NOCTURNOS
Sufrir sin razón y amar con pasión
¡Cómo un ser mortal podría jactarse de vivir! ¡Quién soy yo para presumir de cualquier cosa, si ignoro cuándo he de morir! Todo lo que he hecho carece de importancia.
Dice conocerme un número indeterminado de personas. Pero todavía un servidor ignora cuáles son las últimas células de mi alma, si amo cuando me aman, si olvido cuando me olvidan; si vivo por inercia o porque mi constitución física, mi energía, que ni se crea ni se destruye, que se transformará en vianda de gusano, alimento de hierbas y florecillas, néctar para los dulces insectos, me ha concedido una prórroga hasta que se agote y dé por finalizado el tránsito entre una nada y la otra.
Solo el amor ayuda a paliar la desazón de vivir. Los que no aman padecen el dolor de ser sin saber para qué. Para olvidarme de mí, para que el placer retorciera el gaznate del dolor, quise amar a una mujer. Me convertí en caballero sin espada, en juglar sin poemas; contuve mis deseos sexuales, concedí prioridad a mi inteligencia para amarla antes de gozar; la escuché mientras pensaba, y reflexioné sobre cuánto me transmitió. Y, cuando casi la amaba, la adoraba, la quería, una luna llena me advirtió que no merecía la pena querer a quién no te ama.
Me niego a sufrir sin razón, a llorar sin lágrimas, a besar sin labios, a libar flores secas del almendro, quemadas por la helada, y desperdiciar mi tiempo con personas para las que resulte un bulto con piernas, una cabeza sin seso, un cretino sin criterio, un loco sin manicomio. Solo anhelo a una mujer que me haga reír, aunque me atragante cuando saboreo una gamba al ajillo.
Eugenio-Jesús de Ávila
¡Cómo un ser mortal podría jactarse de vivir! ¡Quién soy yo para presumir de cualquier cosa, si ignoro cuándo he de morir! Todo lo que he hecho carece de importancia.
Dice conocerme un número indeterminado de personas. Pero todavía un servidor ignora cuáles son las últimas células de mi alma, si amo cuando me aman, si olvido cuando me olvidan; si vivo por inercia o porque mi constitución física, mi energía, que ni se crea ni se destruye, que se transformará en vianda de gusano, alimento de hierbas y florecillas, néctar para los dulces insectos, me ha concedido una prórroga hasta que se agote y dé por finalizado el tránsito entre una nada y la otra.
Solo el amor ayuda a paliar la desazón de vivir. Los que no aman padecen el dolor de ser sin saber para qué. Para olvidarme de mí, para que el placer retorciera el gaznate del dolor, quise amar a una mujer. Me convertí en caballero sin espada, en juglar sin poemas; contuve mis deseos sexuales, concedí prioridad a mi inteligencia para amarla antes de gozar; la escuché mientras pensaba, y reflexioné sobre cuánto me transmitió. Y, cuando casi la amaba, la adoraba, la quería, una luna llena me advirtió que no merecía la pena querer a quién no te ama.
Me niego a sufrir sin razón, a llorar sin lágrimas, a besar sin labios, a libar flores secas del almendro, quemadas por la helada, y desperdiciar mi tiempo con personas para las que resulte un bulto con piernas, una cabeza sin seso, un cretino sin criterio, un loco sin manicomio. Solo anhelo a una mujer que me haga reír, aunque me atragante cuando saboreo una gamba al ajillo.
Eugenio-Jesús de Ávila




















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.145