ZAMORANA
Siguiendo al rebaño
No expliques a alguien que ría abiertamente como las sombras invaden la luz del día, como el cielo azul que él ve pletórico, se torna en nubarrones que amenazan con desplomarse sobre nosotros.
No expliques a aquel que ama lo que significa un desencuentro, una palabra gruesa, un gesto displicente, una falta de amor o simplemente lo que es la soledad, porque no lo entendería
No le expliques, ni siquiera lo intentes, a aquel que carece de fe hablarle de esperanza o de otro cielo donde nos esperan aquellos que un día se fueron para siempre.
Si no quieres errar, habla de temas vacuos, de flores y unicornios, del tiempo, de la decadencia moral y del tendencioso optimismo de los mediocres; entonces nadie replicará tus palabras porque no existen sentimientos incomodos ni opiniones encontradas.
Sin embargo, si eres de esas personas que gustan de la reflexión, la observación, el estudio, la curiosidad o el cuestionamiento de las cosas, habrás de forjarte unos interlocutores afines con los que entenderte, de los que aprender y con quienes debatir sobre diferentes temas. Con ellos crecerás, el tiempo volará en una continua tormenta de ideas a cuál más interesante y cuando la reunión concluya, te sentirás colmado de luz, henchido de sabiduría y agradecido de la vida.
En estos días que vivimos son pocas las personas que se paran a pensar; la cavilación es cosa de viejos sin nada que hacer, porque la reflexión es costosa, nos lleva a otro nivel, el de la realidad con toda su crudeza, o el de la ficción con toda su magia; en cualquier caso, para muchos resulta más fácil vivir el día a día, colmarse de ocio, atiborrarse de fiesta, aceptar las cosas según vengan y no pararse a pensar en lo que nos dicta una actualidad volátil y pasajera, dominada por unos medios de comunicación sometidos al dictado de unos pocos que marcan lo que hay que decir o escuchar, omitiendo los problemas reales; ese “opio del pueblo” al que se refería Marx aludiendo a la religión, y que en la actualidad se extrapola a todos los acontecimientos que ocurren en este mundo globalizado y sin fronteras.
Las noticias son, en muchos casos, deliberadamente tendenciosas, y guían a la gente por el redil que quieren, abriendo o cerrando determinadas puertas para que el rebaño vaya o venga por las cotas delimitadas de antemano. Pongo algún ejemplo:
¿Qué ha sido de los miles de refugiados de Bielorrusia, acaso ya no son noticia? ¿Cómo viven el duro invierno en pleno campo familias enteras, sin más ayuda que alguna ONG?
¿Qué ha pasado con los miles de migrantes de distintos países latinos –México, sobre todo- que quieren entrar en Estados Unidos y llevan a la intemperie meses, desprotegidos, en manos de mafias y en unas condiciones lamentables?
¿Qué ocurre con Afganistán, con la situación de las mujeres, con los hombres que trabajaron para gobiernos extranjeros que no lograron salir del país y estaban condenados a muerte por los talibanes?
Estas noticias que acaparaban titulares hace apenas unas semanas, ahora ya no existen, no se habla de ellas; son titulares obsoletos. Ahora priman únicamente dos o tres reportes que se repiten mañana, tarde y noche en los informativos: el aumento de casos Covid, la subida sin fin de la luz y el volcán de La Palma. Eso atendiendo a las noticias “serias”, porque en los anuncios publicitarios se nos mete el consumo a emboladas con una publicidad infinita de perfumes y regalos con la excusa de la Navidad, de juguetes por Reyes y de Rebajas tras los saraos.
Resulta fácil no pensar, colocarse frente al televisor y pastar hora tras hora sin cuestionamientos ni controversias; supongo que es una forma de vivir tranquilamente, aunque quienes somos disidentes, amamos la crítica y el cuestionamiento de las cosas, no nos conformamos con tanta docilidad.
