Nélida L. Del Estal Sastre
Jueves, 20 de Mayo de 2021
CON LOS CINCO SENTIDOS

Sin medida

[Img #53284]Te amo tanto que me duele. Quizá sea porque me duele todo y tú, alma gemela, eres un dolor añadido a la mochila de mi alma, repleta de piedras que no me aligeran el paso precisamente. Pero he de decirte que lo haces soportable, me haces bien, me alimentas el  yo, el  súper yo y el ello, el álter ego y todo lo que Freud quiso describir con su psicoanálisis. He mezclado la filosofía con la psicología, e incluso, con la psicopatología. No me importa. Ya no. 

 

Eres un rayo de luna que ha traspasado mi cuerpo desde la cabeza hasta los dedos de mis pies, largos y huesudos, pero llenos de terminaciones nerviosas que perciben hasta el aroma que desprende todo tu ser. No puedo imaginar una existencia en la que tú me faltes un solo instante, en la que tenga que renunciar a tocar con mis manos tu rostro y besarlo hasta quedarme sin labios. 

 

Puede que exista algún ser “humano” que piense que exagero cuando hablo de los sentimientos, pero qué va, todos en algún momento de la vida sentimos que nos falta el aire si no respiramos en la misma habitación y al unísono con la persona a la que amamos, aunque a veces, sólo a veces, odiemos esa dependencia emocional que nos hace parecer muñecos de trapo en manos de un artista que mueve nuestros hilos, como si fuéramos marionetas al servicio de su deleite y sorna íntima y personal. 

 

Yo tengo la suerte de amar y ser amada. No me importan ni la fama ni el dinero, ni todo lo que conllevan tanto la una como el otro. No me importan en absoluto. Porque todo eso es humo sin la prevalencia del  amor. El amor hace que seas rico, no en dinero físico para hacer que tu vida sea fácil y cómoda, pero sí en lo que de verdad te da el oxígeno y te resucita cuando estás a punto de fenecer. Por eso no me importa ser intensa. Lo soy. No doy nada a cambio de nada. Pero me doy por entero si encuentro la justa contrapartida. El amor es como la vida, si lo disfrutas intensamente al menos habrá merecido la pena habitar este mundo absurdo, loco y cada vez más extraño que compartimos los unos con los otros. 

Nélida L. del Estal Sastre 

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