RES PÚBLICA
El cambio climático y el cambio político
En verano, julio y agosto, y también en septiembre, que ya es estío, hace mucho calor. De vez en cuando, se alcanzan los 40º C. En diciembre, enero y febrero, y, a veces, también en marzo y abril, llueve, hiela, nieva poco, quizá más en mi juventud, y las nieblas cubren la belleza de Zamora.
Lo extraño sería que en julio nevara y por las noches las temperaturas bajasen de 0ºC. Y raro, raro, raro que en enero, por Reyes y alrededores, salgamos a dar un paseo en manga corta, ni tan si quiera en americana. El personal anda convencido que esto del calor sahariano en junio y julio es cosa del cambio climático.Pero yo no soy nadie para negarlo. Un escéptico, un Pirrón de Elis del siglo XXI.
Y ya que introduje lo del cambio, pues creo que también hubo un cambio político en el PSOE. Verbigracia: si el Partido Socialista de Largo Caballero fue golpista y revolucionario, el de Felipe, todo lo contrario. Realizó los cambios estructurales que le exigió el gran capital, el norteamericano y europeo y, por ende el español, vendió la agricultura y ganadería española, desmanteló la gran industria para entrar en Europa. Pero jamás buscó confirmarse con líder socialista recordando al PSOE de la República.
Y sigo con transformaciones: el de Felipe, que era un partido español, tampoco es el de Zapatero, génesis del sanchismo, un PSOE más cercano al de Largo, pero más corto de cabeza, con corbata y sin callo, gente con carreras. El PSOE revolucionario era un partido de obreros, que aspiraba a establecer la dictadura del proletariado después de la revolución. La República solo la contemplaba como régimen necesario para su revolución. El de ahora es de señoritos, pero aspiran a lo mismo: hacer de España una República Socialista. Lo están consiguiendo poco a poco, sin que el pueblo, estabulado, lo perciba, porque le preocupa más la vida de la Pantoja, la de la Rocío Carrasco y esos famosos de la jeta y el polvo, los títulos del Madrid y los fichajes del Barcelona, un club en quiebra económica, pero que se gasta lo que no tiene, como Pedro Sánchez y su gobierno con una España en la ruina..
Regreso a lo del clima. Cuando estudié Geografía, el profesor nos enseñó a todos los alumnos que las variaciones climáticas se estudiaban haciendo cómputo de los últimos 50 años. Pero ahora, como todo va muy deprisa, desde el amor a la política, una enorme nevada, como la acontecida en la capital de España el año pasado, ya es motivo para que la masa piense que los cuatro jinetes del apocalipsis cabalgan para mostrarnos el fin del mundo. Se trata, siempre, de meter miedo, sentimiento que condiciona a los humanos. Y cuando un hombre y una mujer lo padecen, ya no piensan y se comportan como gente gregaria, a la que se pastorea desde el abrevadero al redil sin apenas problemas. Y si alguna se distrae, para eso están los perros pastores, la prensa cercana al poder, para reconducirla a la majada.
Y más cambios políticos. El PCE, que fue un partido serio, de gente caracterizada por su austeridad, desde Dolores Ibarruri, pasando por Santiago Carrillo, a Sánchez Montero. Uno podrá estar en profundo desacuerdo ideológico y olvidarse de las amenazas a Calvo Sotelo, o de la mayor matanza colectiva de la Guerra Civil, Paracuellos, después imitada en Katyn por el Ejército Rojo, pero vivieron como pensaron. Pues también el cambio climático llegó a Podemos, gente burguesita, muchos universitarios, nostálgica del Manifiesto Comunista de 1848, del golpe de Estado bolchevique contra la incipiente democracia rusa, admiradores de Lenin y Stalin, pero con ambiciones propias de ricos. Las revoluciones siempre las ejecutaron burgueses desclasados, intelectutales. El obrero siempre fue la excusa.
En fin, creo más en el cambio político de las izquierdas españolas que en el cambio climático, porque sigue haciendo calor en verano, un poquito más este año, y frío en invierno. No obstante, las siniestras de ahora, de 2022, también han realizado otro cambio: se quieren parecer a los revolucionarios del siglo XIX y XX, en teoría, y aspiran a repetir sus hazañas revolucionarias, en la práctica. Sucede que no hay un Marx en la izquierda, ni tampoco un Lenin, y mucho menos un Trotsky. Bolcheviques de bolsillo, de todo a cien. ¡Qué pena!
Y mientras, el PP de Feijóo, un tipo a lo Rajoy, pero laborioso, a la espera que Pedro Sánchez avance en su sutil proceso revolucionario. Le queda un año y medio al bello líder del PSOE. Este tiempo, en política, es un siglo. La vida es eterna en cinco minutos. Me temo que a España, para entonces, no la conocerá ni la madre que la parió. Ni Alfonso Guerra, por cierto.
