PRIMERA DIVISIÓN RFEF
El Zamora caza un punto en el descuento que quizá no le sirva para nada: 1-1
El Talavera fue superior durante casi todo el partido, pero se conformó con su gol, ante un Zamora impotente, psiquicamente débil y con escaso fútbol
El Zamora CF parece un equipo hecho para sufrir y hacer sufrir. Hay cierto masoquismo en este del fútbol. Hoy, los rojiblancos se jugaban, casi de forma definitiva, medio billete para la permanencia, y, cuando más lo necesitaban, ofrecieron uno de los partidos más flojos de la temporada. Solo durante el primer cuarto de hora, los hombres de Yago Iglesias mostraron capacidad y calidad para ganar al Talavera, un equipo fortísimo en el juego aéreo, peligroso en el fútbol estático e inexpugnable por arriba cuando el rival centra y busca el área por la atmósfera.
Los manchegos superaron al Zamora en todos los frentes a partir del minuto 20, desde que lanzaron cuatro saques de esquina consecutivos, metiendo el miedo en el cuerpo a los rojiblancos que se acongojaron, hasta el punto de venirse abajo y ceder el peso del partido a su rival. Solo hubo una oportunidad, en botas de Losada, cuando se plantó solo ante el portero, pero un defensa se la levantó un segundo antes de que el madrileño chutara a puerta.
Cierto que el Talavera dominaba el choque, pero tampoco Pau Torres se vio muy obligado. El Zamora defendía bien, sin grandes problemas, con lo que el partido condujo al tedio. Ambas escuadras se lo jugaban todo, pero no transmitieron nada a las gradas.
Para colmo de males, Herrera, el mejor de los rojiblancos, por su continua pugna con los centrales manchegos, que le superaban en envergadura, se lesionaba, tras caerse al césped, empujado por un rival. Luxación de hombro y a vestuarios para las primeras curas. Al iniciarse la segunda mitad, Diego le sustituiría.
Y como este Zamora pasa del rosa al amarillo en instantes, en el minuto 50, Luque incursiona por la banda izquierda, en la ocasión más clara de los rojiblancos, pero su pase de la muerte se quedó en un centro de futbolista cándido. Pues hete aquí que, tras ese error, el Talavera enhebró un excelente contragolpe que pillo a la defensa rojiblanca fuera de sitio, para marca su tanto, a bocajarro, después de un centro por la izquierda que remató, a puerta vacía, estirándose, Toño Calvo.
El cuadro rojiblanco, tras verse por detrás en el marcador, se desmoronó. El Talavera pudo haber cerrado el partido, pero creyó que valdría con ese tanto para sumar tres puntos esenciales.
A Yago Iglesias no le quedó más remedio que realizar dos cambios más, tras el de Herrera, el minuto 62. Entraron Dani Hernández y Kepa y salieron del campo Balselga y Losada, a los que apenas se les vio. Un minuto después, el técnico manchego realizaba su primer cambio: se iba Pichín y entraba Pablo Monroy.
Los cambios tampoco se notaron mucho, porque las áreas rivales apenas se pisaron con peligro y los porteros tampoco se emplearon con magisterio.
El Zamora seguía demostrando su impotencia para realizar un fútbol que desarbolara al Talavera. Ramos había adelantado más aún su posición, jugando casi como media punta. Kepa entraba por la diestra y Jorge Fernández, por la siniestra. Pero los centros o eran flojos o el potencial aéreo de la zaga visitante los abortaban.
En el minuto 77, Yago se jugaba sus últimas bazas: Navas y Jon Rojo sustituían a Luque y Jordan. Víctor Cea contestaba a los movimientos de su colega, poniendo nuevas piezas sobre el verde tablero. Y, en ese tramo final, el Talavera, que llevaba perdiendo tiempo desde que anotó su gol, potenció su teatro. Cada minuto, un jugador manchego se tiraba al suelo, para perder tiempo. Una falta de deportividad absoluta.
El Zamora pudo marcar en un cabezazo de Navas, todo un milagro, pero el meta Sousa realizó una buena intervención. Y poco más. El árbitro decidió prolongar solo cinco minutos el tiempo reglamentario cuando lo justo hubiese sido ocho, como mínimo. Pero el colegiado, un tipo estirado y chulo, mostró su parcialidad en esos instantes definitivos.
Y, cuando todo parecía decidido, a falta de minuto y medio, una galopada por la diestra de Carlos Ramos, potente y espléndido, acabó con un centro venenoso al que Diego puso su rúbrica para empatar el choque.
El Zamora, de nuevo, cambiando el final de la película. Sucedió en Santander, y en el Ruta d ela Plata en dos ocasiones consecutivas. Esto sí que es sufrir. Masoquismo puro. No obstante, la permanencia queda, a 27 de marzo, mucho más lejana, casi una utopía. Lo que pudo ser y no fue. Ucronía en rojiblanco.
