PASIÓN POR ZAMORA
Nuestra mentalidad, hándicap para el progreso
Zamora quizá, seguro, haya cambiado su fisonomía desde que nos dieron la democracia. Edificios que la afean, que le restaron personalidad; casco viejo, muy mejorable, que necesita una segunda reforma, con la sustitución de los cantos por granito de Sayago, con lo que se contribuiría a potenciar a nuestras empresas privadas y materias primas; restauración de la totalidad de la muralla medieval, reconstrucción de las torres del puente medieval y otros cuantos detalles.
Pero, además de esa transformación que exijo, hay otra Zamora decimonónica, incluso barroca, o, como diría un marxiano, que todavía vive en el Modo de Producción Medieval, que necesita una transformación mental, una forma distinta de pensar, menos pusilánime, por lo tanto, más valiente; menos crédula, donde la razón se imponga a la fe.
Lo que impide cambiar nuestra ciudad y provincia se debe a esa forma de regirse de acuerdo a un conservadurismo antropológico, vinculado a una cobardía endémica y una actitud menesterosa ante el poder.
Eugenio-Jesús de Ávila
Zamora quizá, seguro, haya cambiado su fisonomía desde que nos dieron la democracia. Edificios que la afean, que le restaron personalidad; casco viejo, muy mejorable, que necesita una segunda reforma, con la sustitución de los cantos por granito de Sayago, con lo que se contribuiría a potenciar a nuestras empresas privadas y materias primas; restauración de la totalidad de la muralla medieval, reconstrucción de las torres del puente medieval y otros cuantos detalles.
Pero, además de esa transformación que exijo, hay otra Zamora decimonónica, incluso barroca, o, como diría un marxiano, que todavía vive en el Modo de Producción Medieval, que necesita una transformación mental, una forma distinta de pensar, menos pusilánime, por lo tanto, más valiente; menos crédula, donde la razón se imponga a la fe.
Lo que impide cambiar nuestra ciudad y provincia se debe a esa forma de regirse de acuerdo a un conservadurismo antropológico, vinculado a una cobardía endémica y una actitud menesterosa ante el poder.
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