LA COLUMNA DE DOÑA ELVIRA
El fin del son de las campanas
![[Img #52746]](https://eldiadezamora.es/upload/images/05_2021/6304_yo-opi-nueva.jpg)
10 campanadas resonaban por las calles de las ciudades de toda España y con ellas un nuevo comienzo llegaba, poniendo fin a los transeúntes que pasan desapercibidos por las aceras y carreteras, solos o acompañados de sus sentimientos y materialismos. 10 campanadas entonces llegaban a su fin y se oía el ruido de las llaves de los cerrojos de las puertas de cada casa cerrándose. Ahora esos transeúntes que antes disfrutaban de su soledad junto con la luz de luna son el recuerdo de todos aquellos que miran a través de la ventana añorando sus paseos nocturnos y sus citas con la señora noche. Aunque, las campanas pronto ya van a dejar de sonar y van a ser solo un vago recuerdo de lo que un día permaneció en la vida diaria de todos los transeúntes de la nación; se olvidarán de ello, claro está, como de gran parte del pasado. Ahora los viandantes pueden tener sus citas deseadas con la noche, tan deseosas de que llegaran que en los sueños siempre han estado. Se vestirán para la ocasión, no lo pongo en duda; olerán el aire de la manera que puedan y disfrutarán de este chocando de una manera muy suave, prácticamente placentera, en sus caras.
El tiempo pasa y los transeúntes se han olvidado de esas 10 campanadas que ponían fin a sus pasos en las aceras. Esperemos que eso no signifique que se olviden del por qué, ahí entonces tendríamos un problema el resto de los viandantes; ya que, el sonido puede que no esté presente - esas 10 campanadas que, aunque invisibles, tanto podían doler-, pero la causa sí que debe estarlo. Aunque, el pasado tiende a olvidarse en gran parte, sobre todo aquello que ha podido causar daño o dolor; pero es que, como dijo el poeta y filósofo español, Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana: “Quién olvida su historia está condenado a repetirla”. Y es que, transeúntes, podremos dejar que las 10 campanadas formen parte del pasado, pero no olvidemos el motivo de su imposición, ya que prefiero que formen parte del recuerdo a no tener otra cita con la noche, de nuevo.
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10 campanadas resonaban por las calles de las ciudades de toda España y con ellas un nuevo comienzo llegaba, poniendo fin a los transeúntes que pasan desapercibidos por las aceras y carreteras, solos o acompañados de sus sentimientos y materialismos. 10 campanadas entonces llegaban a su fin y se oía el ruido de las llaves de los cerrojos de las puertas de cada casa cerrándose. Ahora esos transeúntes que antes disfrutaban de su soledad junto con la luz de luna son el recuerdo de todos aquellos que miran a través de la ventana añorando sus paseos nocturnos y sus citas con la señora noche. Aunque, las campanas pronto ya van a dejar de sonar y van a ser solo un vago recuerdo de lo que un día permaneció en la vida diaria de todos los transeúntes de la nación; se olvidarán de ello, claro está, como de gran parte del pasado. Ahora los viandantes pueden tener sus citas deseadas con la noche, tan deseosas de que llegaran que en los sueños siempre han estado. Se vestirán para la ocasión, no lo pongo en duda; olerán el aire de la manera que puedan y disfrutarán de este chocando de una manera muy suave, prácticamente placentera, en sus caras.
El tiempo pasa y los transeúntes se han olvidado de esas 10 campanadas que ponían fin a sus pasos en las aceras. Esperemos que eso no signifique que se olviden del por qué, ahí entonces tendríamos un problema el resto de los viandantes; ya que, el sonido puede que no esté presente - esas 10 campanadas que, aunque invisibles, tanto podían doler-, pero la causa sí que debe estarlo. Aunque, el pasado tiende a olvidarse en gran parte, sobre todo aquello que ha podido causar daño o dolor; pero es que, como dijo el poeta y filósofo español, Jorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana: “Quién olvida su historia está condenado a repetirla”. Y es que, transeúntes, podremos dejar que las 10 campanadas formen parte del pasado, pero no olvidemos el motivo de su imposición, ya que prefiero que formen parte del recuerdo a no tener otra cita con la noche, de nuevo.




















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