MITOLOGÍA
Síndrome de Procusto
En la mitología griega, Procusto, el hijo de Poseidón tenía su casa en las colinas donde ofrecía posada al viajero solitario. Le invitaba a tumbarse en una cama de hierro y cuando este se quedaba dormido, le amordazaba y le cortaba con un serrucho todas las partes que sobresalían de la cama. Es la forma en que el mito simboliza la tendencia a mutilar a quien sobresale.
Vivimos en una sociedad muy competitiva en la que cada vez se exige más a cada persona. Tanto en lo laboral como en otros aspectos vitales se nos pide excelencia, originalidad, creatividad, eficiencia y elevada proactividad. Sin embargo, por otro lado, se ejerce una tremenda presión hacia la uniformidad, resultando, a menudo, despreciado el que sobresale en algún talento o habilidad.
Son muchos los que ansían el poder, ya sea tratando de alcanzarlo por méritos propios o degradando a los que pueden competir con ellos. Todos conocemos a alguien de nuestro entorno que se comporta de esta manera mezquina y ruin, conscientemente o no. Hay empleados, o jefes, que llevan años en una organización y trabajan a un ritmo determinado, acomodados en su situación. Verse sorprendidos por alguien con mayor motivación y entusiasmo, con ganas de cambiar para mejorar, conlleva que ellos tengan que adaptarse también a una nueva forma de hacer las cosas que los saca de su zona de confort.
Queda claro, sin duda, que en nuestra cotidianidad nadie aplica la violencia de Procusto, pero sí esa agresividad encubierta que tan a menudo vemos en ámbitos como el laboral, (que es donde puede ser más habitual). De hecho, algo que todos sabemos es que quienes ocupan los puestos de más relevancia en una organización, no siempre son los más capacitados ni los mejor preparados. Ello hace que en cuanto aparece alguien proactivo, creativo y capaz de superarlos en más de un aspecto, no duden en aplicar mil estratagemas y ruines artimañas para arrinconarlos en la esquina de la indiferencia donde dejen de ser «un riesgo».
A pesar de que no falten los Procustos en nuestro día a día, jamás debemos doblegarnos ante ellos. Todos nacimos para destacar en algún aspecto, potenciemos esa habilidad y encontremos el contexto más idóneo para sacarlo en libertad.
EMILIA CASAS FERNÁNDEZ
En la mitología griega, Procusto, el hijo de Poseidón tenía su casa en las colinas donde ofrecía posada al viajero solitario. Le invitaba a tumbarse en una cama de hierro y cuando este se quedaba dormido, le amordazaba y le cortaba con un serrucho todas las partes que sobresalían de la cama. Es la forma en que el mito simboliza la tendencia a mutilar a quien sobresale.
Vivimos en una sociedad muy competitiva en la que cada vez se exige más a cada persona. Tanto en lo laboral como en otros aspectos vitales se nos pide excelencia, originalidad, creatividad, eficiencia y elevada proactividad. Sin embargo, por otro lado, se ejerce una tremenda presión hacia la uniformidad, resultando, a menudo, despreciado el que sobresale en algún talento o habilidad.
Son muchos los que ansían el poder, ya sea tratando de alcanzarlo por méritos propios o degradando a los que pueden competir con ellos. Todos conocemos a alguien de nuestro entorno que se comporta de esta manera mezquina y ruin, conscientemente o no. Hay empleados, o jefes, que llevan años en una organización y trabajan a un ritmo determinado, acomodados en su situación. Verse sorprendidos por alguien con mayor motivación y entusiasmo, con ganas de cambiar para mejorar, conlleva que ellos tengan que adaptarse también a una nueva forma de hacer las cosas que los saca de su zona de confort.
Queda claro, sin duda, que en nuestra cotidianidad nadie aplica la violencia de Procusto, pero sí esa agresividad encubierta que tan a menudo vemos en ámbitos como el laboral, (que es donde puede ser más habitual). De hecho, algo que todos sabemos es que quienes ocupan los puestos de más relevancia en una organización, no siempre son los más capacitados ni los mejor preparados. Ello hace que en cuanto aparece alguien proactivo, creativo y capaz de superarlos en más de un aspecto, no duden en aplicar mil estratagemas y ruines artimañas para arrinconarlos en la esquina de la indiferencia donde dejen de ser «un riesgo».
A pesar de que no falten los Procustos en nuestro día a día, jamás debemos doblegarnos ante ellos. Todos nacimos para destacar en algún aspecto, potenciemos esa habilidad y encontremos el contexto más idóneo para sacarlo en libertad.
EMILIA CASAS FERNÁNDEZ
















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