Mª Soledad Martín Turiño
Lunes, 30 de Mayo de 2022
EMPRESA ZAMORANA

Ambiente de Primera Comunión

[Img #66469]En esta primavera de Zamora, cambiante y voluble, en la que unos días luce un sol espléndido para contrastar con otros en el que el aire no permite disfrutar de una terraza sin que vuelen servilletas o manteles; este mayo caprichoso es, sin embargo, propicio para celebrar comuniones y bodas.

 

El otro día amaneció una jornada perfecta, cálida sin ser sofocante, brillante y luminosa, que llamaba a salir a la calle y disfrutar del día. Caminaba despacio por Santa Clara deleitándome con cada paso, gozando de los edificios singulares que jalonan esta rúa, observando a la gente con la que me cruzaba y creyendo distinguir en sus facciones a personas que pudiera conocer, sin éxito. Así, degustando la mañana, me perdí por distintos caminos deteniéndome cerca de un parque donde una niña vestida de Primera Comunión posaba ante la cámara para dejar constancia de fecha tan señalada.

 

Era su madre quien daba las oportunas instrucciones: “colócate cerca del árbol”, “a la derecha, que se vea la torre”, “ponte de perfil”, “abre los brazos”, “sonríe”, “ahuécate el vestido”…. La niña acataba las recomendaciones con docilidad porque se sentía radiante con su traje blanco, la melena al viento y un velo de tul que la hacía parecer una novia. Cuando empezó a dar señales de cansancio, la madre le dijo en tono autoritario:

 

“Aguanta un poco y ahora vamos al castillo para hacer las últimas fotos sentada en el césped”.

 

No sé cuál fue el motivo que me impulsó a adelantarme hasta la fortaleza para seguir observando aquella escena. Me situé en un lugar privilegiado para comprobar como llegaba la niña y el pequeño séquito que formaba su familia, encabezado por su madre dando órdenes:

 

“Siéntate y te coloco el vestido”.

 

La niña obedeció y la madre disparó con agrado varias instantáneas en la que la pequeña era en centro de un vestido que la rodeaba formando un círculo blanco de donde solo sobresalía de cintura para arriba, unas veces jugando con el misal, con un ramo de flores, o con el velo para que las fotografías adquirieran diferentes posiciones. Después, la comitiva se fue dejándome el recuerdo de aquella lejana primera comunión, en un día también brillante y soleado, pero tan diferente a éste, en el que muchas de las personas más importantes de mi vida, ya no están sino en el recuerdo.

 

Como mi sentimiento transitó con rapidez de la curiosidad a la melancolía, me levanté para continuar mi paseo matutino y evitar los fantasmas que ya se colaban en mi mente.

María Soledad Martín Turiño

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