Kebedo
Lunes, 07 de Febrero de 2022
MI VECINA MARISOL

La vergüenza de nuestros políticos

[Img #62133]El espectáculo ofrecido por nuestros políticos en el Congreso de los Diputados el día de la aprobación de la Reforma Laboral fue bochornoso; es mi opinión y así se lo hice ver a  vecina Marisol cuando nos encontramos. Venía caminando con su inseparable Concepción, la eficiente funcionaria que no dice tacos y que le sirve de freno. Y le dije también que no todos los políticos son unos desalmados e irresponsables, algunos mucho más que otros. No podemos juzgar a todos con el mismo rasero aunque nuestra clase política, en general, da pena, por no decir asco.

Pero mi vecina, que es más vehemente, estaba absolutamente indignada con el comportamiento de muchos de ellos, antes, durante y después de la sesión de aprobación.

-En primer lugar, creo yo-, me dice Marisol, -la aprobación de ésta reforma era absolutamente necesaria. Van a desaparecer la mayoría de los contratos temporales, los de la trampa de la contratación precaria, los de la contratación de lunes a viernes, ¡que hasta la Administración ha entrado en ese juego!. Y, sin entrar en temas más técnicos que sustenten la bondad de esta reforma, la mejor prueba es que Patronal, Asociaciones de Autónomos y Sindicatos consiguieron ponerse de acuerdo y tiraron para adelante. ¿Qué más se necesita en una España en la que ha sido casi imposible llegar a acuerdos tan importantes desde hace muchísimos años? . Esto nos hace reconciliarnos con algunos de los integrantes de nuestra sociedad-, continúa mi vecina.

Pero, según se ve, a algunos no les parece bien éste acuerdo o les parece insuficiente. No se puede entender a un PP votando en contra de lo que sus socios de la CEOE consideran bien; o no se puede entender como un representante de izquierdas, como es Gabriel Rufián, de ERC, puede votar en contra también de un acuerdo que mejora notablemente  al que está en vigor actualmente. ¿Le parece mejor al señor Rufián el anterior que éste?. ¡Incomprensible!.

Y Marisol sale enseguida a la explicación. –A Casado le importa un rábano el acuerdo, lo único que le importa, como desde hace tres años, es llevarle la contraria a Sánchez, diga lo que diga y haga lo que haga. Y claro llega a caer en el absurdo de tropezar hasta con la CEOE-.

-¿Y lo de Rufián?-, le pregunto. –Pues Rufián ha querido ser otra vez el más listo de la clase. Rufián claramente está favor de derogar la actual ley laboral ¡no faltaba mas!, pero quería sobresalir como el que no se casa con el PSOE si no se hace todo lo que exija. De modo que le dice NO a la nueva ley, porque sabe que iba a ser aprobada sin su ayuda. Los números salían porque hasta Ciudadanos estaba de acuerdo-, me contesta.

-Pues esa es otra cosa que tampoco le gustó a Gabriel Rufián “el ofendidito”, que Ciudadanos estuviese de acuerdo-, le digo yo a mi vecina.

-¡Ya ves tú, qué tiene que ver que dos partidos políticos de signos distintos puedan estar de acuerdo en algo que es beneficioso para España!. Es que es el colmo de la tontería que estemos aún así-, protesta Marisol.

Y tiene razón, no hay quien entienda la dificultad que tenemos en España para que dos partidos se pongan de acuerdo en nada. No debemos olvidarnos que, de ese acuerdo, estaban pendientes miles de millones de euros que vendrán de la Comunidad Europea.

-¿Así es como el PP defiende la “españolidad” que predica?-, se enfada Marisol. -Si se vota en contra y este acuerdo no sale, nos quedamos sin dinero y nos quedamos con una ley absolutamente anticuada, trasnochada y desequilibrada. Hasta los empresarios lo han reconocido-. El enfado de mi vecina solo lo calma su amiga. Y eso que hoy, mi vecina no ha dicho ni una sola palabrota.

Pero llega el día de la votación, los números iban a salir, por poquito, pero salían y sus señorías le dan a los botones. Y empezamos a ver caras desencajadas, estupefacción, miradas a sitios no previstos, la Señora Batet  que se confunde a la hora de cantar el bingo, la bancada socialista palidece y los contrarios gritan y saltan de alegría, hasta que alguien le dice “Doña Meritxell, que es al revés, que ha sido niño”. Y la Señora Batet se corrige y la bancada socialista salta de alegría, se abrazan, se besan y los contrarios gritan, bufan, dicen improperios y se acuerdan de toda la parentela de Doña Meritxell y se arma la marimorena.

“Tongo”, gritan algunos de los socios de la derecha. “Robo”, gritan los socios de la más derecha”. Y se empiezan a ver los colorines del panel y se ve que se aprueba la reforma por un solo voto. Y las cuentas no cuadran porque se sospecha que alguien no ha votado lo que tenía que votar y empiezan a fijarse en los quienes. Y se ve que un diputado del PP ha votado lo contrario de lo que debía haber hecho, es decir, ha votado SÍ a la reforma. ¡La leche!, entonces ¿qué ha pasado?, tendría que haber más diferencia. Y vuelven a hacer números y se ve que los dos diputados de UPN han votado que NO cuando el acuerdo de su partido con el PSOE, hecho público, incluso esa misma mañana, era que tenían que votar que SÍ.

Y resulta que, por otro lado,  el diputado del PP que voto SÍ se había equivocado de tecla, evidentemente, por eso el recuento salió igualmente favorable a la aprobación de la nueva ley.

Y ahí debió quedarse la cosa, en que dos diputados de UPN son sospechosos de algo y un diputado del PP, Don Alberto Casero, que votó telemáticamente porque dijo que estaba enfermo, es sospechoso de torpe, porque luego se descubrió que se había equivocado de tecla dos veces más en sendas votaciones. ¡Inaudito!.

-Ya, pero no se quedó ahí la cosa, claro que no-, se indigna mi vecina, -El PP pidió la rectificación de esa votación a sabiendas de que nunca se ha rectificado ningún error a lo largo de la historia del Congreso de los Diputados. Y luego alegaron un error informático sin darse cuenta de que es imposible por la configuración del sistema. Que, en todo caso, tendrían que haber sido tres errores informáticos, no solo uno, por las tres meteduras de pata del Señor Casero, que a pesar de estar muy “enfermo” se presentó inmediatamente en el congreso para decirle a todo quisque que se había equivocado y que “por la gloria de su madre” que lo iban a crujir-, termina Marisol toda irritada.

-¡Qué espectáculo más bochornoso!. ¡Son una vergüenza éstos políticos, dan ganas de no volver a ir a votar!-, dice …, no, no lo dice Marisol, lo dice Concepción, absolutamente abrumada y es Marisol la que la apacigua.

 –No digas eso, mujer, a votar hay que ir siempre, es la esencia de la democracia, aunque sea una democracia imperfecta como al que tenemos aquí, pero debemos ir porque de lo contrario siempre saldrá lo que no queremos-.

-Ahora solamente queda saber si esos dos diputados de UPN han sido “alquilados” por las otras derechas y a cuánto asciende el alquiler-, remata la conversación mi vecina y se van del brazo ambas mujeres a repetir la napolitana de chocolate y me dejan pensando en lo del “alquiler”.

-¡Pues están los alquileres de cojones!-, digo yo.

-Menos mal que no me oyó la funcionaria eficiente-.

Kebedo.  

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