NOCTURNOS
La libertad de leer, escribir y amar
![[Img #62724]](https://eldiadezamora.es/upload/images/02_2022/605_ella.jpg)
Hay instantes diseñados por la vida para degustar la libertad. Si me dieran a elegir, pondría el énfasis en tres momentos: leer un libro, escribir y amar a una mujer. La lectura no se comparte con nadie. Cada palabra la atrapan tus ojos, tu cerebro la saborea y tu alma se alimenta de la sintaxis que la convierte en arte. No existe nadie. Eres tú, hipnotizado por la belleza, por la literatura. Te olvidas del tiempo y de ti mismo, porque entras en esa novela, en esas estrofas, en esos ensayos y en la historia. Dejas tu carne para convertirte en logos, en intelecto, en razón. Después, cuando cierres ese libro, regresarás a tu estado cotidiano y volverás a saber cómo te llamas, quién eres y a quién amas, si estás enamorado.
Escribir supone un acto de suma libertad. Diría que tu sensibilidad, escondida entre las faldillas de tu esencia, se hace carne, se expresa en palabras escritas. Tu cerebro intenta buscar los verbos que expresen sus sentimientos. Ordenarlos. Esculpirlos. Quitar lo que estorba para que la palabra intente -casi nunca lo consigue- representar las emociones que nacen en tus adentros, en tu espíritu.
Yo escribo como amo o quizá amo como escribo. Existo porque amo. Amo porque escribo. Existo porque escribo. Quizá a la mujer que me lee y le disguste lo que escribo, me odie o no exista para ella.
Y amar a una dama también es un acto de libertad sublime. Dos almas deciden alcanzar el éxtasis a través de los cuerpos que ocupan. Carne que se confunde con otra carne, ingles sobre ingles, pectorales que acarician unos senos, grandes, pequeños, suaves, perfectos; vía láctea de la vida. Cópula para que dos libertades individuales se conviertan en un placer divino, en una fusión de sentimientos. Gozas tú, pero te olvidas de tu nombre; disfruta ella, que no sabe quién es ya. No existe el tiempo. Y te elevas a otra dimensión. Durante unos segundos habitas la eternidad.
Eugenio-Jesús de Ávila
![[Img #62724]](https://eldiadezamora.es/upload/images/02_2022/605_ella.jpg)
Hay instantes diseñados por la vida para degustar la libertad. Si me dieran a elegir, pondría el énfasis en tres momentos: leer un libro, escribir y amar a una mujer. La lectura no se comparte con nadie. Cada palabra la atrapan tus ojos, tu cerebro la saborea y tu alma se alimenta de la sintaxis que la convierte en arte. No existe nadie. Eres tú, hipnotizado por la belleza, por la literatura. Te olvidas del tiempo y de ti mismo, porque entras en esa novela, en esas estrofas, en esos ensayos y en la historia. Dejas tu carne para convertirte en logos, en intelecto, en razón. Después, cuando cierres ese libro, regresarás a tu estado cotidiano y volverás a saber cómo te llamas, quién eres y a quién amas, si estás enamorado.
Escribir supone un acto de suma libertad. Diría que tu sensibilidad, escondida entre las faldillas de tu esencia, se hace carne, se expresa en palabras escritas. Tu cerebro intenta buscar los verbos que expresen sus sentimientos. Ordenarlos. Esculpirlos. Quitar lo que estorba para que la palabra intente -casi nunca lo consigue- representar las emociones que nacen en tus adentros, en tu espíritu.
Yo escribo como amo o quizá amo como escribo. Existo porque amo. Amo porque escribo. Existo porque escribo. Quizá a la mujer que me lee y le disguste lo que escribo, me odie o no exista para ella.
Y amar a una dama también es un acto de libertad sublime. Dos almas deciden alcanzar el éxtasis a través de los cuerpos que ocupan. Carne que se confunde con otra carne, ingles sobre ingles, pectorales que acarician unos senos, grandes, pequeños, suaves, perfectos; vía láctea de la vida. Cópula para que dos libertades individuales se conviertan en un placer divino, en una fusión de sentimientos. Gozas tú, pero te olvidas de tu nombre; disfruta ella, que no sabe quién es ya. No existe el tiempo. Y te elevas a otra dimensión. Durante unos segundos habitas la eternidad.
Eugenio-Jesús de Ávila

















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