NOCTURNOS
Amarte con todo mi seso
Te extraño cuando estoy acompañado. Mientras me hablan otras personas, pienso en tu vida, dónde te encontrarás, si gozas, si sufres, si piensas en mí, aunque sea de reojo.
Cuando la noche avanza, en mi profunda casa, mientras Zorba, mi can, me pide que le rasque con sus ojos de pena, de vivir sin alma, escucho música y escribo. Y cada palabra que intenta traducir el sentimiento de mi alma, la inspiras tú. Recuerdo tu mirada, que tanto me desasosegaba cuando te conocí; también me viene a la mente el tono de tu voz, la forma de tu boca, el sonido de tu sonrisa, y el deseo de yacer a tu vera. Y van cayendo las oraciones, como las que ahora se deslizan en estas reflexiones eróticas. Mi forma de ocupar el espacio vacío de tu ausencia.
Te pienso tanto que, de cuando en cuando, siento que te has sentado en mis piernas, que te asgo de la cintura, que busco tu boca como el recién nacido los pezones de su mamá.
Vivir, Carlota, es amar. Vivir sin amor es muerte viva. Durante décadas, fui un muerto que hablaba, que miraba sin ver, que oía, pero apenas escuchaba, que creía que amaba y solo fornicaba, ese placer de la vulgaridad, el hedonismo de los mediocres.
Tú, lo que veo y lo que intuyo, me obligas a vivir, que es amar con inteligencia.
Eugenio-Jesús de Ávila
Te extraño cuando estoy acompañado. Mientras me hablan otras personas, pienso en tu vida, dónde te encontrarás, si gozas, si sufres, si piensas en mí, aunque sea de reojo.
Cuando la noche avanza, en mi profunda casa, mientras Zorba, mi can, me pide que le rasque con sus ojos de pena, de vivir sin alma, escucho música y escribo. Y cada palabra que intenta traducir el sentimiento de mi alma, la inspiras tú. Recuerdo tu mirada, que tanto me desasosegaba cuando te conocí; también me viene a la mente el tono de tu voz, la forma de tu boca, el sonido de tu sonrisa, y el deseo de yacer a tu vera. Y van cayendo las oraciones, como las que ahora se deslizan en estas reflexiones eróticas. Mi forma de ocupar el espacio vacío de tu ausencia.
Te pienso tanto que, de cuando en cuando, siento que te has sentado en mis piernas, que te asgo de la cintura, que busco tu boca como el recién nacido los pezones de su mamá.
Vivir, Carlota, es amar. Vivir sin amor es muerte viva. Durante décadas, fui un muerto que hablaba, que miraba sin ver, que oía, pero apenas escuchaba, que creía que amaba y solo fornicaba, ese placer de la vulgaridad, el hedonismo de los mediocres.
Tú, lo que veo y lo que intuyo, me obligas a vivir, que es amar con inteligencia.
Eugenio-Jesús de Ávila
















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