Eugenio de Ávila
Domingo, 25 de Abril de 2021
ARTE

Lorena San Román "deja huella" con su mural de la Agrupación Montañera Zamorana

La escultura zamorana y modificadora corporal de tatuaje permanente concluyó su trabajo, en el que homenajea a personas cercanas

Lorena San Román, ante el mural

 

Lorena San Román, escultora y propietaria del estudio “Dejando Huella”,  titulada en paramédicas, modificadora corporal de tatuaje permanente y anillado,  Rizo Tattoo, ha concluido el mural de la Agrupación Montañera Zamorana, que iniciara hace algún tiempo, pero que, debido a que se cambió parte del tablón, con el objetivo de colocar presas, la madera quedó vista, y para pintarlo, la AMZ se acordó de la artista zamorana para ejecutarlo.

 

Lorena formó parte de la Montañera  hace muchos años: “Conocí la sede ya en activo cuando iban a hacer una limpia, como pintar las paredes, y decidí colaborar con la Agrupación y me ofrecí a pintarla de forma altruista. Me encontré ahora parte de mis dibujos, tanto en el rocódromo como en el bar”.

 

Reconoce que, desde su primer trabajo, “el tablón ha ido reformándose y creciendo lo que incide en que se hayan añadido más presas al espacio. Por lo tanto, ha cambiado mi perspectiva y conceptos. Se ha modificado parte del tablón y un trozo más que se hallaba sin trabajar. Entonces ahora he representado mi sentimiento actual  y lo que conocí de las personas que ya  no están.  Ha sido como un viaje en el tiempo. El mural tiene siete metros por dos y medio de alto y una inclinación de más de 45º”.

 

Lorena San Román también ha querido rendir un homenaje a tres compañeros, fallecidos en Picos de Europa, además de a otros montañeros, amigos, algunos desaparecidos, y personas de su familia con este mural. Así lo narra: “Cuando yo entré en la Montañera, comprendí que hay varias formas de contemplar la montaña. Verla como fotógrafo, una imagen, sin moverte de casa. Hay otra gente a la que le gusta el campo, a los que se denomina los pisa prados,  grandes montañeros que caminan, y luego están los escaladores. La sede se abría los viernes. Entones empecé  escalar, gracias a Fernando Casquero, persona con la que me inicié en el montañismo, y uno de los que cayeron en los Picos de Europa, junto a Rubén y Dani, que eran más jovencitos. Tiempo atrás también habían muerto otros escaladores de la Montañera. Se trata de un homenaje a ellos tres y a todos los que murieron practicando este bello y solidario deporte y también amigos y familia. Fernando ya había tenido percances en los que se jugó la vida. De hecho, perdió falanges de sus dedos. Cuando sucedió la tragedia, sabíamos que si él no había regresado o pedido ayuda, no volveríamos a verlos”.

 

Recuerda la artista zamorana que el día del funeral de sus tres compañeros fue “el último en el que pise la Montañera. No fui capaz de volver a entrar ni subir a una roca. No he vuelto a hacer nada de montaña como antes. La cuerda se acabó. No es miedo, es respeto. Nunca volverá a ser lo de antes. Creo que realizar este mural ha sido cerrar una herida, una despedida como la que no pude darles. Siguen vivos en cada cosas que veo de la naturaleza, en un color, en un aroma, en una flor, en un animal”.

 

Lorena cuenta cómo  confeccionó el mural: “Primero tenía que saber sobre qué lienzo iba a trabajar, porque la imagen que yo había recibido sobre el soporte no era la que yo me encontré al llegar a la sede.  Hay, no obstante, un miembro de la Montañera trabaja con ebanistería, y la madera está muy trabajada, muy pulida. Pero también estaba sin tratar, sin ninguna pátina. El problema es que haces un lienzo que en parte se tapará, porque colocarás presas. Ese dibujo no es efímero, pero estará cubierto por piezas de resina clavadas a la pared”.

 

Avanza la escultora en su explicación del mural: “Al principio, cuando contaron conmigo, pensé en hacer el homenaje a esos tres compañeros, como antes conté. Pero, una vez que me puse a trabajar, comprendí que sus huellas estaban en cada paso que das para subir o avanzar. No quise hacer una representación gráfica, muy definida,  de ellos tres.  Tuve claro que los iba a representar con la flor del montañero, Edelweis. Hace unos años, antes de entrar en el rocódromo, pinté un sauropsido, que tiene una facilidad para adherirse a la superficie única. El cuadro no tiene un protagonista principal, solo el tiempo. Lo inicié el 4 de diciembre. Mi intención fue terminarlo en navidades, pero el confinamiento lo evitó. Complicaciones con los niños, toques de queda muy tempranos…

 

Lorena San Román utilizó para su mural  acrílico de exterior con pincel, fondo con spray y trató con aceites  por encima, y varias capas de un barniz especial”.

 

Confiesa que, una vez concluido el mural, se siente “agradecida a toda la gente que conozco y a la oportunidad que me ha dado la Montañera de cerrar un ciclo”.

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