Marisol Martín Turiño
Jueves, 12 de Mayo de 2022
ZAMORANA

Sinónimos

[Img #65891]Me gusta jugar con las palabras: deleitarse. agradar, cautivar, atraer, embelesar, encantar, fascinar, seducir, gustar… esos embaucadores sinónimos que ornan las frases como flores en el pelo, y que sirven para expresar un sentimiento, aunque con sensibles matices.

 

No hace mucho leía un artículo sobre la desilusión, lo infeliz y estúpido que uno puede sentirse tras descubrir una traición; el desengaño con el que no se contaba porque en los momentos álgidos no esperamos sino la bonhomía de los hombres; sin embargo, hay quien vive preso de una constante contradicción entre lo que siente y lo que muestra; tal vez por eso, por vivir en una absurda mentira, llega un momento en que explota surgiendo de sus ojos chispas perversas y de su boca palabras dañinas hasta expulsar la bilis contenida a presión y quedarse exhausto.

 

¿Qué puede pensarse de alguien que actúa de ese modo, llevado por impulsos meditados, aparentemente coherentes, pero que se convierten en mentira porque no son auténticos y sí envueltos en una apariencia de realidad?

 

La envidia, el resentimiento, la animosidad, el rencor o la rabia suelen ser los pilares que impulsan actitudes como la referida, y ante esos sentimientos poco cabe hacer; resulta imposible ayudar porque quien está dominado por ellos, está tan resentido y es tan negativo, que no escucha, recela constantemente y vive sumido en una indescriptible negrura.

 

Amo las palabras, me gusta jugar con ellas. Si siembro afabilidad, recojo un ramillete de vocablos semejantes: delicadeza, benevolencia, cordialidad, docilidad, dulzura, generosidad, magnanimidad, sensibilidad, suavidad, ternura, tolerancia, apacibilidad, comprensión, humanidad… ¡qué bellas expresiones para vestir el alma!

 

Lo más importantes es que todos los vocablos tienen su correlato en la existencia de las personas, en su comportamiento, su forma de vida, de sentir, de relacionarse con los demás… y se produce la paradoja de que muchos prefieren vivir de acuerdo a referentes negativos y pasar la vida con un rictus de perenne contrariedad, viendo siempre la parte nociva, la negrura, la tenebrosidad, la murmuración o el desinterés por todo aquello que sea hermoso y descartando de su vocabulario términos como: ilusión, alegría, esperanza, anhelo, gozo, agrado o felicidad.

 

“La gente positiva cambia el mundo, mientras que la negativa lo mantiene como está”, y en este paréntesis que supone la existencia alquilada que nos regalaron un día, si queremos dejar una huella mejor que recuerde nuestro paso por esta tierra, habrá de ser, sin duda, trabajando las emociones positivas para que el resultado sea exitoso, fecundo, eficaz y satisfactorio.

 

Mª Soledad Martín Turiño

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