COSAS MÍAS
Y si la Navidad se celebrara en verano…
Sostengo que estas fiestas, de Navidad o de solsticio de invierno, que cada cual celebrará de forma religiosa o pagana, pertenecen a los más pequeños, porque los que ya tenemos más tiempo pretérito que futuro, la sentimos de una forma distinta, mezcla de reencuentro con la familia y recuerdos de las personas que quisimos y ya no son. Schopenhauer nos dejó escrito aquel aserto de que, cuanto más se piensa, más se sufre. En Nochebuena, Navidad y Nochevieja, entre mariscos y asados, vino de Toro y champagne, mazapanes y uvas, reflexiones sobre el tiempo pasado, por los seres queridos que se fueron, nunca sabremos dónde; los amores que ya no volverán, mientras nos deseamos lo mejor sin saber qué significa…casi siempre relacionado con lo material. Un día, no sé si me habría fumado un porro de marihuana, me pregunté: “Y si celebráramos la Navidad, por ejemplo, en verano”.
Nunca me he llevado bien ni la hipocresía ni con la avaricia. Estos últimos días del año, desde el 24 de diciembre hasta el Primero de Enero, abundan los abrazos melifluos, los ósculos al aire, las verdades a medias y las mentiras del revés. Yo amo hoy, mientras nieva, llueve, quema el sol o brilla la luna o pinta el cielo de plata un cometa descerebrado. No me divierto por decreto, ni río ni lloro con todos, como confesase Celaya.
Yo solo pido amor. Ser amado y amar a quién me demuestre detalles, sentimientos y ternura. Solo quiero el bien para mis amigos, para esa mujer que me ocupa y preocupa, para la gente que trabaja conmigo, laboriosa y capaz, bondadosa y sencilla. Siempre. No ahora, en Navidad, cuando resulta tan fácil el apretón de manos, el golpe en la espalda, la falsía y el fariseísmo.
Y no me jubilo, de momento. Este barquito de papel navega por un mar que habla con sus olas de plata y espumas de nata. Ni borrascas políticas ni los huracanes de la envidia lo harán zozobrar. La marinería de El Día de Zamora no tiene prisa por llegar a puerto. Goza cuando el bien derrota al mal. Acompáñame en esta hermosa tarea de leer y escribir a cambio de tan poco.
Ojalá que en la Navidad de 2022 sigas cerca de mí y yo de ti y que ese Tenorio del virus se haya olvidado de Doña Inés.
Eugenio-Jesús de Ávila
Sostengo que estas fiestas, de Navidad o de solsticio de invierno, que cada cual celebrará de forma religiosa o pagana, pertenecen a los más pequeños, porque los que ya tenemos más tiempo pretérito que futuro, la sentimos de una forma distinta, mezcla de reencuentro con la familia y recuerdos de las personas que quisimos y ya no son. Schopenhauer nos dejó escrito aquel aserto de que, cuanto más se piensa, más se sufre. En Nochebuena, Navidad y Nochevieja, entre mariscos y asados, vino de Toro y champagne, mazapanes y uvas, reflexiones sobre el tiempo pasado, por los seres queridos que se fueron, nunca sabremos dónde; los amores que ya no volverán, mientras nos deseamos lo mejor sin saber qué significa…casi siempre relacionado con lo material. Un día, no sé si me habría fumado un porro de marihuana, me pregunté: “Y si celebráramos la Navidad, por ejemplo, en verano”.
Nunca me he llevado bien ni la hipocresía ni con la avaricia. Estos últimos días del año, desde el 24 de diciembre hasta el Primero de Enero, abundan los abrazos melifluos, los ósculos al aire, las verdades a medias y las mentiras del revés. Yo amo hoy, mientras nieva, llueve, quema el sol o brilla la luna o pinta el cielo de plata un cometa descerebrado. No me divierto por decreto, ni río ni lloro con todos, como confesase Celaya.
Yo solo pido amor. Ser amado y amar a quién me demuestre detalles, sentimientos y ternura. Solo quiero el bien para mis amigos, para esa mujer que me ocupa y preocupa, para la gente que trabaja conmigo, laboriosa y capaz, bondadosa y sencilla. Siempre. No ahora, en Navidad, cuando resulta tan fácil el apretón de manos, el golpe en la espalda, la falsía y el fariseísmo.
Y no me jubilo, de momento. Este barquito de papel navega por un mar que habla con sus olas de plata y espumas de nata. Ni borrascas políticas ni los huracanes de la envidia lo harán zozobrar. La marinería de El Día de Zamora no tiene prisa por llegar a puerto. Goza cuando el bien derrota al mal. Acompáñame en esta hermosa tarea de leer y escribir a cambio de tan poco.
Ojalá que en la Navidad de 2022 sigas cerca de mí y yo de ti y que ese Tenorio del virus se haya olvidado de Doña Inés.
Eugenio-Jesús de Ávila





















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.213