HISTORIA
Pedro Sánchez ignora la historia de su partido y el secesionismo
"En punto a la integridad de España soy irreductible y la defenderé de los de afuera y de los de adentro. Mi posición es absoluta y no consiente disminución”. Negrín, socialista, último presidente del Gobierno de la II República
Valle Inclán nació en 1866 y murió en enero de 1936. No era franquista. No le dio tiempo. Lo escribo por si algún “rojeras” aburguesado así lo creyera. Ahora bien, el genial escritor gallego, manco como Cervantes, se encontraría en esta génesis de la segunda década del siglo XXI en disposición de enfatizar sus esperpentos. Así lo juzgo, porque la situación política que vive la nación más antigua de Europa me resulta grotesca. La realidad se ha deformado hasta alcanzar lo incomprensible. Me explico. La izquierda, en Europa, desde la Revolución Francesa, siempre fue jacobina. Pero aquí, en España, ahora no lo es. Por el contrario, se inclina por desgajar comunidades, por descentralizar al máximo. Paroja. Incongruencia ideológica.
Sigo, tras el punto y aparte. El marxismo, por definición, es internacionalista. "Arribas parias de la tierra, famélica legión". Recuerde. La Internacional es el himno de socialistas, comunistas de toda laya e ideologías semejantes. Internacionales fueron las creaciones de la U.R.S.S., tras el golpe de Estado de Lenín contra la incipiente democracia rusa. Pues hete aquí que en España la ultraizquierda, el sanchismo y el podemismo, no lo son. Prefieren la indepedencia de las regiones españolas, ultranacionalistas, gobernadas por los representantes políticos los capitalistas catalanes y vascos, que defender a la España más débil, menos desarrollada, como seríamos los del viejo Reino de León, Castilla La Vieja, la Nueva, Andalucía, Galicia, Murcia, más los dos archipiélagos, el Balear y el Canario. Hecho inexplicable que escapa a cualquier razón ideológica.
Ocupo este tercer párrafo para afirmar que el sanchismo, una excrecencia del zapaterismo, el presidente que más daño causó a la España democrática,una miaja más que Rajoy, rompió el vínculo ideológico que le unía con el PSOE de la República. Veamos. Negrín, canario, doctor en Medicina, último presidente del ejecutivo de la II República, socialista, aunque entonces en manos de Stalin, dijo lo que sigue del nacionalismo: “A la victoria del primer día - el cruce del Ebro por el ejército republicano- se mezcla la traición de los separatistas de la Generalitat”. Se quejaba un Negrín decidido a aniquilarlos: “No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan gravemente los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España! No se puede consentir esta sorda y persistente campaña separatista, y tiene que ser cortada de raíz. Nadie se interesa tanto como yo por las peculiaridades de su tierra; amo entrañablemente todas las que se refieren a Canarias y no desprecio sino que exalto las que poseen otras regiones, pero por encima de todas esas peculiaridades, España”.
Y concluía este socialista, que después se las vería con su camarada Indalecio Prieto, por el tesoro del yate Vita: “El que se oponga a la política de unidad nacional debe ser cesado de su puesto fulminantemente. Antes de consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones, que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco sin otra condición de la que se desprendiese de alemanes e italianos. En punto a la integridad de España soy irreductible y la defenderé de los de afuera y de los de adentro. Mi posición es absoluta y no consiente disminución”.
Pues el presidente magnánimo, el de la concordia, el Gandhi español, alma grande, no conoce la historia de su partido. Le importa una higa, al parecer. ¿Ignorante o pasota?
Esperpéntico es desconocer nuestra historia, porque, como acuñaría Marx,al corregir a Hegel, que consideraba que la historia siempre se repite a sí misma, escribió que a su maestro “se le olvidó añadir que la primera vez como tragedia, la segunda como farsa”. Escrito lo dejó el judío converso de Tréveris en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte.
Y esta democracia la han convertido en farsa los que nos gobiernan, los secesionistas catalanes y vascos, que no Sánchez, títere de los caprichos y los chantajes de esa lacra histórica española. Al presidente le gusta residir en La Moncloa, presidir un ejecutivo con ministras, ministros, ministres podemitas, el dadaísmo político; acceder a todos los caprichos de los secesionistas, poner en solfa al Tribunal Supremo, al Tribunal de Cuentas o a cualquier institución pública que hiera la "sensibilidad" de los racistas catalanes y vascos; permitir que el presidente de la Generalidad, que se apellida Aragonés -¡manda huevos!-, intente una nueva malversación para pagar otra malversación, y después habrá otra nueva malversación y así hasta el infinito. Parece una comedia de los hermanos Marx. La parte contratante de la primera parte.
En efecto, Sánchez ha firmado con los que odian a España, la parte contratante de la primera parte y así sucesivamente hasta desintegrar la nación más antigua de Europa. Los nacionalistas deconstruyen España, institución a institución, golpe a golpe, sin rima, sin versos, hasta que quede convertida en un solar.
Mientras, el pueblo llano, se divierte con los programas de heteras y zarandajas varias. Al español medio le interesa más los cuernos que luce Paloma Cuevas, las cuitas de un tipo como José Luis Moreno con sus muñecos económicos y si el Real Madrid fichará a un extremo francés que corre mucho o Messi seguirá vestido de azulgrana. Cuando nos queramos darnos cuenta, España se la conocerá en el mundo como Expaña, nación de charanga, pandereta, del esperpento político y lo grotesco.ideológico.
