Eugenio de Ávila
Lunes, 30 de Mayo de 2022
RES PÚBLICA

España, en almoneda

[Img #66480]El PSOE de Felipe González fue un partido de Estado. Con Zapatero, dejo casi de serlo; cuando Sánchez salga del Gobierno, vía urnas, el partido que fundó Pablo de Iglesias ya no será tal. El sanchismo está devorando a un partido fundado en el siglo XIX. Su última e intolerable cesión al chantaje secesionista se produjo la semana anterior, en el parlamento catalán, cuando Illa, ex ministro de Sanidad, y su PSC, pactaron con los separatistas una proposición de ley para boicotear el fallo del 25% del español en las aulas.

 

Lea bien: hablamos de menos de un cuarto de las clases en un idioma en el que se entienden casi 600 millones de seres humanos. Se considera al español en Cataluña como al inglés o francés. Aquella región del noreste no fue nación jamás, ni tan si quiera en la puta memoria, lo fue. La secesionistas se consideran, por supuesto, superiores, a los españoles que emigraron a aquellas tierras, a los que explotan económicamente y ahora los persiguen por hablar en el idioma común.

 

¡Cómo se puede tolerar que se persiga así a los niños y jóvenes que tienen por lengua materna el castellano, el idioma de sus abuelos y padres! Queda muy poco para que el nacional socialismo catalán coloque un distintivo amarillo en aquellas personas que sean hispano hablantes. Quizá una E mayúscula. Los españoles que se sienten como tales en Cataluña, en breve, serán perseguidos como los judíos en la Alemania, que dirigía Hitler y su partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes.

 

Mientras Pedro Sánchez siga “tragándose” todas las hostias en forma de privilegios que le exige el partido fascista ERC, como tal racista, tanto como el de Puigdemont, hijo putativo de Pujol, el mayor ladrón político de Europa, más incluso que el PSOE en Andalucía, que ya es decir, España se irá degradando, el PSOE suicidándose y los españoles, que no somos catalanes, ni vascos ni navarros, que todavía manejan regalías medievales, nos sentiremos extranjeros en nuestra patria, ciudadanos de tercera categoría, sin derechos, machacados a impuestos, olvidados y humillados.

 

Esto es el sanchismo, un régimen narcisista, dispuesto a cargarse el Estado para lucirse en Europa; adoctrinar, a través de las televisiones y emisoras del régimen y de su grupo periodístico, en manos de las grandes multinacionales españolas de la banca y las tecnológicas, a un pueblo estabulado.

 

Una España preñada de funcionarios, cada vez más, 50.000 plazas más, cuando sobran. Da igual, paga el autónomo, el pequeño empresario. Más impuestos, más liberados sindicales, más automóviles para el disfrute de los políticos, 17 autonomías gastando como si el dinero público fuera maná de Yahvé. Vuelva usted mañana. ¡Ay, Mariano José de Larra, qué escribirías de haber vivido en esta España, en almoneda, quebrada política, moral y económicamente!

Eugenio-Jesús de Ávila

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