Eugenio de Ávila
Miércoles, 25 de Mayo de 2022
RES PÚBLICA

Distraer y desinformar desde el poder

Paradoja: vivimos en la sociedad más informada de la Humanidad, pero nunca como ahora la gente del común padeció tanta ignorancia. Quizá al personal le importe mucho más ver en la tele como heteras, rufianes, famosos, jetas ganan dinero pregonando chabacanería y zafiedad. El vulgo se lo sabe todo de la Pantoja y su prole, de la descendencia de la Jurado y sus cuitas o de cualquier personaje que aparezca en Supervivientes o la Isla de las Tentaciones, esos programas tan instructivos y formativos. Pero la ineptitud y el desconocimiento dominan sobre la generalidad del pueblo. Interesa que la gente se distraiga con cosas sin importancia, con el único objetivo de que no se interese por la realidad, que no se pregunté por qué se ha disparado la inflación, por qué España registra el mayor desempleo de Europa, por qué los jóvenes no trabajan, por qué se piensa tan poco y reina la apatía antropológica sobre una gran mayoría, por qué los enemigos de la democracia española putean a un presidente que, con tal de seguir durmiendo en La Moncloa, concede lo que le pidan, aunque sea lo imposible.

 

Los medios de comunicación forman parte del sistema. La prensa, principalmente la televisión, que no cuesta nada verla, ni comprenderla, se ha convertido en el cómplice necesario para que el poder, que se halla por encima de políticos tan mediocres como Sánchez, pastoree a millones de personas que no se enteran de nada de lo que sucede en su país.

Los políticos, capataces del poder, despistan con sus broncas a los paganos, unos que van de izquierdas, y otros que no saben ni lo que son. Porque hay personas que votan a partidos de izquierda y ultra izquierda más por odio al vecino que por fe en la transformación de una sociedad como la nuestra en otra más justa, con una democracia de calidad, no tan pobre como la actual.

Controlados los medios de comunicación, solo resta educar a los niños desde la más tierna edad. Se trataría no de enseñar, sino de hacer proselitismo de una filosofía de la vida, dividir la sociedad entre el bien y el mal, para, si es posible, purgar a los que el poder considera malos de nacencia.

 

No tardarán los parlamentos en legislar para que se castigue a los españoles que conjuguen el verbo pensar, como delito de lesa patria. Y en Cataluña, a no tardar, los catalanes que empleen el castellano como primera lengua, llevarán bordaba una E amarilla en sus indumentarias.  

 

Nuestra nación se encamina hacia el abismo social y económico. País en el que se persigue a personas, niños, por hablar la lengua española. Estado inexistente en regiones como Cataluña, País Vasco, Valencia y Baleares. Quiebra moral, que precede a la económica.

 

 Como afirmó Salvador de Madariaga “la escuela instruye, la familia educa”.  Nada más que añadir.

Eugenio-Jesús de Ávila

 

 

 

 

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