Eugenio de Ávila
Martes, 28 de Junio de 2022
NOCTURNOS

Pase por su vida: ni se dio cuenta

[Img #67517]

No le interesé ni cuando lucia de morena con cabello rizado, ni arreglado a la francesa, preciosa. Siempre fui para ella un hombre sin atributos. Ni antes ni ahora le causó admiración mi pretendido talento, mi cierta cultura, mi físico en decadencia, ni esa elegancia de la que se me tilda, como si fuera un Petronio zamorano.

 

Le debí resulta un tipo vulgar, uno entre tantos otros a los que enamoró. Me comporté como un caballero, le di incluso lo que no me pidió, atendí su soledad, acompañándola como ese amigo que solo está para los malos momentos, para cuando la soledad te atrapa y no te deja escapar apenas de la depresión.

 

Y yo, enamorado de su físico desde illo témpore, aprendí a quererla de tanto hacer de su sombra. La dejé hablar. Todo un detalle en mí, hombre que habla todo lo que piensa y, a veces, no reflexiona sobre lo que diserta. Me encantaba observarla: cómo movía sus ojos, como me miraba sin amor y un cierto desdén; intenté contarle sus pestañas, medir sus labios, adivinar sus senos y admirar la perfección de sus piernas. Así se pasé por su vida: admirándola y enamorándome.

 

Quise hacer de ella el amor final -quizá el único- de mi vida, para que me acompañase hasta la muerte. Derrotado, me alejo del campo de batalla. Regresé, con el peto de mi alma y el espaldar de mi inteligencia, quebrados, y con la promesa de no volver a cometer el error de enamorarme de aquella mujer que me considera un hombre más, vulgar, mediocre, pijo, rijoso y olvidable. 

 

He amado a una mujer que me califica, sin circunloquios, con verbos de fuego, como mala persona, mentiroso, huérfano de empatía, incapacitado para amar. Y todavía la amo. ¿Por qué? ¿He perdido la cordura? ¿Cómo puedo morirme a una dama que me levanta la piel del alma y arroja sal sobre mi carne viva?  ¿Cómo ha pasado por mi mente escribir el último capítulo de mi vida con la tinta de mi sangre?

 

Se habría sentido muy amada por este seductor decrépito, desfasado, trozo de carne cincelado por la gubia de Cronos, pero qué le importaba la música de mis sonetos barrocos a sus tímpanos de hielo

 

Pasé por su vida. Ni se dio cuenta.

Eugenio-Jesús de Ávila

Comentarios Comentar esta noticia
Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.217.70

Todavía no hay comentarios

Quizás también te interese...

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.