RES PÚBLICA
"En los partidos solo creen los aprovechados y los tontos"
La democracia española posee tan baja calidad por cuestiones tan esenciales como la falta de división de los tres poderes, porque el ejecutivo, como evidencia Pedro Sánchez, y en su día Felipe González, en el año 1985, interviene en el judicial, mientras el legislativo, porque la mayoría de Congreso y Senado corresponde al ejecutivo, y, además una Ley Electoral simplemente injusta, que favorece, ante todo, a los partidos nacionalistas-secesionistas. Y una tercera y fundamental carencia: los jerarcas de los partidos priman a aquellos políticos que obedecen ciegamente, prietas las filas, las órdenes que emanan de ese poder. Recuerdo aquel célebre aserto de Alfonso Guerra: “El que se mueve no sale en la fotografía”. Y dejo aquello de la democracia interna de los partidos para otro artículo.
Con la exposición de esos tres datos, afirmo que el régimen de 1978 se parece a una democracia solo en su aspecto formal. Comparemos nuestro sistema, verbigracia, con lo sucedido en Inglaterra desde hace unos días y que concluyó hoy mismo con la dimisión del primer ministro Boris Johnson, al que no ha echado la oposición laborista, sino su propio partido, los diputados torys, la formación conservadora.
Esta acción política, democracia pura, aquí resultaría impensable. ¿Por qué? Sencillo. Pregunta: ¿Quién hace las listas de los distintos partidos en España? Respuesta diáfana: una casta que lidera el secretario general o presidente del partido correspondiente. Además, sin esconderse, de manera descarada, a dedo, a colocar al más pelota.
Se colige, por lo tanto, que aquel político que quiere mantener su puesto en ambas cámaras legislativas debe ser persona obediente, dócil y sumiso. Si posee personalidad, si piensa en su provincia, en su nación, y considera que el presidente del partido, del gobierno o de la comunidad traiciona los principios, los valores, la historia, votaría en contra de las decisiones de su formación en aquella cámara o institución en la que representase al pueblo.
No se necesita un memorión para recordar que a dos diputados de la UPN, el partido navarro, los echaron por romper la disciplina de su formación. Y acabo de escribir la palabra disciplina. Y resulta paradójico que en una democracia exista ese término, como si se tratase de una dictadura, del Ejército o de la Iglesia. Un partido, cualquiera, te despersonaliza, te compra, te convierte en una marioneta, un títere.
Y, también resulta curioso, si un político descubre corrupción en su partido, probándola, no se le aplaude, ni alaba, sino que se le persigue, se le intenta silenciar, comprar. Aconteció aquí, en Zamora, en la Diputación, cuando a J. Antolín Martín se le echó de la Presidencia de la institución por denuncia “trasiego” de maletines en anteriores mandatos y que, durante su gobernanza, se intentó prolongar en el tiempo. El PP intentó parar el golpe. Antolín no tenía precio, solo valor. Lo largaron y se quedaron los que tuvieron algo que esconder.
“En los partidos solo creen los aprovechados y los tontos". Aserto del maestro Antonio García-Trevijano. Un servidor ni es aprovechado ni tonto. Por lo tanto, no creo en partido alguno, ni en los políticos, verdaderos enemigos de la verdad y del pueblo.
Eugenio-Jesús de Ávila
La democracia española posee tan baja calidad por cuestiones tan esenciales como la falta de división de los tres poderes, porque el ejecutivo, como evidencia Pedro Sánchez, y en su día Felipe González, en el año 1985, interviene en el judicial, mientras el legislativo, porque la mayoría de Congreso y Senado corresponde al ejecutivo, y, además una Ley Electoral simplemente injusta, que favorece, ante todo, a los partidos nacionalistas-secesionistas. Y una tercera y fundamental carencia: los jerarcas de los partidos priman a aquellos políticos que obedecen ciegamente, prietas las filas, las órdenes que emanan de ese poder. Recuerdo aquel célebre aserto de Alfonso Guerra: “El que se mueve no sale en la fotografía”. Y dejo aquello de la democracia interna de los partidos para otro artículo.
Con la exposición de esos tres datos, afirmo que el régimen de 1978 se parece a una democracia solo en su aspecto formal. Comparemos nuestro sistema, verbigracia, con lo sucedido en Inglaterra desde hace unos días y que concluyó hoy mismo con la dimisión del primer ministro Boris Johnson, al que no ha echado la oposición laborista, sino su propio partido, los diputados torys, la formación conservadora.
Esta acción política, democracia pura, aquí resultaría impensable. ¿Por qué? Sencillo. Pregunta: ¿Quién hace las listas de los distintos partidos en España? Respuesta diáfana: una casta que lidera el secretario general o presidente del partido correspondiente. Además, sin esconderse, de manera descarada, a dedo, a colocar al más pelota.
Se colige, por lo tanto, que aquel político que quiere mantener su puesto en ambas cámaras legislativas debe ser persona obediente, dócil y sumiso. Si posee personalidad, si piensa en su provincia, en su nación, y considera que el presidente del partido, del gobierno o de la comunidad traiciona los principios, los valores, la historia, votaría en contra de las decisiones de su formación en aquella cámara o institución en la que representase al pueblo.
No se necesita un memorión para recordar que a dos diputados de la UPN, el partido navarro, los echaron por romper la disciplina de su formación. Y acabo de escribir la palabra disciplina. Y resulta paradójico que en una democracia exista ese término, como si se tratase de una dictadura, del Ejército o de la Iglesia. Un partido, cualquiera, te despersonaliza, te compra, te convierte en una marioneta, un títere.
Y, también resulta curioso, si un político descubre corrupción en su partido, probándola, no se le aplaude, ni alaba, sino que se le persigue, se le intenta silenciar, comprar. Aconteció aquí, en Zamora, en la Diputación, cuando a J. Antolín Martín se le echó de la Presidencia de la institución por denuncia “trasiego” de maletines en anteriores mandatos y que, durante su gobernanza, se intentó prolongar en el tiempo. El PP intentó parar el golpe. Antolín no tenía precio, solo valor. Lo largaron y se quedaron los que tuvieron algo que esconder.
“En los partidos solo creen los aprovechados y los tontos". Aserto del maestro Antonio García-Trevijano. Un servidor ni es aprovechado ni tonto. Por lo tanto, no creo en partido alguno, ni en los políticos, verdaderos enemigos de la verdad y del pueblo.
Eugenio-Jesús de Ávila





















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