NOCTURNOS
La encontré
![[Img #53594]](https://eldiadezamora.es/upload/images/05_2021/6226_bella.jpg)
Yo no busco, encuentro. Confesó Picasso cuando analizaba su pintura. Yo no la busqué, la hallé. Escribo cuando deseo escribir sobre ella, Isabel; cuando estoy enamorado de esa mujer. Como Buda fue iluminado, yo también recibí un soplo erótico del dios del amor.
No tenía pensado enamorarme en este crespúsculo físico e intelectual de mi paso por la vida. Había reflexionado sobre amar y ser amado. No alcancé conclusión alguna. Me dominó el escepticismo.
Placer para el cuerpo, para la carne, para el tuétano de los huesos. El alma vigila al cuerpo que la cobija, que la guarda, que la sujeta Y contempla la concupiscencia como una excrecencia del sexo sin seso. Si bien la cópula y sus atributos necesitan del éxtasis para perpetuarse, para olvidarse de su finitud, de su tránsito hacia el no ser.
Cuando dispuse mi esencia para amarla, me preparé para la derrota del deseo. No quería que el desprecio de mi persona me abriera las costuras de mi alma. Pero la belleza, si eres un ser sensible, siempre obliga a disfrutarla. Conocerla fue amarla. No quise conformarme con eso de la amistad. Un hombre solo se descubre amigo de una fémina cuando el deseo solo es un expósito de la pasión.
Eugenio-Jesús de Ávila
![[Img #53594]](https://eldiadezamora.es/upload/images/05_2021/6226_bella.jpg)
Yo no busco, encuentro. Confesó Picasso cuando analizaba su pintura. Yo no la busqué, la hallé. Escribo cuando deseo escribir sobre ella, Isabel; cuando estoy enamorado de esa mujer. Como Buda fue iluminado, yo también recibí un soplo erótico del dios del amor.
No tenía pensado enamorarme en este crespúsculo físico e intelectual de mi paso por la vida. Había reflexionado sobre amar y ser amado. No alcancé conclusión alguna. Me dominó el escepticismo.
Placer para el cuerpo, para la carne, para el tuétano de los huesos. El alma vigila al cuerpo que la cobija, que la guarda, que la sujeta Y contempla la concupiscencia como una excrecencia del sexo sin seso. Si bien la cópula y sus atributos necesitan del éxtasis para perpetuarse, para olvidarse de su finitud, de su tránsito hacia el no ser.
Cuando dispuse mi esencia para amarla, me preparé para la derrota del deseo. No quería que el desprecio de mi persona me abriera las costuras de mi alma. Pero la belleza, si eres un ser sensible, siempre obliga a disfrutarla. Conocerla fue amarla. No quise conformarme con eso de la amistad. Un hombre solo se descubre amigo de una fémina cuando el deseo solo es un expósito de la pasión.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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