CON LOS CINCO SENTIDOS
Volveré subida a lomos de una estrella
Aquí estoy, una noche más frente al universo, con la fatiga sellada a fuego en mi rostro y callos en las manos de recoger la miseria que rodea el mundo. Un mundo perplejo ante el que ya no quedan valientes para llevar el timón. ¿Dónde quedan las palabras grandilocuentes, la empatía, el fulgor de lo bello que empequeñece lo absurdo de la propia existencia humana?
No sé si estoy filosófica, cabreada o, sencillamente, mancillada y mellada por dentro. Rota. No lo sé. Quizá sea que se acerca la tormenta y me faltas como cuando me falta el aire y no puedo seguir adelante. La presión de las nubes me aplasta y ensombrece mi alma pero prometo reponerme porque no me queda otra. No tengo más opciones.
Te regalaré mi mejor sonrisa, iluminada por un rayo de luna cuando se acabe esta primavera, llena de tonos grises. Cuando llegue el sol y se instale en mi almohada cada mañana, levantaré el vuelo de nuevo para sobrevolar los valles y los trigales que me darán el pan que alimente mi pluma. Entonces seré yo misma de nuevo, plena, feliz, pero fugaz. Siempre fugaz. Como las estrellas que nacen sabiendo que no durarán más que para cumplir algún inconfesable deseo ajeno. Pero yo soy así, intensa, fulgurante, te puedo quemar…Pero soy fugaz.
Volveré cuando mi cuerpo ya no sea una marioneta y se vea capaz por sí sola de mover sus propios hilos. Volveré montada en otra estrella, para iluminar tu cara, una y otra vez, porque las estrellas son infinitas y siempre encontraré alguna dispuesta a dejarme montar en su lomo dorado para cabalgar por la espesura de tu pelo y penetrar en tus ojos para aportarles más luz. Aún así, te prometo que volveré, aunque sea fugazmente.
Nélida L. del Estal Sastre
Aquí estoy, una noche más frente al universo, con la fatiga sellada a fuego en mi rostro y callos en las manos de recoger la miseria que rodea el mundo. Un mundo perplejo ante el que ya no quedan valientes para llevar el timón. ¿Dónde quedan las palabras grandilocuentes, la empatía, el fulgor de lo bello que empequeñece lo absurdo de la propia existencia humana?
No sé si estoy filosófica, cabreada o, sencillamente, mancillada y mellada por dentro. Rota. No lo sé. Quizá sea que se acerca la tormenta y me faltas como cuando me falta el aire y no puedo seguir adelante. La presión de las nubes me aplasta y ensombrece mi alma pero prometo reponerme porque no me queda otra. No tengo más opciones.
Te regalaré mi mejor sonrisa, iluminada por un rayo de luna cuando se acabe esta primavera, llena de tonos grises. Cuando llegue el sol y se instale en mi almohada cada mañana, levantaré el vuelo de nuevo para sobrevolar los valles y los trigales que me darán el pan que alimente mi pluma. Entonces seré yo misma de nuevo, plena, feliz, pero fugaz. Siempre fugaz. Como las estrellas que nacen sabiendo que no durarán más que para cumplir algún inconfesable deseo ajeno. Pero yo soy así, intensa, fulgurante, te puedo quemar…Pero soy fugaz.
Volveré cuando mi cuerpo ya no sea una marioneta y se vea capaz por sí sola de mover sus propios hilos. Volveré montada en otra estrella, para iluminar tu cara, una y otra vez, porque las estrellas son infinitas y siempre encontraré alguna dispuesta a dejarme montar en su lomo dorado para cabalgar por la espesura de tu pelo y penetrar en tus ojos para aportarles más luz. Aún así, te prometo que volveré, aunque sea fugazmente.
Nélida L. del Estal Sastre



















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