Miércoles, 21 de Enero de 2026

Esther Ferreira Leonís
Viernes, 30 de Abril de 2021
GÉNERO

Requeteparadojas de género

[Img #52426]Me surto de las paradojas de la vida. Cualquier duda se transmuta en riqueza que aviva mi curiosidad por conocer más allá de mi yo y a mis otros yoes.

Quizás las estrellas de Cástor y Pólux se confabularon para que se vertiera mi destino un once de junio con su lluvia seca, en vísperas de una fiesta así deslucida. Y esa fue mi primera paradoja.

Ante cualquier planteamiento ofrezco mi versatilidad; soy mala jueza, prefiero las artes del jurista capaz de fundamentar una parte y la contraria, porque gozo de empatía hasta con un caracol.

Poeta o poetisa. Esta dicotomía en la esencia que viste a una persona «que compone obras poéticas y está dotada de las facultades necesarias para componerlas» (Diccionario de la lengua española), me divide el alma.

La primera idea que abandera este pleito es remarcar que lo escrito es una obra poética y así lo decide en mi caso el hado, porque las raíces se empeñan con fuerza en crecer y fructificar para que su existencia siga manteniendo cierto sentido. Son resurrección sus ramas, de las que brotarán flores inocentes que en el desenlace de su belleza descubren la cosecha, para ser alimento en los demás.

Y entonces me atrevo. Me atrevo a decir que soy poeta, porque el oxígeno que me mantiene está en las letras que van hilvanando mis emociones en palabras exactas, tejidas para compartirlas, comunicarlas y exhortar al disfrute o al escándalo de mi mirada, de mi postura en esta vida voluble, como columpio de otras risas o mejilla regada por otras lágrimas.

Y soy poeta porque es el «sustantivo común en cuanto al género» que abraza a las féminas que escribimos obras poéticas.

Pero existe el término poetisa y aquí surge el repiquete de quién es más feminista: una poeta o una poetisa.

Poetisa podría considerarse un vocablo inclusivo pero surge otro desencuentro, porque guarda connotaciones antepasadas de desprecio hacia las creaciones líricas de las mujeres, siendo abandonado el término por quienes bregan en el camino de la igualdad de derechos.

No obstante si liberamos de ese lastre histórico al término y lo acicalamos de actualidad, ¿no resultaría paradójico que si reclamo la igualdad quiera desmarcarme reivindicando la definición reservada solo a las mujeres? O por otro lado, si quiero la igualdad, ¿he de reivindicar mi propio nombre como poeta mujer?

Entonces recurro a la gramática, aquella concebida por Nebrija, precursor de la Lingüística, que asienta si un sustantivo me incluye como mujer: poeta, con su sencillez, rotundidad y universalidad –en Nueva York. Y caro, «sale caro, señores, ser poeta», medita Gloria Fuertes. Gloria es poeta… y poetisa.

Y el resumen de esta algarabía de niños, niñas y niñes está en la sensibilidad de cada cual pero sin olvidar que, aunque el lenguaje es evolutivo y debe acoplarse a los usos comunicativos de una sociedad, existe una gramática que nos ayuda a no caer en el absurdo y manifestar el sentido común a la hora de expresarnos.

Todo depende del cristal con que se mire, como Ramón Campoamor dejó hollado en el catálogo de frases célebres, a partir de su poema Las dos linternas:

«Y es que en el mundo traidor

nada hay verdad ni mentira:

todo es según el color

del cristal con que se mira».

Soy poeta porque busco otros derroteros para encontrar la belleza o para acompañar a la tristeza con palabras serenas y soy poetisa porque quiero hacer homenaje a todas las mujeres que escribían poesía cuando se menospreciaba su interpretación de una vida que ahogaba su creatividad, su inteligencia y, lo más básico, su existencia.

 

Soy poeta cuando escribo y poetisa cuando me lees,

poetisa cuando sientes lo que no busco y poeta

cuando mi tinta pincela tu mirada

ciega en el torbellino

de todas mis paradojas.

Esther Ferreira Leonís

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