Eugenio-Jesús de Ávila
Valle Inclán nació en 1866 y murió en enero de 1936. No era franquista. No le dio tiempo. Lo escribo por si algún “rojeras” aburguesado así lo creyera. Ahora bien, el genial escritor gallego, manco como Cervantes, se encontraría en esta génesis de la segunda década del siglo XXI en disposición de enfatizar sus esperpentos. Así lo juzgo, porque la situación política que vive la nación más antigua de Europa me resulta grotesca. La realidad se ha deformado hasta alcanzar lo incomprensible. Me explico. La izquierda, en Europa, desde la Revolución Francesa, siempre fue jacobina. Pero aquí, en España, ahora no lo es. Por el contrario, se inclina por desgajar comunidades, por descentralizar al máximo. Paroja. Incongruencia ideológica.
Sigo, tras el punto y aparte. El marxismo, por definición, es internacionalista. "Arribas parias de la tierra, famélica legión". Recuerde. La Internacional es el himno de socialistas, comunistas de toda laya e ideologías semejantes. Internacionales fueron las creaciones de la U.R.S.S., tras el golpe de Estado de Lenín contra la incipiente democracia rusa. Pues hete aquí que en España la ultraizquierda, el sanchismo y el podemismo, no lo son. Prefieren la indepedencia de las regiones españolas, ultranacionalistas, gobernadas por los representantes políticos los capitalistas catalanes y vascos, que defender a la España más débil, menos desarrollada, como seríamos los del viejo Reino de León, Castilla La Vieja, la Nueva, Andalucía, Galicia, Murcia, más los dos archipiélagos, el Balear y el Canario. Hecho inexplicable que escapa a cualquier razón ideológica.
Ocupo este tercer párrafo para afirmar que el sanchismo, una excrecencia del zapaterismo, el presidente que más daño causó a la España democrática,una miaja más que Rajoy, rompió el vínculo ideológico que le unía con el PSOE de la República. Veamos. Negrín, canario, doctor en Medicina, último presidente del ejecutivo de la II República, socialista, aunque entonces en manos de Stalin, dijo lo que sigue del nacionalismo: “A la victoria del primer día - el cruce del Ebro por el ejército republicano- se mezcla la traición de los separatistas de la Generalitat”. Se quejaba un Negrín decidido a aniquilarlos: “No estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan gravemente los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España! No se puede consentir esta sorda y persistente campaña separatista, y tiene que ser cortada de raíz. Nadie se interesa tanto como yo por las peculiaridades de su tierra; amo entrañablemente todas las que se refieren a Canarias y no desprecio sino que exalto las que poseen otras regiones, pero por encima de todas esas peculiaridades, España”.
Y concluía este socialista, que después se las vería con su camarada Indalecio Prieto, por el tesoro del yate Vita: “El que se oponga a la política de unidad nacional debe ser cesado de su puesto fulminantemente. Antes de consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones, que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco sin otra condición de la que se desprendiese de alemanes e italianos. En punto a la integridad de España soy irreductible y la defenderé de los de afuera y de los de adentro. Mi posición es absoluta y no consiente disminución”.
Pues el presidente magnánimo, el de la concordia, el Gandhi español, alma grande, no conoce la historia de su partido. Le importa una higa, al parecer. ¿Ignorante o pasota?
Esperpéntico es desconocer nuestra historia, porque, como acuñaría Marx,al corregir a Hegel, que consideraba que la historia siempre se repite a sí misma, escribió que a su maestro “se le olvidó añadir que la primera vez como tragedia, la segunda como farsa”. Escrito lo dejó el judío converso de Tréveris en El dieciocho brumario de Luis Bonaparte.
Y esta democracia la han convertido en farsa los que nos gobiernan, los secesionistas catalanes y vascos, que no Sánchez, títere de los caprichos y los chantajes de esa lacra histórica española. Al presidente le gusta residir en La Moncloa, presidir un ejecutivo con ministras, ministros, ministres podemitas, el dadaísmo político; acceder a todos los caprichos de los secesionistas, poner en solfa al Tribunal Supremo, al Tribunal de Cuentas o a cualquier institución pública que hiera la "sensibilidad" de los racistas catalanes y vascos; permitir que el presidente de la Generalidad, que se apellida Aragonés -¡manda huevos!-, intente una nueva malversación para pagar otra malversación, y después habrá otra nueva malversación y así hasta el infinito. Parece una comedia de los hermanos Marx. La parte contratante de la primera parte.
En efecto, Sánchez ha firmado con los que odian a España, la parte contratante de la primera parte y así sucesivamente hasta desintegrar la nación más antigua de Europa. Los nacionalistas deconstruyen España, institución a institución, golpe a golpe, sin rima, sin versos, hasta que quede convertida en un solar.
Mientras, el pueblo llano, se divierte con los programas de heteras y zarandajas varias. Al español medio le interesa más los cuernos que luce Paloma Cuevas, las cuitas de un tipo como José Luis Moreno con sus muñecos económicos y si el Real Madrid fichará a un extremo francés que corre mucho o Messi seguirá vestido de azulgrana. Cuando nos queramos darnos cuenta, España se la conocerá en el mundo como Expaña, nación de charanga, pandereta, del esperpento político y lo grotesco.ideológico.
Eugenio-Jesús de Ávila



















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