Eugenio-Jesús de Ávila
En verano, julio y agosto, y también en septiembre, que ya es estío, hace mucho calor. De vez en cuando, se alcanzan los 40º C. En diciembre, enero y febrero, y, a veces, también en marzo y abril, llueve, hiela, nieva poco, quizá más en mi juventud, y las nieblas cubren la belleza de Zamora.
Lo extraño sería que en julio nevara y por las noches las temperaturas bajasen de 0ºC. Y raro, raro, raro que en enero, por Reyes y alrededores, salgamos a dar un paseo en manga corta, ni tan si quiera en americana. El personal anda convencido que esto del calor sahariano en junio y julio es cosa del cambio climático.Pero yo no soy nadie para negarlo. Un escéptico, un Pirrón de Elis del siglo XXI.
Y ya que introduje lo del cambio, pues creo que también hubo un cambio político en el PSOE. Verbigracia: si el Partido Socialista de Largo Caballero fue golpista y revolucionario, el de Felipe, todo lo contrario. Realizó los cambios estructurales que le exigió el gran capital, el norteamericano y europeo y, por ende el español, vendió la agricultura y ganadería española, desmanteló la gran industria para entrar en Europa. Pero jamás buscó confirmarse con líder socialista recordando al PSOE de la República.
Y sigo con transformaciones: el de Felipe, que era un partido español, tampoco es el de Zapatero, génesis del sanchismo, un PSOE más cercano al de Largo, pero más corto de cabeza, con corbata y sin callo, gente con carreras. El PSOE revolucionario era un partido de obreros, que aspiraba a establecer la dictadura del proletariado después de la revolución. La República solo la contemplaba como régimen necesario para su revolución. El de ahora es de señoritos, pero aspiran a lo mismo: hacer de España una República Socialista. Lo están consiguiendo poco a poco, sin que el pueblo, estabulado, lo perciba, porque le preocupa más la vida de la Pantoja, la de la Rocío Carrasco y esos famosos de la jeta y el polvo, los títulos del Madrid y los fichajes del Barcelona, un club en quiebra económica, pero que se gasta lo que no tiene, como Pedro Sánchez y su gobierno con una España en la ruina..
Regreso a lo del clima. Cuando estudié Geografía, el profesor nos enseñó a todos los alumnos que las variaciones climáticas se estudiaban haciendo cómputo de los últimos 50 años. Pero ahora, como todo va muy deprisa, desde el amor a la política, una enorme nevada, como la acontecida en la capital de España el año pasado, ya es motivo para que la masa piense que los cuatro jinetes del apocalipsis cabalgan para mostrarnos el fin del mundo. Se trata, siempre, de meter miedo, sentimiento que condiciona a los humanos. Y cuando un hombre y una mujer lo padecen, ya no piensan y se comportan como gente gregaria, a la que se pastorea desde el abrevadero al redil sin apenas problemas. Y si alguna se distrae, para eso están los perros pastores, la prensa cercana al poder, para reconducirla a la majada.
Y más cambios políticos. El PCE, que fue un partido serio, de gente caracterizada por su austeridad, desde Dolores Ibarruri, pasando por Santiago Carrillo, a Sánchez Montero. Uno podrá estar en profundo desacuerdo ideológico y olvidarse de las amenazas a Calvo Sotelo, o de la mayor matanza colectiva de la Guerra Civil, Paracuellos, después imitada en Katyn por el Ejército Rojo, pero vivieron como pensaron. Pues también el cambio climático llegó a Podemos, gente burguesita, muchos universitarios, nostálgica del Manifiesto Comunista de 1848, del golpe de Estado bolchevique contra la incipiente democracia rusa, admiradores de Lenin y Stalin, pero con ambiciones propias de ricos. Las revoluciones siempre las ejecutaron burgueses desclasados, intelectutales. El obrero siempre fue la excusa.
En fin, creo más en el cambio político de las izquierdas españolas que en el cambio climático, porque sigue haciendo calor en verano, un poquito más este año, y frío en invierno. No obstante, las siniestras de ahora, de 2022, también han realizado otro cambio: se quieren parecer a los revolucionarios del siglo XIX y XX, en teoría, y aspiran a repetir sus hazañas revolucionarias, en la práctica. Sucede que no hay un Marx en la izquierda, ni tampoco un Lenin, y mucho menos un Trotsky. Bolcheviques de bolsillo, de todo a cien. ¡Qué pena!
Y mientras, el PP de Feijóo, un tipo a lo Rajoy, pero laborioso, a la espera que Pedro Sánchez avance en su sutil proceso revolucionario. Le queda un año y medio al bello líder del PSOE. Este tiempo, en política, es un siglo. La vida es eterna en cinco minutos. Me temo que a España, para entonces, no la conocerá ni la madre que la parió. Ni Alfonso Guerra, por cierto.
Eugenio-Jesús de Ávila





















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