CON LOS CINCO SENTIDOS
Dame tu luz
Luz. Tu luz. ¿Qué me pasó al conocerte, al asir con tus manos la cintura de mi alma? Mediste la extensión y la longitud de mis pensamientos entre los centímetros que separan tu rostro del mío, tu saliva de la mía.
Qué extraño conjuro o sortilegio me confunden, cuando yo no creo en nada que no sea demostrable, en nada que no sea de carne y hueso; en nada que mi raciocinio no pueda comprobar con las extensiones de mis neuronas.
Qué has hecho para que mis vísceras pensantes, que se licúan en tu presencia, me obliguen a recoger los pedazos y las trizas de mi ser para ser introducidos en un cesto poroso de mimbre por el que se me escapa la vida a jirones.
Qué es eso que me das que nadie lo iguala, siquiera se acerca, que hace que mis ojos no vean más allá, aún con las gafas del amor puestas del derecho.
Deja que pueda jugar con tus cartas, de tú a tú. No me hagas sentir, aunque lo sienta, que ya no soy gran cosa si no escucho tu voz susurrándome al oído que no hay dama como yo en tu mundo grande, enorme, donde me siento chiquitita e insignificante.
Por favor, deslía este nudo que atraganta y atormenta mi cerebro y agita todos y cada uno de mis músculos, los que se ven y los que se intuyen. Déjame jugar a romperte el corazón en tu campo, con los mismos medios y los mismos ropajes.
Déjame decirte que necesito que tú también sientas lo que es morir de amor.
Nélida L. del Estal Sastre
Luz. Tu luz. ¿Qué me pasó al conocerte, al asir con tus manos la cintura de mi alma? Mediste la extensión y la longitud de mis pensamientos entre los centímetros que separan tu rostro del mío, tu saliva de la mía.
Qué extraño conjuro o sortilegio me confunden, cuando yo no creo en nada que no sea demostrable, en nada que no sea de carne y hueso; en nada que mi raciocinio no pueda comprobar con las extensiones de mis neuronas.
Qué has hecho para que mis vísceras pensantes, que se licúan en tu presencia, me obliguen a recoger los pedazos y las trizas de mi ser para ser introducidos en un cesto poroso de mimbre por el que se me escapa la vida a jirones.
Qué es eso que me das que nadie lo iguala, siquiera se acerca, que hace que mis ojos no vean más allá, aún con las gafas del amor puestas del derecho.
Deja que pueda jugar con tus cartas, de tú a tú. No me hagas sentir, aunque lo sienta, que ya no soy gran cosa si no escucho tu voz susurrándome al oído que no hay dama como yo en tu mundo grande, enorme, donde me siento chiquitita e insignificante.
Por favor, deslía este nudo que atraganta y atormenta mi cerebro y agita todos y cada uno de mis músculos, los que se ven y los que se intuyen. Déjame jugar a romperte el corazón en tu campo, con los mismos medios y los mismos ropajes.
Déjame decirte que necesito que tú también sientas lo que es morir de amor.
Nélida L. del Estal Sastre


















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.112