EL BECARIO TARDIO
Sueños
Esteban Pedrosa
Los sueños vienen porque sí o porque el subconsciente los llama y, una noche, sueñas con escenas o personajes de hace varios años o de esa misma tarde, sin que tú los hayas convocado, al menos sabiéndolo.
Los entendidos dicen que tienen su razón de ser, pero nosotros -los soñadores- los catalogamos entre deseados o no, entre pesadillas que queremos olvidar cuante antes o esos otros que, tras despertarnos, los buscamos al mismo tiempo que intentamos dormir de nuevo para que continúen, convencidos de un final a nuestra medida.
Lo peor es que vamos perdiendo sus detalles, para acabar olvidando su guion y, de ahí, ese halo de misterio que tienen, para acabar tatareando “no hay nada más bello que lo que olvidé”, como le pasó a Serrat con Lucía, pero con algunas palabras cambiadas.
Hace unos días, soñé con el cine Barrueco, del que ya solo queda una fachada difusa y el reclamo, en forma de cartel, de “Lo que el viento se llevó”. Tras despertar y tratar de retenerlo al máximo, recordé que, el día anterior, había muerto Jacques Perrin, uno de los protagonistas de Cinema Paradiso, y la lógica me llevó al hecho palmario de que el cine zamorano fue -entre otros- el Paradiso de una generación, con sus sesiones matinales y continuas.
Ya escribí, no hace tanto, una columna bajo el título “Los cines de mi vida”, que tuve que repartir entre varios capítulos, porque fueron varios, en distintas ciudades y por varios motivos, y veo que, de un sueño, me voy enredando, como si soñara despierto, que es otra forma de soñar, pero no es lo mismo e, incluso, está mal visto.
Ya saben que Calderón resumía la vida en un sueño, pero no se quedaba corto y se refería a toda la vida, no a una noche cualquiera o a una siesta -porque en las siestas también se sueña- y estoy de acuerdo con él en lo de toda una vida soñando, porque hay gente que nunca despierta, ni aunque sueñe despierto.
Los sueños vienen porque sí o porque el subconsciente los llama y, una noche, sueñas con escenas o personajes de hace varios años o de esa misma tarde, sin que tú los hayas convocado, al menos sabiéndolo.
Los entendidos dicen que tienen su razón de ser, pero nosotros -los soñadores- los catalogamos entre deseados o no, entre pesadillas que queremos olvidar cuante antes o esos otros que, tras despertarnos, los buscamos al mismo tiempo que intentamos dormir de nuevo para que continúen, convencidos de un final a nuestra medida.
Lo peor es que vamos perdiendo sus detalles, para acabar olvidando su guion y, de ahí, ese halo de misterio que tienen, para acabar tatareando “no hay nada más bello que lo que olvidé”, como le pasó a Serrat con Lucía, pero con algunas palabras cambiadas.
Hace unos días, soñé con el cine Barrueco, del que ya solo queda una fachada difusa y el reclamo, en forma de cartel, de “Lo que el viento se llevó”. Tras despertar y tratar de retenerlo al máximo, recordé que, el día anterior, había muerto Jacques Perrin, uno de los protagonistas de Cinema Paradiso, y la lógica me llevó al hecho palmario de que el cine zamorano fue -entre otros- el Paradiso de una generación, con sus sesiones matinales y continuas.
Ya escribí, no hace tanto, una columna bajo el título “Los cines de mi vida”, que tuve que repartir entre varios capítulos, porque fueron varios, en distintas ciudades y por varios motivos, y veo que, de un sueño, me voy enredando, como si soñara despierto, que es otra forma de soñar, pero no es lo mismo e, incluso, está mal visto.
Ya saben que Calderón resumía la vida en un sueño, pero no se quedaba corto y se refería a toda la vida, no a una noche cualquiera o a una siesta -porque en las siestas también se sueña- y estoy de acuerdo con él en lo de toda una vida soñando, porque hay gente que nunca despierta, ni aunque sueñe despierto.




















Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.43