Nélida L. Del Estal Sastre
Lunes, 31 de Enero de 2022
CON LOS CINCO SENTIDOS

Los "lisssstos"

Si me preguntas alguna vez por lo que he sacado en claro de la vida (aún me queda, pero a mis años ya he aprendido algo), te diré que bien poca cosa. A veces, algunas, se me ha infravalorado y he de decirte que eso me ha cabreado mucho. El que alguien mediocre no aprecie lo que tiene entre manos, cuando esto es mejor que lo que te puede ofrecer, es para mandarle directamente al primer Juzgado de Guardia que se encuentre abierto, por necio, tonto y por imbécil; por no mandarle a la mierda sin ningún tipo de contemplación. Eso en Primera Instancia. 

 

     Hay gente o gentuza, que piensa que por creerse algo (que no serlo) puede utilizar, desechar a sus pares a su antojo y luego dejarlos como si fueran basura en cualquier contenedor. Craso error. Y más cuando esas personas pueden pensar, discernir e, incluso, superar a su excelso depredador. Jamás menosprecies a nadie, nunca sabes por qué situaciones ha transcurrido el devenir de su vida, lo mismo hasta te puede dar lecciones para que selles tu boca, por pudor más que nada. 

 

      Hay mucho mediocre suelto por ahí, amigos, cuidado, son de esos que piensan que eres utilizable y luego desechable, como una mascarilla, cuando, finalmente, somos nosotros los que ganamos la partida, aunque nuestra victoria sea pírrica… pero como ellos no lo saben, ese es nuestro gran poder y hay que aprovecharlo. Acabarán trabajando en nuestras empresas, bajo nuestra supervisión (¡JA! ¿Quién lo diría?) y nosotros seremos buena gente, porque no sabemos ser de otro modo. La vida da tantas vueltas que hoy te mareas tú, mañana vomito yo. Pero lo mío suele ser esperable porque no sé mentir o fingir, me pongo colorada. Por esa razón admiro (pero es de una admiración un poco asquerosilla) a los que son capaces de lamer culos, mirar por encima del hombro, lloriquear cuando quieren conseguir algo, olvidar un favor que les hiciste y mostrar un sinfín de caretos diferentes, dependiendo de con quién tengan que lidiar. Debe de ser terroríficamente agotador. 

 

       Son como reinonas en su mundo de caramelo y gominola, rodeados de unicornios (sin haber fumado nada sospechoso, sólo porque se creen guays) y pensando que haremos siempre lo que sea su santa voluntad por el hecho de ser ellos mismos en su universo, ordenando y mandando. Son los que te llaman para contarte sus miserias y luego no te cogen el teléfono para escuchar las tuyas, que también las tienes y a lo mejor te da por buscar a alguien que te mire un ratito a la cara sin juzgarte. 

 

        Lo peor de esta estirpe de gilipollas, porque amigos, esto es de lo más heredable, es que te pueden pegar parte de su genética estupidez. Así que un contundente “vete a la mierda” o, si eres más educado, un simple pero firme “NO”, vienen de lujo para que se vayan acostumbrando y empiecen a tolerar la frustración.  

        Si es que son como niños y hay que mostrarles el camino…El camino de salida, claro. 

 

Nélida L. del Estal Sastre 

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