ME QUEDA LA PALABRA
El mal derrotó al bien y la mentira a la verdad
La gente del común iba al cine porque los buenos ganaban siempre. Ficción. En la vida real, los malos se imponen. El mal nunca descansa. El mal piensa. El mal se reproduce. El mal es peor que el coronavirus, porque no existe vacuna que consiga la inmunidad. El mal emplea todo su talento para destruir, devaluar, aniquilar al bien, que es cándido, crédulo, pazguato y lila.
El mal es tan listo que convence al vulgo de su bondad. El bien tan inocente que el mal lo engañó, contándole que Dios era el bueno y el demonio, el malo; que morder la manzana conduciría a la ignorancia, jamás a la sapiencia. El mal inventó a Dios, se lo entregó al bien y condujo al hombre a la mentira de la verdad, a la guerra como paz, al odio del amor, a la muerte en vida.
Nos hemos creído que el silencio se pronunciaba, que las palabras acobardaban a los hechos, que el sexo sin seso implicaba amor, que los medios de comunicación de Zamora comunicaban, que escribían y hablaban en libertad; que existían poetas e intelectuales por estos pagos, que la política exigía sacrificios, manifestación sacra del hombre…
Me llegué a creer que dediqué media vida al periodismo, cuando solo he sido un pusilánime, un desertor de la guerra entre la verdad y la mentira, entre el bien y el mal.
Escribir se ha convertido en mi terapia para curarme de las enfermedades de las personas que admiro y quiero, para olvidarme de la deriva de nuestra ciudad y provincia hacia la nada social y económica.
¡Cómo no abordar el misterio del bien y del mal en esta España alocada, de espías que no saben a quién espían, de miembros del Gobierno, los de Podemos, que cargan contra una compañera, la ministra de Defensa, en ese órgano colegiado! ¡Cómo no espiar a golpistas convencidos y a los herederos políticos de la ETA! ¡Quién puede confesar que es espía y te va a espiar! ¡España de badulaques, de política tabernaria, de incompetencia, de amigachos, sin ninguna idea alta, de inepcia y mezquindad!
Perdóname por abusar de tu confianza, de descargar mis cuitas en forma de palabras, mientras el sol se acuesta en su lecho Atlántico. Buenas noches. Sueña bonito. Salud. ¡Ama y haz lo que quieras!
Eugenio-Jesús de Ávila
La gente del común iba al cine porque los buenos ganaban siempre. Ficción. En la vida real, los malos se imponen. El mal nunca descansa. El mal piensa. El mal se reproduce. El mal es peor que el coronavirus, porque no existe vacuna que consiga la inmunidad. El mal emplea todo su talento para destruir, devaluar, aniquilar al bien, que es cándido, crédulo, pazguato y lila.
El mal es tan listo que convence al vulgo de su bondad. El bien tan inocente que el mal lo engañó, contándole que Dios era el bueno y el demonio, el malo; que morder la manzana conduciría a la ignorancia, jamás a la sapiencia. El mal inventó a Dios, se lo entregó al bien y condujo al hombre a la mentira de la verdad, a la guerra como paz, al odio del amor, a la muerte en vida.
Nos hemos creído que el silencio se pronunciaba, que las palabras acobardaban a los hechos, que el sexo sin seso implicaba amor, que los medios de comunicación de Zamora comunicaban, que escribían y hablaban en libertad; que existían poetas e intelectuales por estos pagos, que la política exigía sacrificios, manifestación sacra del hombre…
Me llegué a creer que dediqué media vida al periodismo, cuando solo he sido un pusilánime, un desertor de la guerra entre la verdad y la mentira, entre el bien y el mal.
Escribir se ha convertido en mi terapia para curarme de las enfermedades de las personas que admiro y quiero, para olvidarme de la deriva de nuestra ciudad y provincia hacia la nada social y económica.
¡Cómo no abordar el misterio del bien y del mal en esta España alocada, de espías que no saben a quién espían, de miembros del Gobierno, los de Podemos, que cargan contra una compañera, la ministra de Defensa, en ese órgano colegiado! ¡Cómo no espiar a golpistas convencidos y a los herederos políticos de la ETA! ¡Quién puede confesar que es espía y te va a espiar! ¡España de badulaques, de política tabernaria, de incompetencia, de amigachos, sin ninguna idea alta, de inepcia y mezquindad!
Perdóname por abusar de tu confianza, de descargar mis cuitas en forma de palabras, mientras el sol se acuesta en su lecho Atlántico. Buenas noches. Sueña bonito. Salud. ¡Ama y haz lo que quieras!
Eugenio-Jesús de Ávila























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