Miércoles, 04 de Febrero de 2026

Eugenio de Ávila
Miércoles, 19 de Enero de 2022
RES PÚBLICA

La historia siempre se repite: ahora como farsa

[Img #61254]Pedro Sánchez no gobierna. Le permiten hacer sus socios. Él figura. Permanecer en La Moncloa provoca tolerar chantajes, en primer lugar, de Unidas Podemos, y después de Bildu, PNV, ERC, Juntos por Cataluña y demás cuates del racismo periférico y ultraizquierda antiespañola. Sus enemigos íntimos saben que su Presidencia depende de ellos. Y Pedro Sánchez solo quiere permanecer, que es algo esencialmente reaccionario, como presidente de los ejecutivos.  Y pluralizo porque hay dos gobiernos en uno, o tres, porque la vice 2ª va por libre. El misterio de la Santísima Trinidad en la católica España. Azaña se equivocó.

 

Recuerde el lector ecuánime, no trotskista, ni marxista, ni fascista, que la primera crisis de Gobierno, Sánchez solo cambió a ministros del PSOE. Casi un 40% de su gabinete. Pero dejó incólumes los ministerios podemitas. El comunismo -un invento judío-  que no tiene patria, solo la Rusia de los soviets, siempre jugó con el PSOE y el socialismo, aquí y en Europa. A Largo Caballero, el revolucionario, el enemigo de la  República liberal, la de Ortega, Pérez de Ayala y Marañón, lo apartó del Gobierno, en 1937, el PCE de Stalin: “La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo y, como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”. Largo Caballero en un mitin en Linares, el 20 de enero de 1936”.

 

Entonces, el PSOE era un partido revolucionario, obrero, si exceptuamos a algunas intelectuales. Cuando tomó el poder en octubre de 1982, ya no era partido proletario, porque sus líderes no venían, salvo alguna excepción, caso de Guerra, de la clase obrera. Por lo tanto, Felipe ejecutó todas las reconversiones, industriales y agrarias, que interesaban al gran capital americano y europeo y, por supuesto, al español. Una formación de derechas nunca habría podido realizar esa labor demoledora. Las siglas y el pasado engañaron a los trabajadores españoles.

 

Pero el partido, que se inventó el linotipista Pablo Iglesias, regresó a un marxismo light con Zapatero, que dejó el Estado en coma: economía y crisis catalana. Después, Pedro Sánchez eligió pactar con los enemigos de España y la formación que carece de patria, huérfana, los parias del mundo pero con propiedades que envidiaría cualquier burgués. Y así le va ahora. Todas las mañanas, además del zumo de naranja, se traga unos cuantos sapos de ocurrencias políticas. Y él se lamenta en la SER, la única emisora a la que concede entrevistas, sostenida por el gran capital español, como todo el grupo PRISA, léase Banco de Santander, Telefónica, BBVA, Caixa y demás enemigos del marxismo. Ser rico y comunista me parece uno de los oxímoron más inefables de la sociología y la psicología. Ser obrero y de derechas incluso resulta  más gracioso.

 

Todo tiene su lógica. Pedro Sánchez, como casi todos los políticos, ama el poder como yo deseo a Mónica Bellucci. Él lo hace porque le produce éxtasis psíquicos. Yo deseo a la actriz italiana porque soy un lirico que ama lo imposible.

 

Al pueblo, una excusa, solo se le convoca para rubricar el engaño. Después, se le olvida. Las izquierdas se autoproclaman defensoras de los humildes. Cuento. El partido de la derecha se apellida popular. Engaño. Pedro Sánchez sabe que miente, pero le va bien. Sus socios también reconocen que el presidente nunca dice la verdad. Pero la mentira da sus frutos. La gente no se entera. El personal, al final, siempre vota en contra más que a favor, o porque le tiene manía a un partido, casi siempre por tradición familiar.

 

Concluirá esta legislatura con presidente que actuó como tal, pero no gobernó, porque el Reino de España vivió administrado por dos ejecutivos, tirando cada cual para su lado. No va más. Sucedió en la II República: el primer gobierno republicano-socialista desembocó en unas elecciones que otorgaron un triunfo absoluto del centro derecha. Después, el PSOE dio un golpe de Estado. La historia se repite. Eso decía Marx. La primera como tragedia, la segunda como comedia…

Eugenio-Jesús de Ávila

 

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