NUESTRA HISTORIA
Gracias a los que hicisteis posible el milagro periodístico de El Día de Zamora
Un 6 de junio de 2010, al alba, veía la primera luz luz del día periodístico de nuestra tierra la primera edición de El Día de Zamora, este barquito de papel que sigue navegando –no sé hasta cuándo- por las procelosas aguas de la sociedad zamorana, herida de muerte, sin pulso, pusilánime, sin fuste. Once años en los que nuestra tierra ha ido a peor, perdió miles de habitantes, su actividad económica ha llegado a mínimos incomprensibles, los políticos, todos, tantos los del PSOE, cuando se inició nuestra decadencia, merced a las decisiones de los ejecutivos felipistas de retirar organismos estatales de nuestra ciudad, y, del Partido Popular, cómplice necesario de esta sangría económica y demográfica que padece nuestra provincia.
Pero no se trata de señalar a los culpables, entre los que nos encontramos también, ocupando un lugar especial en la jerarquía de nuestra desgracias, los zamoranos; sino de agradecer a las empresas e instituciones públicas que nos ayudaron durante todo este tiempo a nuestra nave se mantuviera a flote, y a las miles de personas que permanecieron fieles a nuestros articulistas, noticias y reportajes.
Y, por supuesto, agradezco la labor inconmensurables, altruista en muchas ocasiones, de los que trabajaron, algunos ya desaparecidos y no suficientemente llorados, en la producción, redacción y publicidad de El Día de Zamora, como a tantos colaboradores que contribuyeron a engrandecer este periódico, algunos mantienen su fidelidad desde hace 11 años, como Manuel Herrero Alonso, Patricio Cuadra Blanco y Paco Molina.
Y mención aparte, la labor descomunal de Enrique Onís y Tomás Carrascal, más conocido como Esteban Pedrosa, que me levantaron cuando había caído, que secaron mis lágrimas de impotencia cuando el llanto parecía incontenible, que me acompañaron en momentos complejos y transcendentales para que este barquito de papel llegase a buen puerto.
¡Y qué decir de mi hija Verónica de Ávila, el cerebro económico y literario de este periódico y el corazón de oro que me alentó cuando lo necesité y me riñó cuando cometí graves errores!
A todos los que me acompañasteis en esta navegación por el río duradero de la prensa zamorana, once años, una marca insuperable en la historia del periodismo zamorano, o guardaré siempre en el salón del trono de mi memoria.
También quedo muy agradecido a los que me odiaron, si bien me habría encantado combatir con enemigos más inteligentes, cultos y fuertes.
Eugenio-Jesús de Ávila
Un 6 de junio de 2010, al alba, veía la primera luz luz del día periodístico de nuestra tierra la primera edición de El Día de Zamora, este barquito de papel que sigue navegando –no sé hasta cuándo- por las procelosas aguas de la sociedad zamorana, herida de muerte, sin pulso, pusilánime, sin fuste. Once años en los que nuestra tierra ha ido a peor, perdió miles de habitantes, su actividad económica ha llegado a mínimos incomprensibles, los políticos, todos, tantos los del PSOE, cuando se inició nuestra decadencia, merced a las decisiones de los ejecutivos felipistas de retirar organismos estatales de nuestra ciudad, y, del Partido Popular, cómplice necesario de esta sangría económica y demográfica que padece nuestra provincia.
Pero no se trata de señalar a los culpables, entre los que nos encontramos también, ocupando un lugar especial en la jerarquía de nuestra desgracias, los zamoranos; sino de agradecer a las empresas e instituciones públicas que nos ayudaron durante todo este tiempo a nuestra nave se mantuviera a flote, y a las miles de personas que permanecieron fieles a nuestros articulistas, noticias y reportajes.
Y, por supuesto, agradezco la labor inconmensurables, altruista en muchas ocasiones, de los que trabajaron, algunos ya desaparecidos y no suficientemente llorados, en la producción, redacción y publicidad de El Día de Zamora, como a tantos colaboradores que contribuyeron a engrandecer este periódico, algunos mantienen su fidelidad desde hace 11 años, como Manuel Herrero Alonso, Patricio Cuadra Blanco y Paco Molina.
Y mención aparte, la labor descomunal de Enrique Onís y Tomás Carrascal, más conocido como Esteban Pedrosa, que me levantaron cuando había caído, que secaron mis lágrimas de impotencia cuando el llanto parecía incontenible, que me acompañaron en momentos complejos y transcendentales para que este barquito de papel llegase a buen puerto.
¡Y qué decir de mi hija Verónica de Ávila, el cerebro económico y literario de este periódico y el corazón de oro que me alentó cuando lo necesité y me riñó cuando cometí graves errores!
A todos los que me acompañasteis en esta navegación por el río duradero de la prensa zamorana, once años, una marca insuperable en la historia del periodismo zamorano, o guardaré siempre en el salón del trono de mi memoria.
También quedo muy agradecido a los que me odiaron, si bien me habría encantado combatir con enemigos más inteligentes, cultos y fuertes.
Eugenio-Jesús de Ávila

















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.112