FILOSOFÍAS
La sabiduría del pasado puede ayudarnos a crear un mundo digno
Puede que usted querido lector/a no se vea identificado por los mensajes y consejos que dio el Cristo 2000 años atrás, porque su educación y valores no son religiosos; sin embargo a la luz de los graves problemas que enfrentamos como humanidad, ¿quién no desea fuertemente que se implemente de una vez la justicia y la paz en la faz de la tierra?
Ante todo examinemos la naturaleza de los problemas actuales: la amenaza de una guerra mundial que sería nuclear y destruiría toda la vida en la Tierra; la injusticia que trae como consecuencia la pobreza extrema de millones de personas; la concentración como nunca antes de riqueza y recursos en muy pocas manos; el cambio climático, la destrucción de selvas, bosques y ecosistemas esenciales y como consecuencia de esto las pandemias víricas como el Covid y otras futuras debido a nuestra actuación irresponsable sobre la sobreexplotación de la naturaleza.
Estos problemas globales reflejan el gran desequilibrio de la humanidad: tenemos un sufrimiento innecesario que muestra una civilización decadente, de una gran pobreza ética y espiritual.
Sin embargo, con la riqueza existente, con el desarrollo material, tecnológico y científico, todo ello puesto al servicio de la humanidad, resolvería todos estos graves problemas.
Realmente hemos perdido el rumbo y extraviado los valores esenciales. Éstos, son la Regla de Oro enunciada en todas las latitudes por las principales religiones del mundo y que libres de los dogmas añadidos a posteriori por los hombres, en su pureza original coinciden: “hazle a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti, y no les hagas lo que a ti no te gustaría que te hicieran.”
En la modernidad podemos encontrar estos valores en el lema de la Revolución Francesa: igualdad, libertad, y fraternidad. En efecto, solo la fraternidad podrá materializar esos valores antiguos y modernos. En este tiempo, al borde del precipicio, se ha de manifestar la fraternidad no como palabras vacías, sino en un sistema práctico de compartir los recursos del mundo entre todos y para todos. Compartiendo los recursos se creará confianza, se establecerá la paz y cesará la competición que lleva a la guerra. Compartir y colaborar son los valores que sustituirán la competición y el egoísmo y nos darán un futuro digno.
Todos los grandes maestros de sabiduría que han vivido en la Tierra han señalado ese camino, ya sea Confucio, Krishna, Buda, Cristo, Moisés, Mahoma y grandes filósofos de todas las culturas que han bebido de sus fuentes. Todas las religiones principales están de acuerdo en que existe una ley cíclica por la cual un grupo de hombres muy avanzados vuelven para ayudar e inspirar a los hombres a hacer cambios drásticos en estos momentos de peligro inminente.
Un gran Instructor es esperado en todas ellas dándole diferentes nombres y tiempos de presentación: es el Cristo para los cristianos, el Imán Madhi para los musulmanes, Kalki Avatar para los hindúes, Maitreya Budha para los budistas, el Mesías para los judíos. Él viene para todos los hombres por igual creyentes y no creyentes. Él y su grupo de discípulos nos mostrarán que solo nos queda un camino: el de la justicia, el compartir los recursos, las correctas relaciones y la paz.
(para más información: libros de Alice A. Bailey y Benjamin Creme)
J. F. P y E. Castro
Puede que usted querido lector/a no se vea identificado por los mensajes y consejos que dio el Cristo 2000 años atrás, porque su educación y valores no son religiosos; sin embargo a la luz de los graves problemas que enfrentamos como humanidad, ¿quién no desea fuertemente que se implemente de una vez la justicia y la paz en la faz de la tierra?
Ante todo examinemos la naturaleza de los problemas actuales: la amenaza de una guerra mundial que sería nuclear y destruiría toda la vida en la Tierra; la injusticia que trae como consecuencia la pobreza extrema de millones de personas; la concentración como nunca antes de riqueza y recursos en muy pocas manos; el cambio climático, la destrucción de selvas, bosques y ecosistemas esenciales y como consecuencia de esto las pandemias víricas como el Covid y otras futuras debido a nuestra actuación irresponsable sobre la sobreexplotación de la naturaleza.
Estos problemas globales reflejan el gran desequilibrio de la humanidad: tenemos un sufrimiento innecesario que muestra una civilización decadente, de una gran pobreza ética y espiritual.
Sin embargo, con la riqueza existente, con el desarrollo material, tecnológico y científico, todo ello puesto al servicio de la humanidad, resolvería todos estos graves problemas.
Realmente hemos perdido el rumbo y extraviado los valores esenciales. Éstos, son la Regla de Oro enunciada en todas las latitudes por las principales religiones del mundo y que libres de los dogmas añadidos a posteriori por los hombres, en su pureza original coinciden: “hazle a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti, y no les hagas lo que a ti no te gustaría que te hicieran.”
En la modernidad podemos encontrar estos valores en el lema de la Revolución Francesa: igualdad, libertad, y fraternidad. En efecto, solo la fraternidad podrá materializar esos valores antiguos y modernos. En este tiempo, al borde del precipicio, se ha de manifestar la fraternidad no como palabras vacías, sino en un sistema práctico de compartir los recursos del mundo entre todos y para todos. Compartiendo los recursos se creará confianza, se establecerá la paz y cesará la competición que lleva a la guerra. Compartir y colaborar son los valores que sustituirán la competición y el egoísmo y nos darán un futuro digno.
Todos los grandes maestros de sabiduría que han vivido en la Tierra han señalado ese camino, ya sea Confucio, Krishna, Buda, Cristo, Moisés, Mahoma y grandes filósofos de todas las culturas que han bebido de sus fuentes. Todas las religiones principales están de acuerdo en que existe una ley cíclica por la cual un grupo de hombres muy avanzados vuelven para ayudar e inspirar a los hombres a hacer cambios drásticos en estos momentos de peligro inminente.
Un gran Instructor es esperado en todas ellas dándole diferentes nombres y tiempos de presentación: es el Cristo para los cristianos, el Imán Madhi para los musulmanes, Kalki Avatar para los hindúes, Maitreya Budha para los budistas, el Mesías para los judíos. Él viene para todos los hombres por igual creyentes y no creyentes. Él y su grupo de discípulos nos mostrarán que solo nos queda un camino: el de la justicia, el compartir los recursos, las correctas relaciones y la paz.
(para más información: libros de Alice A. Bailey y Benjamin Creme)
J. F. P y E. Castro




















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