Emilia Casas
Domingo, 05 de Diciembre de 2021
LITERATURA

Ya no hablamos

[Img #59774]La innovación tecnológica continua transformando industrias, empresas, instituciones, entornos, culturas y, cómo no, a las personas. Le hemos otorgado tanto poder a la tecnología que puede conectarnos y desconectarnos, amplificar nuestra ira o nuestra solidaridad, hacernos sentir emocionados, sociables, creativos, alienados, ausentes, solitarios, globales o modernos. Sin embargo, pasamos demasiado tiempo tratando de entender la tecnología y muy poco tiempo en descubrir al ser humano. Lo que nos ha llevado al punto de afirmar que hemos creado una sociedad tecno-céntrica relegando a la persona a un rol más utilitarista que trascendente.

Ya hemos entrado en un período en el que la tecnología está desplazando muchas oportunidades de interacción social. Algunos podrían argumentar, con acierto, que las nuevas tecnologías han abierto una ventana de comunicación a muchas personas que antes no podían hacerlo. Los avances en éste campo, que nos permite tener una movilidad sin precedentes para trabajar y estudiar en cualquier lugar, viajar de forma segura y mantenerse conectados socialmente, a pesar de las distancias, crear y comunicar de manera móvil, han coincidido con una conexión con dispositivos que paradójicamente dividen nuestra atención entre las interacciones a través de las pantallas y el cara a cara. Ya no sabemos distinguir si estamos más tiempo en el online o en el offline y este delicado equilibrio se presenta como un desafío cada día para quienes hemos tenido muy presente el poder que tiene la palabra en nuestra vida y nuestro comportamiento. Desde la irrupción de las redes sociales y la mensajería móvil, el buen hábito de hablar con tiempo y con verdadera atención se ha sacrificado por la mera conexión.

He conocido a muchísima gente que describe la gran intimidad y la increíble calidez que sienten cuando se comunican a través de mensajes. Siento un nuevo respeto por lo que éstos son capaces de conseguir. Nos ofrecen una forma divertida, a veces erótica, a veces emocional y, a menudo, emocionante de comunicarnos. No estoy en contra de eso. Pero hay cosas que sólo la conversación puede aportarnos y es importante admitirlo.

Cierto es que las plataformas digitales son parte de nuestro día a día. Las tecnologías a las que tenemos acceso representan avances asombrosos. Y no hay que entrar en pánico ante ciertos síntomas de nuestra sociedad en relación a los avances, ya que la historia está plagada de ejemplos de cómo la tecnología pasa por encima de los marcos sociales, económicos, culturales, legislativos, éticos y políticos que necesitamos para hacer buen uso de ella. Nuestro colapso mental y emocional está directamente conectado a la velocidad del cambio y a la profundidad del mismo. Pero, siendo realistas, la tecnología ha hecho que estemos experimentando una huida de la conversación “de humano a humano” y esto tiene consecuencias muy negativas; porque la conversación sustenta la empatía y es básica para la amistad, el amor, el aprendizaje y la productividad. Sin ella, "perdemos aquello que nos diferencia del resto de las especies".

Como todos sabemos, el Internet es una herramienta muy práctica. La globalización ha hecho que nos comuniquemos con quien tenemos lejos, pero también nos aleja de quienes están cerca. Tal vez ha llegado la hora de re-pensar el equilibrio entre nuestra obsesión con lo digital y la interacción humana cara a cara. 

Emilia Casas

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