CON LOS CINCO SENTIDOS
¿Y si cambia el rumbo?
Nos dan más miedo los cambios que un “nublao” que decía mi abuela. Los cambios asustan por una razón sencilla y entendible por el común de los mortales, los cambios te sacan de tu zona de confort y consiguen que sientas un nerviosismo y un miedo interiores que te anulan los sentidos. Pero hay veces en las que el cambio de tercio, a lo torero, es la única solución posible a tu incertidumbre, a ese estoy, pero no acabo de ser yo del todo, casi ni a medias. A tu incredulidad ante el mundo absurdo que te rodea, ante personas que querrías perder de vista, o incluso olvidar para siempre.
El cambio puede protegerte de todo eso de lo que huyes de manera inconsciente cada día en tus pensamientos, a solas, con la cabeza entre las manos como si tuvieras que sujetar el mundo, como hacía Atlas. Tu cabeza pesa demasiado cuando no eres feliz, duele demasiado, la jaqueca es absolutamente subyugante ante la infelicidad de tu normalidad indiferente e insulsa. Sólo te permites caprichos y salidas de tono en tus sueños, cuando tu cama es el refugio para desbaratar tus miedos y ponerlos contra la pared, asustarlos y que su sombra conformista y cobarde se pierda entre la bruma y la niebla de la noche.
En tus sueños eres lo que quieres ser, haces lo que quieres hacer y nadie te puede parar para decirte al oído que lo que vives es imaginario y no te conviene en la vida real. No hay nadie en tus sueños que te diga que tomas las decisiones equivocadas o que tus ideas nunca tendrán un prometedor futuro. En tus sueños, tus ideas son la hostia bendita y quien te diga lo contrario que espere a que despiertes, que no se meta en tu cabeza durante la ensoñación. Debería de ser pecado entrar sin permiso en los sueños de los otros para desajustar su mente, su manera de ver y querer el mundo. Debería ser delictivo. Pero no hay una policía de los intrusos de medianoche.
Si deseas un cambio en tu vida, si lo necesitas más que el respirar porque te ahoga el aquí y el ahora, hazlo, cambia. Manda todo al carajo y vive. Intenta que lo que buscas se ajuste a tu manera de entender la felicidad, aunque la felicidad es tan subjetiva como la belleza. Sé bella, sé feliz, sé lo que quieras ser, que nadie te lo impida, ni en tus sueños ni en la vida real y cotidiana con la que tienes que lidiar. Sé tú, más que nunca, ahora, sé tú. Ama, vive, quítate demonios de encima que sólo son piedras en la mochila que has llevado durante demasiado tiempo y ya pesan lo suyo. Tira esas piedras, ¡qué coño! Tira directamente la mochila. Ve desnuda ante lo nuevo, para empezar a vestirte desde el principio con ropajes nuevos, a estreno, con amores nuevos, con vías y caminos nuevos, con corazón nuevo.
Arriésgate. Esta vida es tan corta y fútil que desperdiciarla debería ser considerado como pecado mortal. Luego no hay nada, nada. No te asustes, cambia y no tardes, no sea que te pille el lobo de la conformidad y te haga una jaula para siempre jamás.
Nélida L. del Estal Sastre
Nos dan más miedo los cambios que un “nublao” que decía mi abuela. Los cambios asustan por una razón sencilla y entendible por el común de los mortales, los cambios te sacan de tu zona de confort y consiguen que sientas un nerviosismo y un miedo interiores que te anulan los sentidos. Pero hay veces en las que el cambio de tercio, a lo torero, es la única solución posible a tu incertidumbre, a ese estoy, pero no acabo de ser yo del todo, casi ni a medias. A tu incredulidad ante el mundo absurdo que te rodea, ante personas que querrías perder de vista, o incluso olvidar para siempre.
El cambio puede protegerte de todo eso de lo que huyes de manera inconsciente cada día en tus pensamientos, a solas, con la cabeza entre las manos como si tuvieras que sujetar el mundo, como hacía Atlas. Tu cabeza pesa demasiado cuando no eres feliz, duele demasiado, la jaqueca es absolutamente subyugante ante la infelicidad de tu normalidad indiferente e insulsa. Sólo te permites caprichos y salidas de tono en tus sueños, cuando tu cama es el refugio para desbaratar tus miedos y ponerlos contra la pared, asustarlos y que su sombra conformista y cobarde se pierda entre la bruma y la niebla de la noche.
En tus sueños eres lo que quieres ser, haces lo que quieres hacer y nadie te puede parar para decirte al oído que lo que vives es imaginario y no te conviene en la vida real. No hay nadie en tus sueños que te diga que tomas las decisiones equivocadas o que tus ideas nunca tendrán un prometedor futuro. En tus sueños, tus ideas son la hostia bendita y quien te diga lo contrario que espere a que despiertes, que no se meta en tu cabeza durante la ensoñación. Debería de ser pecado entrar sin permiso en los sueños de los otros para desajustar su mente, su manera de ver y querer el mundo. Debería ser delictivo. Pero no hay una policía de los intrusos de medianoche.
Si deseas un cambio en tu vida, si lo necesitas más que el respirar porque te ahoga el aquí y el ahora, hazlo, cambia. Manda todo al carajo y vive. Intenta que lo que buscas se ajuste a tu manera de entender la felicidad, aunque la felicidad es tan subjetiva como la belleza. Sé bella, sé feliz, sé lo que quieras ser, que nadie te lo impida, ni en tus sueños ni en la vida real y cotidiana con la que tienes que lidiar. Sé tú, más que nunca, ahora, sé tú. Ama, vive, quítate demonios de encima que sólo son piedras en la mochila que has llevado durante demasiado tiempo y ya pesan lo suyo. Tira esas piedras, ¡qué coño! Tira directamente la mochila. Ve desnuda ante lo nuevo, para empezar a vestirte desde el principio con ropajes nuevos, a estreno, con amores nuevos, con vías y caminos nuevos, con corazón nuevo.
Arriésgate. Esta vida es tan corta y fútil que desperdiciarla debería ser considerado como pecado mortal. Luego no hay nada, nada. No te asustes, cambia y no tardes, no sea que te pille el lobo de la conformidad y te haga una jaula para siempre jamás.
Nélida L. del Estal Sastre





















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