Miércoles, 28 de Enero de 2026

Eugenio de Ávila
Sábado, 06 de Noviembre de 2021
COSAS MÍAS

¿Normalidad o anormalidad política?

[Img #58666]Hace muchos años, tantos como unas tres décadas, un compañero, al que conocí en TVE, en Castilla y León, y después, cuando tuve poder en el desaparecido El Correo de Zamora, porque esto que se edita ahora es otra cosa, logré convencerlo para que viniese a nuestra ciudad para trabajar en el periódico centenario de nuestra provincia, con más tradición que muchas cofradías de Semana Santa.

 

Cuando llevaba dos semanas viviendo en Zamora y trabajando en la redacción del diario, un buen día me comentó, casi como si fuera una confesión: “Eugenio: ¡Qué poca gente normal hay!”. Sonreí. Y, tras unos segundos, le respondí: “No, Fernando –que así se llama-, estás equivocado, porque los normales son los que forman parte de la gran mayoría que manda, ordena y dirige. Así nos van las cosas. Tú y yo sí somos anormales”. Guardó silencio. Había concluido el debate.

 

Pasados 30 años, todo sigue igual, como la vida a la que cantaba Julio Iglesias. La normalidad impera. Manda la vulgaridad en la política, en las artes, en el cine, en la canción, en el periodismo. Sucede que, a veces, la gente que nos parece normal a los anormales, como es mi caso, resulta extraña para el común. Verbigracia: Francisco Guarido es una persona, digamos político, normal. Su tocayo, el presidente de la Diputación, Requejo, también es normal. Considerados desde mi subjetivo parecer, propio de mi anormalidad. Quizá, a decir verdad, ambos dirigentes sean anormales en una res pública donde dominan malandrines, gente de escaso fiar, eruditos en felonías, maestros de la jeta.

 

Un servidor también parece anormal en el mundo de la prensa, porque todos los días, “in illo tempore”, escribo artículos críticos sobre los que hilvanan la política y cierto tipo de empresarios, que crecieron al amparo del poder político. Nadie, en esta ciudad, escribe o analiza nuestra sociedad y res pública. Imposible. Viven del dinero de las instituciones. Son servidores de los que reparten la publicidad institucional.

 

El regidor, con sus camisetas de adolescente, pantalones y vestimenta, sigue arreglándose como cuando era opositor. No ha cambiado. No quiere decir esto que la corbata, la americana, el traje sean ropas propias de burgueses. Ahí están las fotografías de Lenin y Trotsky y otros bolcheviques con sus chalecos y chaquetas. El hábito no hace al monje. El propio Castro, que Dios lo tenga en su gloria comunista,  con su 1,90 lucía como un modelo cuando vestía traje. Guarido parece normal para personas, como es mi caso, que no lo somos.

 

Francisco Requejo, más de un bienio en  pie el Hospital de la Encarnación, sede central de la Diputación, cae bien a los funcionarios. ¿Por qué? Sencillamente, porque saluda, porque es persona afable, sabe sonreír, viste con discreción, no es estirado, habla como si fuera uno más, trata a la gente con educación.  El actual presidente de la Diputación es la antítesis de Martínez-Maíllo y Martín Pozo. Después ejercerá la Presidencia mejor o peor, acertar o cometerá errores; pero, de momento, es persona que emana del pueblo, un ciudadano más, que ha acertado en entrevistarse, nada más ser investido, con los alcaldes de Zamora, Toro y, Benavente. Hecho nunca acontecido de una manera tan inmediata.

 

Para amar hay que conocer. Tiempo al tiempo. De momento, Guarido y Requejo, dos franciscos, que no tienen nada que ver con el de Asís, forman parte de esta normalidad tan anormal y escasa.

 

Eugenio-Jesús de Ávila

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