RELATOS FALSOS
Ruido de fondo
¿Hasta dónde puede llegar un relato falso? Si cualquiera se inventa en nuestros días un disparate o una falacia sobre un personaje de renombre, este disparate tendrá recorrido, obtendrá eco, y lo que es peor captará creyentes.
Cuando alguien salta de la grada de un partido de fútbol, la realización prohíbe que las cámaras emitan las imágenes de ese alguien que ha saltado. Con los medios de comunicación actuales(convertidos casi en una prensa rosa) si un individuo se inventa, y denuncia mañana que David Broncano le ha dado una patada en las pelotas por preguntarle la hora, en vez de investigar primero sobre la realidad de los acontecimientos e informar después, este señor estaría en muchos programas de televisión, se debatiría si es cierta o no su denuncia, y habría mucha gente que lo creería. Pero lo peor de la repercusión de los medios es que cuando se archivase esta denuncia, porque se archivaría, después del ruido, de vilipendiar ciertos sectores a Broncano, cuando se hable de él mucha gente pensará “a sí él que dio una patada a un señor”. Porque el ruido, cuando es muy grande y llega a muchas partes, siempre deja eco, y este eco no todo el mundo sirve para diferenciarlo de la verdad.
Todo esto de las fake news (un tema tan manoseado), tiene una reflexión más profunda de lo que parece a simple vista. No es solo el hecho de si una noticia es falsa o no y como la acepta el público, sino que está ligado con el valor de lo fácil y lo difícil. Es mucho más fácil hacer el mal que hacer el bien, por eso este último tiene un valor mayor, porque hacer el mal equivale a un acto de tirarse cuesta abajo, un acto de inercia, es muchas veces hacer lo que te pide el cuerpo, lo que resulta sencillo. En cambio, hacer el bien es una lucha contra lo probable, una búsqueda de lo oculto. Combatir todo esto exige una enorme fuerza por parte del público, puesto que el orden no se logra de forma sencilla. De manera que en un mundo como el de la información, en que actualmente el mal y la mentira están garantizados, la figura de un lector, radioyente, etc. que sea capaz de investigar y no sea perezoso en esta búsqueda es fundamental.
A algunos les parecerá inaceptable, triste, incluso un insulto que sea labor del público la misión de búsqueda de la información, pero la verdad es muy valiosa no solo porque sea bonita, sino porque es improbable, está escondida y en la gran mayoría de los casos es dura, y, por lo tanto, acumula en su interior un sonido que está oculto por el ruido de fondo.
Lucas Enríquez
¿Hasta dónde puede llegar un relato falso? Si cualquiera se inventa en nuestros días un disparate o una falacia sobre un personaje de renombre, este disparate tendrá recorrido, obtendrá eco, y lo que es peor captará creyentes.
Cuando alguien salta de la grada de un partido de fútbol, la realización prohíbe que las cámaras emitan las imágenes de ese alguien que ha saltado. Con los medios de comunicación actuales(convertidos casi en una prensa rosa) si un individuo se inventa, y denuncia mañana que David Broncano le ha dado una patada en las pelotas por preguntarle la hora, en vez de investigar primero sobre la realidad de los acontecimientos e informar después, este señor estaría en muchos programas de televisión, se debatiría si es cierta o no su denuncia, y habría mucha gente que lo creería. Pero lo peor de la repercusión de los medios es que cuando se archivase esta denuncia, porque se archivaría, después del ruido, de vilipendiar ciertos sectores a Broncano, cuando se hable de él mucha gente pensará “a sí él que dio una patada a un señor”. Porque el ruido, cuando es muy grande y llega a muchas partes, siempre deja eco, y este eco no todo el mundo sirve para diferenciarlo de la verdad.
Todo esto de las fake news (un tema tan manoseado), tiene una reflexión más profunda de lo que parece a simple vista. No es solo el hecho de si una noticia es falsa o no y como la acepta el público, sino que está ligado con el valor de lo fácil y lo difícil. Es mucho más fácil hacer el mal que hacer el bien, por eso este último tiene un valor mayor, porque hacer el mal equivale a un acto de tirarse cuesta abajo, un acto de inercia, es muchas veces hacer lo que te pide el cuerpo, lo que resulta sencillo. En cambio, hacer el bien es una lucha contra lo probable, una búsqueda de lo oculto. Combatir todo esto exige una enorme fuerza por parte del público, puesto que el orden no se logra de forma sencilla. De manera que en un mundo como el de la información, en que actualmente el mal y la mentira están garantizados, la figura de un lector, radioyente, etc. que sea capaz de investigar y no sea perezoso en esta búsqueda es fundamental.
A algunos les parecerá inaceptable, triste, incluso un insulto que sea labor del público la misión de búsqueda de la información, pero la verdad es muy valiosa no solo porque sea bonita, sino porque es improbable, está escondida y en la gran mayoría de los casos es dura, y, por lo tanto, acumula en su interior un sonido que está oculto por el ruido de fondo.
Lucas Enríquez



















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