Mª Soledad Martín Turiño
No expliques a alguien que ría abiertamente como las sombras invaden la luz del día, como el cielo azul que él ve pletórico, se torna en nubarrones que amenazan con desplomarse sobre nosotros.
No expliques a aquel que ama lo que significa un desencuentro, una palabra gruesa, un gesto displicente, una falta de amor o simplemente lo que es la soledad, porque no lo entendería
No le expliques, ni siquiera lo intentes, a aquel que carece de fe hablarle de esperanza o de otro cielo donde nos esperan aquellos que un día se fueron para siempre.
Si no quieres errar, habla de temas vacuos, de flores y unicornios, del tiempo, de la decadencia moral y del tendencioso optimismo de los mediocres; entonces nadie replicará tus palabras porque no existen sentimientos incomodos ni opiniones encontradas.
Sin embargo, si eres de esas personas que gustan de la reflexión, la observación, el estudio, la curiosidad o el cuestionamiento de las cosas, habrás de forjarte unos interlocutores afines con los que entenderte, de los que aprender y con quienes debatir sobre diferentes temas. Con ellos crecerás, el tiempo volará en una continua tormenta de ideas a cuál más interesante y cuando la reunión concluya, te sentirás colmado de luz, henchido de sabiduría y agradecido de la vida.
En estos días que vivimos son pocas las personas que se paran a pensar; la cavilación es cosa de viejos sin nada que hacer, porque la reflexión es costosa, nos lleva a otro nivel, el de la realidad con toda su crudeza, o el de la ficción con toda su magia; en cualquier caso, para muchos resulta más fácil vivir el día a día, colmarse de ocio, atiborrarse de fiesta, aceptar las cosas según vengan y no pararse a pensar en lo que nos dicta una actualidad volátil y pasajera, dominada por unos medios de comunicación sometidos al dictado de unos pocos que marcan lo que hay que decir o escuchar, omitiendo los problemas reales; ese “opio del pueblo” al que se refería Marx aludiendo a la religión, y que en la actualidad se extrapola a todos los acontecimientos que ocurren en este mundo globalizado y sin fronteras.
Las noticias son, en muchos casos, deliberadamente tendenciosas, y guían a la gente por el redil que quieren, abriendo o cerrando determinadas puertas para que el rebaño vaya o venga por las cotas delimitadas de antemano. Pongo algún ejemplo:
¿Qué ha sido de los miles de refugiados de Bielorrusia, acaso ya no son noticia? ¿Cómo viven el duro invierno en pleno campo familias enteras, sin más ayuda que alguna ONG?
¿Qué ha pasado con los miles de migrantes de distintos países latinos –México, sobre todo- que quieren entrar en Estados Unidos y llevan a la intemperie meses, desprotegidos, en manos de mafias y en unas condiciones lamentables?
¿Qué ocurre con Afganistán, con la situación de las mujeres, con los hombres que trabajaron para gobiernos extranjeros que no lograron salir del país y estaban condenados a muerte por los talibanes?
Estas noticias que acaparaban titulares hace apenas unas semanas, ahora ya no existen, no se habla de ellas; son titulares obsoletos. Ahora priman únicamente dos o tres reportes que se repiten mañana, tarde y noche en los informativos: el aumento de casos Covid, la subida sin fin de la luz y el volcán de La Palma. Eso atendiendo a las noticias “serias”, porque en los anuncios publicitarios se nos mete el consumo a emboladas con una publicidad infinita de perfumes y regalos con la excusa de la Navidad, de juguetes por Reyes y de Rebajas tras los saraos.
Resulta fácil no pensar, colocarse frente al televisor y pastar hora tras hora sin cuestionamientos ni controversias; supongo que es una forma de vivir tranquilamente, aunque quienes somos disidentes, amamos la crítica y el cuestionamiento de las cosas, no nos conformamos con tanta docilidad.
Mª Soledad Martín Turiño




















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