HABLEMOS
El gran… estadista
Carlos Domínguez
Un Biden a todas luces senil desde una venerable ancianidad, pues ésta de algún modo siempre lo es a la espera más bien rauda de lo por llegar, hasta ahora ha manejado con acierto la crisis ucraniana, en beneficio de su país a título de primera potencia mundial. A fin de cuentas, tratándose de materia militar diríamos que la veteranía es un grado, o por el lado del refranero, aquello de que “sabe más el diablo por viejo que por diablo”. Ambas cosas aplicables a un líder astuto y sibilino, siquiera por lo añoso y la mucha experiencia que carga a las espaldas.
Pero como en este mundo global vivimos como vivimos, alguna luminaria neológica perpetraría que “arrejuntos”, a cualquiera puede darle por acudir a un clásico como Plutarco y sus Vidas paralelas, para establecer la comparación, somera e inevitablemente exagerada dados los currículos respectivos, con el papelón de nuestro estadista de baratillo al frente de su ejecutivo chaplinesco. A diferencia del Biden calculador y sutil, lo cual en su caso por fortuna va en el cargo, Sánchez de pronto parece arrebatado por un fervor militarista y belicista, para enviar en nuevo y renovado alarde un buque “cazaminas”, según nomenclátor digno de pasar a la historia militar como aportación de nuestra aguerrida ministra de Defensa, ejerciendo como suele de apagafuegos a hilo y ovillo giratorio de un fructífero oportunismo, al servicio del PSOE en cualquier etapa y mandato. El caso es que, como Sánchez tiende a adornarse por naturaleza y propaganda, yéndose arriba claro está en la comedia, hoy nos encontramos con que lo de Aznar y las Azores a él se le quedaría corto, y de ahí que haya decidido lidiar de premier a lo Churchill contra la Rusia mala pero que muy mala, y a lo que se ve más todavía que el Irak de Sadam Husein.
El bochorno internacional por el que se está haciendo pasar a España no tiene parangón. El esperpento mediático del presidente despachando con telefonillo de la época de Bell es un burdo montaje digno de su protagonista, exhibiendo pose y atuendo de andar por casa, ¡sublime el suéter!, como si la informalidad impostada de que se hace gala fuera capaz de disimular la mediocridad y galáctica humillación de quien ha sido no ya excluido, sino marginado y ninguneado con nocturnidad y alevosía por un Biden gringo viejo, liderando la Administración recibida en su día con entusiasmo paleto por secta y militancia progresista. En definitiva, que para Sánchez, y peor aún, para una España a la que zapaterismo y sanchismo han relegado a la condición de potencia, un suponer, de decimoquinta o decimosexta fila, OTAN de entrada no fuera del rol de mandado, asumido con obsequiosa mansedumbre. Y hablando de atuendos, después de la gloriosa performance sumada a la previa de la alpargata, quizá no estuviera de más renovar el atrezo del teatrillo monclovita, para incluir el dignísimo uniforme de ujier o chambelán, luciendo por rango, aula y palacio, la gorra y librea consabidas.
Un Biden a todas luces senil desde una venerable ancianidad, pues ésta de algún modo siempre lo es a la espera más bien rauda de lo por llegar, hasta ahora ha manejado con acierto la crisis ucraniana, en beneficio de su país a título de primera potencia mundial. A fin de cuentas, tratándose de materia militar diríamos que la veteranía es un grado, o por el lado del refranero, aquello de que “sabe más el diablo por viejo que por diablo”. Ambas cosas aplicables a un líder astuto y sibilino, siquiera por lo añoso y la mucha experiencia que carga a las espaldas.
Pero como en este mundo global vivimos como vivimos, alguna luminaria neológica perpetraría que “arrejuntos”, a cualquiera puede darle por acudir a un clásico como Plutarco y sus Vidas paralelas, para establecer la comparación, somera e inevitablemente exagerada dados los currículos respectivos, con el papelón de nuestro estadista de baratillo al frente de su ejecutivo chaplinesco. A diferencia del Biden calculador y sutil, lo cual en su caso por fortuna va en el cargo, Sánchez de pronto parece arrebatado por un fervor militarista y belicista, para enviar en nuevo y renovado alarde un buque “cazaminas”, según nomenclátor digno de pasar a la historia militar como aportación de nuestra aguerrida ministra de Defensa, ejerciendo como suele de apagafuegos a hilo y ovillo giratorio de un fructífero oportunismo, al servicio del PSOE en cualquier etapa y mandato. El caso es que, como Sánchez tiende a adornarse por naturaleza y propaganda, yéndose arriba claro está en la comedia, hoy nos encontramos con que lo de Aznar y las Azores a él se le quedaría corto, y de ahí que haya decidido lidiar de premier a lo Churchill contra la Rusia mala pero que muy mala, y a lo que se ve más todavía que el Irak de Sadam Husein.
El bochorno internacional por el que se está haciendo pasar a España no tiene parangón. El esperpento mediático del presidente despachando con telefonillo de la época de Bell es un burdo montaje digno de su protagonista, exhibiendo pose y atuendo de andar por casa, ¡sublime el suéter!, como si la informalidad impostada de que se hace gala fuera capaz de disimular la mediocridad y galáctica humillación de quien ha sido no ya excluido, sino marginado y ninguneado con nocturnidad y alevosía por un Biden gringo viejo, liderando la Administración recibida en su día con entusiasmo paleto por secta y militancia progresista. En definitiva, que para Sánchez, y peor aún, para una España a la que zapaterismo y sanchismo han relegado a la condición de potencia, un suponer, de decimoquinta o decimosexta fila, OTAN de entrada no fuera del rol de mandado, asumido con obsequiosa mansedumbre. Y hablando de atuendos, después de la gloriosa performance sumada a la previa de la alpargata, quizá no estuviera de más renovar el atrezo del teatrillo monclovita, para incluir el dignísimo uniforme de ujier o chambelán, luciendo por rango, aula y palacio, la gorra y librea consabidas.


















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