LA COLUMNA DE DOÑA ELVIRA
La vida con poesía
Irene Alfajeme
Si sometemos a condena el amor, ¿qué nos queda? Poesía ya no. Si apartamos aquello que nos mantiene viva el alma; ¿qué nos queda? Poesía ya no. Entonces, yo me pregunto, por qué muchas más veces de las que queremos nos autoboicoteamos cuando nos va bien; cuando las cosas que más deseamos nos llegan o cuando a quien queremos nos corresponde. Cuando, el amor, en definitiva, nos inunda en su máximo esplendor, pero lo rechazamos. Por miedo. Por no saber qué hacer con él. Un sinsentido, se puede pensar, mientras escribo estas líneas (qué fácil es todo en la teoría).
Cuando alcanzamos la poesía deseada en nuestras vidas. Cuando encontramos nuestra pasión, nuestra alegría de vivir; ese amor, que siempre has tenido, pero que, por casualidades varias, no llegaste a encontrar antes: nos da miedo reconocerlo. Lo desperdiciamos. Pero no, no hagamos caso a esas promesas que nos dicen -en nuestro subconsciente- que “nada saldrá bien”, “no hagas eso” …; no. Sigamos nuestro instinto, nuestra pasión, nuestra poesía, en definitiva. Ese sentimiento derivado del alma, que, con calma, sale al exterior, con todo su esplendor, mostrándonos, con vergüenza, a nuestro peor enemigo: aquel que vemos en el espejo día a día, aquel que nos boicotea, aquel que está leyendo estas líneas, y que sabe, que, a partir de ahora, mirará la vida con poesía. Mirará la vida con amor, cónyuge del resto de sus sentidos, que aflorarán, poco a poco, con pausa y con buena letra, esperando encontrar su pasión sin miedo, ni excusas sin pretexto. Y, cuando finalmente la encuentre, sabrá que siempre ha estado.
Si sometemos a condena el amor, ¿qué nos queda? Poesía ya no. Si apartamos aquello que nos mantiene viva el alma; ¿qué nos queda? Poesía ya no. Entonces, yo me pregunto, por qué muchas más veces de las que queremos nos autoboicoteamos cuando nos va bien; cuando las cosas que más deseamos nos llegan o cuando a quien queremos nos corresponde. Cuando, el amor, en definitiva, nos inunda en su máximo esplendor, pero lo rechazamos. Por miedo. Por no saber qué hacer con él. Un sinsentido, se puede pensar, mientras escribo estas líneas (qué fácil es todo en la teoría).
Cuando alcanzamos la poesía deseada en nuestras vidas. Cuando encontramos nuestra pasión, nuestra alegría de vivir; ese amor, que siempre has tenido, pero que, por casualidades varias, no llegaste a encontrar antes: nos da miedo reconocerlo. Lo desperdiciamos. Pero no, no hagamos caso a esas promesas que nos dicen -en nuestro subconsciente- que “nada saldrá bien”, “no hagas eso” …; no. Sigamos nuestro instinto, nuestra pasión, nuestra poesía, en definitiva. Ese sentimiento derivado del alma, que, con calma, sale al exterior, con todo su esplendor, mostrándonos, con vergüenza, a nuestro peor enemigo: aquel que vemos en el espejo día a día, aquel que nos boicotea, aquel que está leyendo estas líneas, y que sabe, que, a partir de ahora, mirará la vida con poesía. Mirará la vida con amor, cónyuge del resto de sus sentidos, que aflorarán, poco a poco, con pausa y con buena letra, esperando encontrar su pasión sin miedo, ni excusas sin pretexto. Y, cuando finalmente la encuentre, sabrá que siempre ha estado.



















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.53