Eugenio de Ávila
Domingo, 03 de Julio de 2022
RES PÚBLICA

Para que triunfe el mal…

[Img #67630]Quizá usted lo ignore, porque los medios de comunicación, casi todos manipulados por este Gobierno, no se lo cuentan en sus telediarios, emisoras y periódico, pero más de la mitad del precio del litro de gasolina se lo queda Sánchez y sus cuates, sus 22 ministros, ministras y ministres. Traduzco: cuanto más suban los carburantes, más recaudará el Estado, muy necesitado de seguir practicando la caridad pública. Sucede con toda la energía.

 

Pudiera ser que tampoco sepa que España lidera, duplicando, el paro en Europa y, por supuesto, también la inflación, una manera de empobrecer más y más al pueblo. Pero las revoluciones necesitan malestar social, pobreza, carencias, problemas cotidianos para llegar a fin de mes. Ideal para asaltar los cielos. Todo se está preparando cuando las fuerzas secesionistas, comunistas y asesinos etarras, golpistas y racistas catalanes y vascos deciden qué hacer con lo que queda de España. El presidente del Gobierno es un bello títere de los que odian nuestra democracia.

 

Se escribe por ahí que Pedro Sánchez es hombre admirado en Europa y USA. Perfecto. Desconocen cómo gobierna su nación. Fuera de casa, todos somos maravillosos, perfectos, buena gente. Aquí su Gobierno se acerca a la esquizofrenia política. Mientras la rama sanchista se desvive con los miembros y líderes del mundo occidental, de la OTAN, la rama neocomunista se manifiesta contra la NATO, protestas y echan pestes de la Alianza Atlántica. Esta buena gente, personas iluminadas, prefería el Pacto de Varsovia y que Rusia, como ha hecho con Ucrania en 2022, invadiese Hungría (1956) y Checoslovaquia (1968). La libertad no existe. ¿Para qué? Como respondió Lenin a Fernando de los Ríos, cuando el socialista fue a ver al dictador soviético a Moscú.

 

Las dictaduras comunistas son como las colmenas y los hormigueros. Las masas son iguales. Pero hay una casta dirigente, casi siempre de burguesía desclasada, que juega con el pueblo como los niños con la plastilina. Los privilegios los disfruta la nomenklatura. Ni un obrero en el Congreso de los Diputados y Senado entre los partidos que dicen representar a los trabajadores. Paradoja.

 

Guerra, un socialista decente, afirmó que a España no la iba a conocer ni la madre que la parió tras administrarla el PSOE. No cambiaron tanto las cosas, porque aquellos socialistas tenían el poder y supieron, con todas las corrupciones habidas y por haber, manejar la democracia. Ahora, en efecto, casi cuatro décadas después, a la nación más antigua de Europa no la conoce ni el propio político andaluz. El sanchismo prefiere a Bildu, partido que representa a ETA, que a Ortega Lara, al que los monstruos asesinos marxistas-estalinistas le robaron más de 500 días de vida; elige la sociedad con Otegui, condenado por terrorista, y se olvida de Miguel Ángel Blanco, asesinado con un disparo en la cabeza, cuando apenas era un niño. ¡Qué valientes los gudaris vascos! El Gobierno se mantiene en La Moncloa merced a los partidos golpistas catalanes, a cuyos dirigentes indultó. No recuerdo que Suárez, ni Calvo Sotelo sacasen de prisión ni a Milans del Boch, ni a Armada Comyn, ni a Tejero, el tonto de la fiesta que organizó Juan Carlos I.

 

Esto ya no es España, porque no existe el Estado ni en Cataluña ni el País Vasco, donde los símbolos de la nación y las personas que emplean el idioma común son quemados y perseguidas. Queda muy poco para que los enemigos de la democracia den el golpe definitivo. Lo escribió Burke en el siglo XVIII: “Para que triunfe el mal, solo es necesario que los buenos no hagan nada”.  Hay un límite en que la tolerancia deja de ser virtud. Perfecto.

Eugenio-Jesús de Ávila

 

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