El Zamora CF parece un equipo hecho para sufrir y hacer sufrir. Hay cierto masoquismo en este del fútbol. Hoy, los rojiblancos se jugaban, casi de forma definitiva, medio billete para la permanencia, y, cuando más lo necesitaban, ofrecieron uno de los partidos más flojos de la temporada. Solo durante el primer cuarto de hora, los hombres de Yago Iglesias mostraron capacidad y calidad para ganar al Talavera, un equipo fortísimo en el juego aéreo, peligroso en el fútbol estático e inexpugnable por arriba cuando el rival centra y busca el área por la atmósfera.
Los manchegos superaron al Zamora en todos los frentes a partir del minuto 20, desde que lanzaron cuatro saques de esquina consecutivos, metiendo el miedo en el cuerpo a los rojiblancos que se acongojaron, hasta el punto de venirse abajo y ceder el peso del partido a su rival. Solo hubo una oportunidad, en botas de Losada, cuando se plantó solo ante el portero, pero un defensa se la levantó un segundo antes de que el madrileño chutara a puerta.
Cierto que el Talavera dominaba el choque, pero tampoco Pau Torres se vio muy obligado. El Zamora defendía bien, sin grandes problemas, con lo que el partido condujo al tedio. Ambas escuadras se lo jugaban todo, pero no transmitieron nada a las gradas.
Para colmo de males, Herrera, el mejor de los rojiblancos, por su continua pugna con los centrales manchegos, que le superaban en envergadura, se lesionaba, tras caerse al césped, empujado por un rival. Luxación de hombro y a vestuarios para las primeras curas. Al iniciarse la segunda mitad, Diego le sustituiría.
Y como este Zamora pasa del rosa al amarillo en instantes, en el minuto 50, Luque incursiona por la banda izquierda, en la ocasión más clara de los rojiblancos, pero su pase de la muerte se quedó en un centro de futbolista cándido. Pues hete aquí que, tras ese error, el Talavera enhebró un excelente contragolpe que pillo a la defensa rojiblanca fuera de sitio, para marca su tanto, a bocajarro, después de un centro por la izquierda que remató, a puerta vacía, estirándose, Toño Calvo.
El cuadro rojiblanco, tras verse por detrás en el marcador, se desmoronó. El Talavera pudo haber cerrado el partido, pero creyó que valdría con ese tanto para sumar tres puntos esenciales.
A Yago Iglesias no le quedó más remedio que realizar dos cambios más, tras el de Herrera, el minuto 62. Entraron Dani Hernández y Kepa y salieron del campo Balselga y Losada, a los que apenas se les vio. Un minuto después, el técnico manchego realizaba su primer cambio: se iba Pichín y entraba Pablo Monroy.
Los cambios tampoco se notaron mucho, porque las áreas rivales apenas se pisaron con peligro y los porteros tampoco se emplearon con magisterio.
El Zamora seguía demostrando su impotencia para realizar un fútbol que desarbolara al Talavera. Ramos había adelantado más aún su posición, jugando casi como media punta. Kepa entraba por la diestra y Jorge Fernández, por la siniestra. Pero los centros o eran flojos o el potencial aéreo de la zaga visitante los abortaban.
En el minuto 77, Yago se jugaba sus últimas bazas: Navas y Jon Rojo sustituían a Luque y Jordan. Víctor Cea contestaba a los movimientos de su colega, poniendo nuevas piezas sobre el verde tablero. Y, en ese tramo final, el Talavera, que llevaba perdiendo tiempo desde que anotó su gol, potenció su teatro. Cada minuto, un jugador manchego se tiraba al suelo, para perder tiempo. Una falta de deportividad absoluta.
El Zamora pudo marcar en un cabezazo de Navas, todo un milagro, pero el meta Sousa realizó una buena intervención. Y poco más. El árbitro decidió prolongar solo cinco minutos el tiempo reglamentario cuando lo justo hubiese sido ocho, como mínimo. Pero el colegiado, un tipo estirado y chulo, mostró su parcialidad en esos instantes definitivos.
Y, cuando todo parecía decidido, a falta de minuto y medio, una galopada por la diestra de Carlos Ramos, potente y espléndido, acabó con un centro venenoso al que Diego puso su rúbrica para empatar el choque.
El Zamora, de nuevo, cambiando el final de la película. Sucedió en Santander, y en el Ruta d ela Plata en dos ocasiones consecutivas. Esto sí que es sufrir. Masoquismo puro. No obstante, la permanencia queda, a 27 de marzo, mucho más lejana, casi una utopía. Lo que pudo ser y no fue. Ucronía en rojiblanco.















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.35