personaje extraño.  Eres alguien tan especial que no puede mezclarse con el vulgo, no vales para eso, eres  demasiado valioso como para no entronizarte en un altar de mi propiedad exclusiva. Quizá es el cariño que te profeso, quizá la admiración que despiertas en mí, no lo sé. Estoy subyugada y atontada,  cuando siempre se me ha conocido por mi excesiva racionalidad, en los afectos más si cabe. 

 

Si me dices que,  aún con todo ese bagaje, me quieres a mí, sólo a mí, creo que soy la persona más afortunada de mi reducido universo. Soy tan poca cosa que creo que me tocó la fortuna  con sus dedos de oro para encontrarme contigo en el camino de esta vida tan alocada, un camino que no conduce a parte alguna, pero que hay que seguir haciendo. Esa fortuna me tocó para que nuestros egos enormes se fundieran en uno que ya no tiene parangón y siquiera nos importa. Yo también soy orgullosa y huyo de la futilidad como del fuego, o de la mediocridad imperante.  

El mundo da un asco infinito, pero tú lo haces más llevadero, menos vomitivo, más primaveral y pleno de flores y perfumes, de letras y de prosa, de besos y caricias. 

 

Creo que si no fuera por tu ser y por tu estar,  mi vida no tendría sentido alguno. Quererte es lo más inteligente y excitante que he hecho en mi vida después de parir a un ser excepcional. 

Nélida L. del Estal Sastre 

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