NOCTURNOS
No guardo el amor, lo doy
No tengo novia, ni amante, ni querida. No tengo propiedad sobre persona alguna. Mi novia, mi amante, mi querida, en todo caso, me tendría a mí. Solo poseo cosas materiales, las que me ayudan a sosegar mi espíritu: libros, discos, películas y algunas pinturas, y un can que va envejeciendo como yo, que me sacaba a pasear y me escribe algunos artículos y me escucha, atento, cuando hablo con mi soledad.
Yo amo a una mujer, pero no la tengo, ni quiero que sea mía. La deseo libre como el éter, ni tan si quiera como el agua, que puede transformarse en hielo o en vapor. No la quiero nube, porque llegará Eolo y la apartará de mí para que llueva en otras tierras, ríos y mares. Me encantaría convertirme en propiedad de la dama que adoro. Esa mujer es mi diosa. Soy un fiel, un alma pía, que le reza, que le escribe cartas de amor, casi un místico.
No se ama lo que se posee. Tener novia, mujer, amante conduce, inexorablemente, al egoísmo, a la falta de respeto, al olvido, a la inercia del sexo, al tedio del placer por el placer. A mí no me tiene nadie. Solo la dama que sueño, a la que beso con cada una de mis palabras, a la que le hago el amor con la sintaxis. No guardo el amor, lo doy.
Eugenio-Jesús de Ávila
No tengo novia, ni amante, ni querida. No tengo propiedad sobre persona alguna. Mi novia, mi amante, mi querida, en todo caso, me tendría a mí. Solo poseo cosas materiales, las que me ayudan a sosegar mi espíritu: libros, discos, películas y algunas pinturas, y un can que va envejeciendo como yo, que me sacaba a pasear y me escribe algunos artículos y me escucha, atento, cuando hablo con mi soledad.
Yo amo a una mujer, pero no la tengo, ni quiero que sea mía. La deseo libre como el éter, ni tan si quiera como el agua, que puede transformarse en hielo o en vapor. No la quiero nube, porque llegará Eolo y la apartará de mí para que llueva en otras tierras, ríos y mares. Me encantaría convertirme en propiedad de la dama que adoro. Esa mujer es mi diosa. Soy un fiel, un alma pía, que le reza, que le escribe cartas de amor, casi un místico.
No se ama lo que se posee. Tener novia, mujer, amante conduce, inexorablemente, al egoísmo, a la falta de respeto, al olvido, a la inercia del sexo, al tedio del placer por el placer. A mí no me tiene nadie. Solo la dama que sueño, a la que beso con cada una de mis palabras, a la que le hago el amor con la sintaxis. No guardo el amor, lo doy.
Eugenio-Jesús de Ávila


















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