NOCTURNOS
El miedo a amar
Hay personas que sienten miedo a amar, como hay gente, de ultraizquierda, comunistas y fascistas, a la que le da pánico la libertad.
Cuando una mujer, también forma parte de esta mentalidad de algún que otro varón-no es mi caso-, siente que se enamora, esgrime, para defenderse, aquello que no quiere hacer daño a ese hombre por el que ha empezado a sentir algo más que atracción. Argumenta que ella, más pronto que tarde, romperá esa relación, y que sentiría hacer sufrir a ese señor que se enamoró de ella, a ese caballero que le mostraba su alma en carne viva, abierta en canal; que la mimaba, yema a yema, los dedos de sus manos; que intentaba transmitirle ternura, caricias, amor en sobredosis.
Son damas a las que un nuevo amor revoluciona la cotidianidad, la normalidad, de sus vidas; las descoloca, las desubica. No se explican cómo un hombre, generalmente con experiencia, culto e inteligente, las desea, no solo para el elixir del sexo, sino también para el hedonismo del seso. Entonces buscan defenderse como los numantinos de las legiones romanas, del Escipión del amor. Enrocan el alma, disparan flechas y lanzas de desamor sobre ese centurión enamorado y aguardan a que se rinda, se aparte y se vaya de su mundo.
A veces les duele incluso sentirse amadas. Se convierten en agnósticas del amor. Existe el amor, cierto, pero no pueden encajarlo en sus vidas. Prefieren los nirvanas de encuentros acelerados que procuran las cópulas, aquí te pillo y aquí te mato, pero sin desnudarse por dentro, a vivir una pasión, hija del amor, brutal, volcánica, telúrica.
Confieso que nunca me causó miedo amar. Cuando una mujer me enamora, dejo peto y espaldar en el baúl del tiempo, me enfrento, sin armas, sin defensas, a cuerpo gentil, con el amor. Jamás pienso en el final del erotismo, porque lo vivo segundo a segundo, porque detengo el tiempo y lo expulso de mi vida.
En el amor, solo pierde quien no sabe amar, quien no ama. Si existe el amor, la victoria siempre es total. Amar, si es de verdad, te diviniza.
Eugenio-Jesús de Ávila
Hay personas que sienten miedo a amar, como hay gente, de ultraizquierda, comunistas y fascistas, a la que le da pánico la libertad.
Cuando una mujer, también forma parte de esta mentalidad de algún que otro varón-no es mi caso-, siente que se enamora, esgrime, para defenderse, aquello que no quiere hacer daño a ese hombre por el que ha empezado a sentir algo más que atracción. Argumenta que ella, más pronto que tarde, romperá esa relación, y que sentiría hacer sufrir a ese señor que se enamoró de ella, a ese caballero que le mostraba su alma en carne viva, abierta en canal; que la mimaba, yema a yema, los dedos de sus manos; que intentaba transmitirle ternura, caricias, amor en sobredosis.
Son damas a las que un nuevo amor revoluciona la cotidianidad, la normalidad, de sus vidas; las descoloca, las desubica. No se explican cómo un hombre, generalmente con experiencia, culto e inteligente, las desea, no solo para el elixir del sexo, sino también para el hedonismo del seso. Entonces buscan defenderse como los numantinos de las legiones romanas, del Escipión del amor. Enrocan el alma, disparan flechas y lanzas de desamor sobre ese centurión enamorado y aguardan a que se rinda, se aparte y se vaya de su mundo.
A veces les duele incluso sentirse amadas. Se convierten en agnósticas del amor. Existe el amor, cierto, pero no pueden encajarlo en sus vidas. Prefieren los nirvanas de encuentros acelerados que procuran las cópulas, aquí te pillo y aquí te mato, pero sin desnudarse por dentro, a vivir una pasión, hija del amor, brutal, volcánica, telúrica.
Confieso que nunca me causó miedo amar. Cuando una mujer me enamora, dejo peto y espaldar en el baúl del tiempo, me enfrento, sin armas, sin defensas, a cuerpo gentil, con el amor. Jamás pienso en el final del erotismo, porque lo vivo segundo a segundo, porque detengo el tiempo y lo expulso de mi vida.
En el amor, solo pierde quien no sabe amar, quien no ama. Si existe el amor, la victoria siempre es total. Amar, si es de verdad, te diviniza.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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